El Legado De Las Almas

Ahora soy Shikadai

Tres días después, Ren llegó a la Academia con un nombre nuevo. No había cambiado su apellido.

Seguía llevando el de aquella antigua y aristocrática familia a la que pertenecía desde su nacimiento. Seguía siendo el mismo heredero, el mismo muchacho rubio de ojos dorados que llegaba algunas mañanas en una limusina demasiado elegante para alguien que después se sentaba con Boruto a discutir por una hamburguesa.

Solo había agregado algo. Una palabra entre su nombre y su apellido. Shikadai. Ren Shikadai.
Nada más. Cuando sus padres le preguntaron de dónde había sacado aquel nombre, respondió que simplemente le gustaba. Cuando Hanabi quiso saber por qué parecía tan importante, Ren la besó en la frente y cambió de tema. Cuando Boruto lo interrogó durante quince minutos... Ren le robó una papa frita.

-Eso no responde mi pregunta.

-Pero responde mi hambre.

-¡Ren!

- Shikadai.

Boruto quedó callado. Ren sonrió.

- Estoy practicando.

Y siguió comiendo. Era extraño.
Porque aparentemente Ren no recordaba nada. Pero había dejado de comportarse como alguien que no sabía.

I. Cosas pequeñas

Las señales aparecieron primero en detalles insignificantes. Ren ya no esperaba siempre a Shikamaru para bajar de la limusina. Seguía alegrándose muchísimo cuando lo encontraba en la entrada, pero ahora podía bajar solo. Nemea también había recuperado gran parte de su tranquilidad. Y Ren buscaba nuevamente a Boruto.
Constantemente. Para comer. Para estudiar. Para caminar. Para hacer tonterías. Para hablar de absolutamente nada.

Un miércoles, Boruto estaba sentado en las escaleras exteriores junto a Mitsuki cuando Ren apareció.

-Muévete.

Boruto levantó la mirada.

-Hay veinte escalones.

-Quiero ese.

-¿Por qué?

-Porque estás ahí.

Mitsuki sonrió. Boruto se movió. Ren se sentó entre ambos. Nemea saltó de su hombro. La pequeña serpiente azul salió del cuello de Boruto y se enroscó parcialmente alrededor de Nemea. Ren miró a Mitsuki. Durante varios segundos.
Demasiados.

-¿Qué? -preguntó Mitsuki.

-Nada.

Pero Ren levantó una mano. Le acomodó distraídamente un mechón celeste detrás de la oreja.
Mitsuki quedó inmóvil.

-Me alegra que estés aquí.

Boruto dejó de comer. Mitsuki observó a Ren.

-A mí también.

Ren sonrió. Su fuego apareció. Una figurita de Boruto. Otra de Mitsuki.
Otra de Ren. Las tres caminaron juntas. Entonces una sombra oscura cayó sobre las figuras. Las pequeñas llamas de Boruto y Mitsuki quedaron separadas de la de Ren. El fuego de Ren cambió. Su rostro diminuto perdió la sonrisa.
Después aparecieron líneas alrededor de su cabeza. Como cadenas. Las figuras de Boruto y Mitsuki intentaron acercarse.

El pequeño Ren las atacó. Hanabi, que acababa de llegar, se detuvo. Boruto palideció. Mitsuki no apartó la mirada. Ren observó su propio fuego. No pareció sorprendido. Solo triste. Las cadenas se rompieron. El Ren de fuego cayó. Después se levantó. Corrió hacia Boruto. Lo abrazó. Luego hacia Mitsuki.

Y finalmente los tres quedaron juntos. Sobre ellos apareció una única palabra:

OTRA VEZ.

Boruto miró a Ren.

-¿Quieres decirme algo?

Ren sostuvo su mirada. Durante un segundo pareció que sí. Pero sonrió.

-Que tu hamburguesa tiene mejor aspecto que la mía.

Y le dio un mordisco.

-¡REN!

El fuego añadió:

COBARDE.

Mitsuki soltó una carcajada. Ren miró horrorizado su propia llama.

-¡TÚ ACABAS DE VOLVER! ¡NO EMPIECES!

La figurita hizo una reverencia. Boruto no insistió. Pero debajo de la mesa buscó la mano de Ren. La apretó. Ren no preguntó por qué.
Simplemente entrelazó los dedos con los suyos durante unos segundos. Y sonrió.

II. Los favoritos de Shikamaru

Shikamaru había descubierto algo bastante incómodo. Tenía favoritos.
Negarlo empezaba a resultar ridículo. Uno tenía dieciséis años, cabello rubio y podía detener el tiempo. El otro tenía catorce, cabello igualmente rubio y una bestia de fuego que aparentemente lo consideraba familia.

Aquella tarde estaba corrigiendo evaluaciones en su despacho cuando Naruto entró sin llamar.

-Tengo hambre.

Shikamaru no levantó la cabeza.

-Información fascinante.

-¿Tienes comida?

-No.

Naruto abrió un cajón.

-¡Sí tienes!

-Eso es mío.

Naruto sacó unas galletitas.

-Nuestro.

-Naruto.

La puerta volvió a abrirse. Ren entró.

-Shikamaru, ¿tienes...?

Vio a Naruto. Después las galletitas.

-Quiero.

Naruto levantó el paquete.

-Ven.

Ren se sentó junto a él. Shikamaru contempló a los dos rubios comiéndose sus galletitas.

-Fuera.

Naruto:

-No.

Ren:

-No.

Nemea:

No.

Kurama, sobre el hombro de Naruto:

Yo tampoco.

Shikamaru cerró los ojos.

-Tengo cuatro parásitos.

Naruto sonrió.

-Nos amas.

- Eso es discutible.

Ren tomó otra galletita.

- No mucho.

Shikamaru levantó la mirada. Y los vio. Naruto riendo. Ren sentado junto a él. Kurama intentando meter la cabeza en el paquete.
Nemea apartándolo con una pata.
Una felicidad inexplicable le recorrió el cuerpo. Tan intensa que tuvo que quedarse quieto. Naruto lo notó.

-¿Qué?

-Nada.

Ren también lo miró.

-Estás sonriendo.

-No.

-Sí.

-No.

Naruto señaló.

-¡ESTÁ SONRIENDO!

Ren se giró.

- ¡Es verdad!

- Terminen las galletitas y váyanse.

- Eso significa que podemos terminarlas -interpretó Naruto.

Ren asintió solemnemente.

- Permiso oficial.

Shikamaru los miró. Y volvió a sonreír. Ren lo vio acercarse a Naruto para quitarle una miguita del cabello con esa familiaridad que habían desarrollado. No sintió absolutamente nada parecido a celos. Al contrario. Algo dentro de él se sintió bien.




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