El Legado De Las Almas

El día en que Naruto dejó de reír

El problema no fue el cuatro. El problema fue lo que Naruto decidió que aquel cuatro significaba.

Durante las primeras horas había hecho exactamente lo que todos esperaban de él: dramatizar, hacer levitar media aula, anunciar que terminaría rindiendo Matemáticas a los treinta y cinco años y acusar a Shikamaru de diseñar evaluaciones destinadas específicamente a destruir su futuro.

Todos habían reído. Naruto también. Hasta que dejó de hacerlo.
Porque aquella tarde descubrió algo que terminó de golpear su orgullo.
Boruto había sacado diez.

-¿Cuánto? -preguntó Naruto.

Boruto levantó su evaluación. 10.

-Diez -repitió alegremente.

Naruto contempló la hoja. Después la propia. Cuatro. Volvió a mirar la de Boruto. Diez. Ren había sacado ocho. Mitsuki, nueve. Sakura, nueve.
Sasuke, ocho. Ino, nueve. Neji, nueve. Mía, ocho. Kawaki, nueve.
Naruto recorrió mentalmente las notas. Y comprendió. Era el único. El único de todos ellos que había reprobado. Boruto todavía estaba hablando.

-No sé cómo pasó porque pensé que había hecho mal el último ejercicio, pero Shikamaru dijo que...

Naruto sonrió.

-Felicitaciones.

Boruto se detuvo. Algo en aquel tono le resultó extraño.

-Gracias, papá.

Naruto le revolvió el cabello.

-Estoy orgulloso de ti.

Eso sí era verdadero. Absolutamente verdadero. Pero cuando se marchó la sonrisa desapareció.

I. El error

Esa noche Naruto puso la evaluación sobre su escritorio. 4. Kurama estaba acostado sobre la cama.

-Soy el único.

¿Y?

-Todos aprobaron.

¿Y?

-Boruto sacó diez.

Deberías estar orgulloso.

Naruto giró.

-Lo estoy.

Kurama levantó la cabeza.

-Muchísimo.

Y aquello era precisamente parte del problema. Naruto miró nuevamente el cuatro.

-Tiene catorce años.

Sí.

-Yo dieciséis.

También.

- Mi hijo es mejor que yo en Matemáticas.

Kurama suspiró.

Eso no significa nada.

Naruto recordó las carcajadas. Sasuke bromeando. Kawaki flotando en su silla. Shikamaru reiniciándolo con cuentas básicas.
Deidara enterándose de su cuatro.
Media Academia oyendo su crisis.
Las redes. Los periodistas. El caos.
Naruto se pasó una mano por el rostro.

-Siempre soy yo.

Kurama frunció el ceño.

¿Tú qué?

-El que hace reír.

Porque eres gracioso.

-El que hace estupideces.

También.

Naruto lo miró. Kurama ladeó las orejas.

Eso pretendía ayudarte.

Naruto no sonrió. Y Kurama dejó de bromear.

-Soy el bufón.

No.

-Sí.

Naruto tomó la evaluación.

-Soy el más poderoso de todos, y no puedo resolver una ecuación.

Una cosa no tiene relación con la otra.

-Puedo detener el tiempo.

Silencio.

-Puedo escuchar pensamientos a kilómetros.

La voz descendió.

-Puedo levantar un edificio.

Kurama empezó a inquietarse.

-Puedo enfrentar un ejército.

Naruto apretó la hoja.

-Y saco cuatro.

Naruto.

Pero Naruto ya había tomado una decisión.

-Se acabó.

II. El nuevo Naruto

A la mañana siguiente Sakura supo inmediatamente que algo estaba mal. Naruto estaba sentado. Recto.
Inmóvil. Libro de Matemáticas abierto. Resolviendo ejercicios. Sakura dejó su bolso.

-Buenos días, amor.

Naruto levantó la mirada.

-Buenos días.

Le dio un beso breve. Volvió al libro.
Sakura parpadeó. Detrás, Sasuke acababa de sentarse. También lo notó.

-¿Qué le pasa?

Ino miró.

-No sé.

Mía llegó.

-Naruto, ¿quieres café?

-No.

Mía se detuvo.

-¿Qué?

-Gracias. No.

Neji levantó la cabeza.

-Está poseído.

Naruto escribió:

x = 7

Pasó al siguiente ejercicio. Kawaki llegó al fondo. Se sentó. Yoru sobre su hombro. Miró a Naruto. Cinco segundos. Diez. Veinte. Yoru murmuró mentalmente:

Algo está mal.

Lo sé.

No hizo flotar nada.

Lo sé.

Eso está muy mal.

Kawaki observó cómo Naruto resolvía otra ecuación. Sakura le acarició el cabello. Normalmente aquello habría bastado para levantar al menos una lapicera. Nada. Ni una hoja. Ni una goma. Nada. Kawaki se incorporó lentamente.

-Definitivamente está mal.

III. Shikamaru descubrió un monstruo

Shikamaru escribió un ejercicio particularmente desagradable en la pizarra.

-¿Quién quiere resolverlo?

Nadie.

-Perfecto. El entusiasmo académico sigue intacto.

Una mano se levantó. Shikamaru miró. Naruto. Toda el aula giró.
Sasuke frunció el ceño. Mía abrió la boca. Sakura dejó caer el bolígrafo.

-Naruto -dijo Shikamaru- ¿Quieres intentarlo?

-Sí.

Se levantó. Caminó hacia la pizarra.
Tomó el marcador. Y resolvió. Sin bromas. Sin protestas. Sin mirar a Shikamaru pidiendo misericordia.
Terminó. Se apartó. Shikamaru contempló el resultado. Correcto.

-Bien.

Naruto regresó a su asiento. Sasuke lo miró.

-¿Quién eres?

Naruto abrió el libro.

-Naruto.

-Devuélvenos al otro.

Naruto ni siquiera respondió. Eso hizo que Sasuke dejara de bromear.

IV. El diez

Una semana después llegó la siguiente evaluación. Naruto había estudiado todos los días. Dormía.
Comía. Entrenaba. Pero había convertido el aprendizaje en una disciplina casi militar. Shikamaru intentó explicarle que no necesitaba estudiar seis horas diarias.

Naruto continuó. Kawaki quiso ayudarlo. Naruto agradeció y después siguió solo. Sakura intentó estudiar con él. Aceptó. Pero ya no se desesperaba cuando se equivocaba. Simplemente borraba.
Repetía. Otra vez. Otra más. Hasta dominarlo. Llegó la evaluación. La hizo. Entregó. Una semana después Shikamaru apareció con los resultados. Sakura sacó nueve. Sasuke nueve. Ino diez. Neji nueve.
Mía nueve. Kawaki nueve. Entonces Shikamaru llegó hasta Naruto. Dejó la hoja. Naruto la dio vuelta. 10.
Silencio. Sakura gritó:




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