La frase apareció a las dos y diecisiete de la madrugada. No en una red social pública. No en un foro abierto. No en ninguno de los espacios que BlackSun vigilaba habitualmente. Apareció en uno de los grupos privados de La Asociación de Adultos Aspirantes a Shinobi.
> -Si no tienen planeado enseñarnos a ser ninjas, ni quieren contratarnos allí para que despertemos nuestros ninjas internos, hay que matarlos. Empezando por los catorce ninjas que ahora tiene esa Academia.
Durante unos segundos nadie respondió. Después aparecieron cuatro reacciones. Cuatro personas.
Cuatro hombres que habían dejado de distinguir entre admiración, obsesión y derecho. Para ellos, la Academia les estaba ocultando algo. Tenía que existir un secreto. Un procedimiento. Una energía. Una sustancia. Algo. No podían aceptar la respuesta que Itachi había repetido hasta el cansancio.
Nadie sabía por qué aquellos cuerpos recordaban. No existía una fórmula para despertar un ninja.
No bastaba con ingresar a la Academia. No bastaba con trabajar allí. No bastaba con tocar un papel de chakra. Y, sobre todo, nadie debía convertirse en sus maestros.
Aquellos cuatro decidieron que, si no podían tener aquello que deseaban, destruirían a quienes sí lo poseían. Y eligieron el momento perfecto. O eso creyeron.
I. La hora de mayor caos
Las doce y cincuenta. Salida del turno mañana. Entrada del turno tarde. La peor hora posible. Estudiantes bajando escaleras. Padres esperando. Automóviles.
Colectivos escolares. Periodistas apostados detrás de las barreras.
Camarógrafos. Especialistas. Dos equipos científicos autorizados que esperaban una reunión institucional.
Naruto estaba cerca de Sakura. Boruto discutía con Ren porque Ren insistía en que el agua no podía ganarle al fuego si ambos tenían el mismo nivel de chakra.
-Te apago -decía Boruto.
-Te evaporo.
-Te apago.
-Te evaporo.
Mitsuki caminaba junto a ellos.
-Yo voto por Boruto.
Ren lo miró.
-Tu voto está comprado.
-Sí.
Hanabi soltó una carcajada. Ino estaba unos metros más allá. Sasuke junto a ella.
-¿Comemos afuera? -preguntó Ino.
-Donde quieras.
-Eso no es elegir.
-Estoy siendo buen novio.
-Estás evitando decidir.
Sasuke sonrió.
-También.
Ino iba a responder. Entonces Sasuke escuchó algo. Un sonido seco. Lejano. Casi insignificante. Y vio cómo la expresión de Ino desaparecía.
-¿Ino?
El cuerpo de la rubia se sacudió.
Sasuke vio el rojo extenderse sobre su ropa.
-Ino.
Ella cayó. Sasuke la atrapó antes de que tocara el suelo. Durante un segundo nadie comprendió. Después llegaron los disparos. Y el mundo estalló
II. Corran
-¡AL SUELO! -rugió Itachi desde la entrada.
Gritos. Personas corriendo. Periodistas abandonando equipos.
Padres buscando hijos. Estudiantes intentando regresar al edificio.
Otro disparo. Después otro. Y otro.
No había uno solo. Había varios atacantes. Sakura reaccionó primero. Golpeó el suelo.
-¡TIERRA!
El terreno se elevó. Deidara comprendió.
-¡Naruto!
Naruto hizo sellos. Su cuerpo ya sabía. Los tres combinaron chakra.
BOOOOOOM.
Una pared de piedra de casi cinco metros surgió frente a la entrada.
Los disparos chocaron contra ella.
Sakura extendió las manos.
-¡TODOS ADENTRO!
Naruto gritó:
-¡BORUTO!
-¡ESTOY BIEN!
-¡MÍA!
-¡AQUÍ!
-¡SAKURA!
Ella lo miró.
-¡NARUTO, ESTOY DELANTE DE TI!
-¡NECESITABA COMPROBARLO!
Incluso en aquel infierno Sakura habría querido reír. No pudo. Porque escuchó a Sasuke.
-Ino.
No fue un grito. Eso fue peor.
III. Ino
Sasuke estaba de rodillas. Ino en sus brazos.
-Mírame.
Nada.
-Ino.
Mía llegó corriendo.
-Déjame verla.
Sasuke no reaccionó.
-¡Sasuke!
Mía puso las manos sobre Ino.
Chakra médico. Buscó. Evaluó. Su rostro cambió.
-No.
Sasuke levantó los ojos.
-Cúrala.
Mía no respondió.
-Cúrala.
-Sasuke...
-¡CÚRALA!
Mía intentó. Su ninjutsu médico no podía reparar aquello a tiempo.
Buscó pulso. Nada. Respiración. Nada. Sasuke comprendió mirando su rostro. Y algo dentro de él desapareció.
-No.
Abrazó a Ino.
-No.
Mía vio activarse el Sharingan. Rojo.
Tres aspas. Y después cambió. El patrón se deformó. Se hizo más complejo. Más oscuro. Más terrible.
Mía retrocedió.
-Sasuke...
Él levantó la cabeza. Lloraba. Y sus ojos ya no eran los mismos.
IV. El cielo se rompió
Sasuke comenzó a elevarse. Un metro. Dos. Cuatro. Siete.
-¡SASUKE! -gritó Sakura.
No respondió. El Mangekyō Sharingan ardía en sus ojos. A su alrededor aparecieron cinco puntos negros. Pequeños. Perfectamente oscuros. Entonces comenzaron a absorber. Una bala cambió de trayectoria. Desapareció. Otra. Otra más. Los proyectiles dejaron de llegar al patio. Micrófonos abandonados comenzaron a deslizarse. Cámaras. Trípodes. Carteles. Un automóvil se movió varios centímetros.
-¡SASUKE! -gritó Naruto.
El viento aumentó. Las ventanas vibraron. La enorme pared de tierra comenzó a resquebrajarse. Deidara abrió los ojos.
-Eso no soy yo.
La pared se desintegró. Fragmentos enteros fueron absorbidos por aquellas cinco anomalías. Los pasteles de luz se doblaron. Los vehículos se desplazaron. Naruto clavó los pies.
-¡TODOS ATRÁS!
Pero Sasuke no escuchaba. Para él solo existía una cosa. Ino estaba muerta.

V. Mía se negó a aceptarlo
Mía miró a Ino. Después a Sasuke.
Después nuevamente a Ino.
-No.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-No te vas. No lo permitiré.