La hora libre había convertido el aula en un pequeño territorio sin ley. Shikamaru había terminado su clase veinte minutos antes y el profesor siguiente no asistiría. Itachi había autorizado que permanecieran en el aula siempre que no incendiaran nada, inundaran nada, abrieran portales, atravesaran paredes, hicieran crecer bestias legendarias ni obligaran al personal de seguridad a evacuar el edificio.
Boruto había considerado aquellas condiciones excesivamente específicas. Hanabi le había recordado que todas tenían antecedentes. Y Ren...
Ren estaba agotado. No físicamente. Eso había mejorado muchísimo. Era ese otro cansancio.
El de pasar cada día vigilando puertas. Personas. Pasos. Movimientos. Calculando quién se acercaba. Buscando a Boruto.
Buscando a Hanabi. Buscando a Mitsuki. Buscando a Shikamaru.
Comprobando constantemente que Nemea seguía allí.
Aquella mañana, sin embargo, había sido relativamente tranquila. Por eso Ren finalmente había perdido la batalla contra el sueño. Estaba sentado en su pupitre, con los brazos cruzados sobre la madera y la cabeza apoyada encima. Su cabello rubio caía desordenadamente sobre su rostro.
Dormía profundamente. Nemea se había acomodado junto a sus brazos.
La pequeña bestia legendaria tenía la cabeza sobre una pata y respiraba lentamente. Hanabi los observaba desde su asiento.
-Son adorables.
Boruto levantó la mirada del teléfono.
-No digas eso cuando despierte.
-¿Por qué?
- Porque Ren fingirá indignación durante cuarenta minutos.
Mitsuki, sentado junto a Boruto, añadió:
-Cincuenta.
Matatabi saltó desde el hombro de Hanabi. Caminó delicadamente por encima de los pupitres. Llegó hasta Ren. Olfateó sus cabellos. Después frotó la cabeza contra él. Ren ni se movió. Matatabi hizo lo mismo con Nemea. Nemea, dormido, murmuró mentalmente:
Cinco minutos.
Hanabi se llevó una mano al corazón.
-No puedo con esto.
Boruto la señaló.
-No los fotografíes.
-No iba a hacerlo.
Matatabi volvió a frotarse contra Ren. Él sonrió dormido. Hanabi agarró el teléfono.
-Solo una.
-¡HANABI!
Entonces apareció la primera llama.
Y nadie volvió a reír.
I. El regreso
Fue diminuta. Una chispa roja flotando sobre los dedos de Ren.
Boruto se quedó inmóvil. Hanabi bajó lentamente el teléfono. Mitsuki levantó la cabeza. Desde el ataque en el parque, el fuego de Ren había cambiado. Seguía obedeciéndolo.
Seguía siendo poderoso. Pero había dejado de hacer aquello. Las figuritas. Los pequeños teatros. Los corazones indiscretos. Las escenas absurdas que exponían todo aquello que Ren intentaba esconder.
El fuego alcahuete había desaparecido. Como si aquella parte juguetona de su don también hubiera quedado asustada. La chispa creció. Otra apareció.
Después otra. Boruto sonrió.
-Hola.
Las llamas parecieron escucharlo. Ren continuaba completamente dormido. Nemea también. El fuego avanzó por el pupitre. Saltó al suelo.
Después corrió hacia Boruto.
-¿Qué...?
Lo envolvió.
-¡BORUTO! -gritó Hanabi.
Mitsuki se levantó. Otra llamarada lo alcanzó.
-Mi sol.
-¡Mitsuki!
Demasiado tarde. El fuego rodeó a ambos. Pero no quemaba. Boruto lo comprendió inmediatamente.
-No duele.
Mitsuki también.
-No.
Sus cuerpos quedaron inmóviles. El aula desapareció.
II. Shikadai
Boruto abrió los ojos. Estaba en otra Konoha. Árboles. Techos antiguos.
Una brisa distinta. Mitsuki estaba junto a él.
-¿Dónde estamos?
Boruto activó instintivamente el Jōgan. Nada hostil. Entonces alguien apareció frente a ellos. Un adolescente. Boruto lo miró. No conocía aquel rostro. Y, sin embargo...
-Ren.
El muchacho negó.
-No.
Boruto sintió que el corazón le golpeaba.
- Shikadai.
Mitsuki quedó inmóvil. El nombre había aparecido solo. No como recuerdo. Como reconocimiento.
Shikadai los miró. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
-Perdón.
Boruto abrió la boca. No consiguió responder. Shikadai miró primero a Mitsuki.
-Perdóname.
Mitsuki dio un paso.
-¿Por qué?
-Porque no pude ayudarte.
Las lágrimas cayeron.
-Porque cuando hicieron contigo lo mismo que hicieron conmigo, ya era demasiado tarde.
Mitsuki sintió algo antiguo atravesándolo. Una voz. Un sol.
Odio implantado. Recuerdos falsos.
Culpa. Pero antes de que pudiera agarrar nada desapareció. Shikadai lo miró.
-No fue tu culpa.
Mitsuki quedó helado.
-Tampoco fue la tuya -respondió.
Shikadai cerró los ojos. Pareció dolerle escuchar aquello. Después miró a Boruto. Y Boruto supo que aquello iba a romperlo.
-No.
Shikadai dio un paso.
-Boruto...
-No me pidas perdón.
-Tengo que hacerlo.
-No.
-Te fallé.
-¡NO!
La voz de Boruto retumbó.
-¡Te controlaron!
Shikadai lloró.
-Pero tú eras mi mejor amigo.
Boruto dejó de respirar.
-Mi primero.
Aquello le dolió todavía más.
-Antes que Mitsuki.
Mitsuki no reaccionó con celos. Solo miró. Porque de alguna manera su alma también sabía que aquello era verdad. Shikadai continuó:
-Tú confiabas en mí.
-Y seguiría haciéndolo.
Shikadai lo miró. Boruto se acercó.
-Si alguien destruyó tus recuerdos y puso otros en su lugar, tú no elegiste traicionarme.
-Cuando morí...
Boruto apretó los labios.
-No quiero saber cómo.
Shikadai asintió.
-Está bien.
-Solo dime lo que necesitas.
Shikadai tembló.
-No me dejes.
Boruto sintió que algo se rompía dentro de él.
-¿Qué?
-Por favor.
El muchacho se acercó.
-No me dejes otra vez.
Boruto negó inmediatamente.
-No.
-Volví por ti.
Silencio.