Kawaki llegó a la Academia Élite de Konoha a las siete y veintitrés de la mañana. No saludó a nadie. Eso, por sí solo, no habría llamado demasiado la atención. Kawaki no era precisamente conocido por entrar cada mañana repartiendo abrazos y buenos deseos.
El problema era cómo caminaba.
Espalda recta. Mandíbula tensa.
Ojos al frente. Manos dentro de los bolsillos de su chaqueta blanca y azul. Ni una sonrisa. Ni una mirada lateral. Ni siquiera aquella expresión de resignación permanente que aparecía cada vez que Yoru revelaba públicamente que había vuelto a quedarse mirando a Naruto.
Aquella mañana no había sarcasmo.
Había una frialdad inquietante. Boruto fue el primero en verlo desde el otro extremo del pasillo.
Se quedó inmóvil.
-Oh, no.
Mitsuki siguió su mirada.
-¿Qué?
Boruto señaló discretamente.
-Eso.
Ren se acercó.
-¿Qué cosa?
-Kawaki.
Ren lo miró.
-¿Qué tiene?
Boruto entrecerró los ojos.
-Esa cara.
Hanabi llegó junto a ellos.
-¿Qué cara?
Boruto respondió inmediatamente:
-La cara de mi papá cuando sacó diez en Matemáticas y decidió durante una semana convertirse en un hombre emocionalmente muerto.
Silencio. Ren volvió a mirar a Kawaki.
-Ah.
Mitsuki:
-Sí.
Hanabi:
-Ahora lo veo.
Kawaki pasó junto a ellos. No dijo nada. Yoru estaba sobre su hombro.
El pequeño lobo celestial tampoco habló. Eso era todavía peor. Porque Yoru siempre tenía algo que decir. Un grupo de alumnos de primero se apartó instintivamente. Una profesora que venía en dirección contraria frenó.
-Buenos días, Kawaki.
Kawaki hizo apenas un movimiento de cabeza. Continuó. La mujer lo siguió con la mirada.
-¿Qué le pasó?
Boruto respondió desde atrás:
-No sabemos.
Un estudiante señaló la mochila de Kawaki.
-Está llena.
Boruto la observó. Era cierto.
Demasiado. La mochila parecía pesar varios kilos. Kawaki siguió caminando. Las conversaciones fueron apagándose a su paso. No porque estuviera haciendo nada.
Precisamente porque no estaba haciendo nada. Yoru levantó los ojos hacia su humano.
Todos te miran.
Kawaki respondió mentalmente:
Que miren.
Estás asustándolos.
Bien.
Yoru guardó silencio. Kawaki llegó al final del pasillo. Subió las escaleras.
Giró hacia Dirección. Y entró. Sin golpear.
I. Los tres adultos
-Entonces necesitamos responder institucionalmente antes de que WhiteSun vuelva a...
Itachi se detuvo. La puerta acababa de abrirse. Kawaki entró. Itachi parpadeó. Shikamaru, sentado frente al escritorio con un café, levantó una ceja. Deidara estaba prácticamente acostado sobre un sofá, corrigiendo trabajos de Literatura. Los tres lo miraron.
Kawaki cerró la puerta.
Clic.
Puso llave. Deidara se incorporó.
-Oh.
Itachi lo señaló.
-No digas "oh".
-¡Pero acaba de encerrarnos!
Shikamaru dejó lentamente el café.
-Kawaki.
Nada. El chico caminó hasta el escritorio. Se quitó la mochila. La dejó encima. Itachi frunció el ceño.
-¿Qué ocurre?
Kawaki abrió la mochila. La levantó.
Y la volcó.
PUM.
Carpetas. Fotografías. Memorias externas. Documentos. Discos.
Impresiones. Registros bancarios.
Copias de transferencias. Capturas.
Listados. Mapas. Nombres. Fechas.
Informes. Itachi retrocedió.
-¡MI ESCRITORIO!
Deidara se levantó.
-Eso es muchísimo.
Shikamaru ya no parecía aburrido.
Kawaki dejó caer la mochila vacía.
Silencio.
-Esto -dijo finalmente- es todo lo que tengo contra el líder de Eclipse.
La habitación cambió.
II. Dos años de silencio
Itachi se sentó lentamente.
-¿Todo?
-Todo.
Shikamaru tomó una carpeta. Kawaki puso una mano encima.
-No todavía.
Shikamaru lo miró.
-Quiero explicar primero.
Itachi asintió. Kawaki respiró.
-Transferencias. Empresas fantasma. Nombres de funcionarios. Científicos pagados. Operativos. Registros de reclutamiento. Instalaciones vinculadas a Eclipse. Intermediarios. Autorizaciones falsificadas y auténticas. Comunicaciones.
Deidara había perdido completamente la sonrisa.
-¿Cuánto tiempo llevas reuniendo esto?
Kawaki no respondió. No hacía falta.
Itachi comprendió.
-Desde Akira.
Yoru bajó la cabeza. Kawaki miró los documentos.
-Sí.
Silencio.
-Esto demuestra crímenes de Eclipse. Demuestra conexiones. Demuestra que hubo gente dentro del gobierno ayudándolos. Demuestra operaciones clandestinas.
Shikamaru preguntó:
-¿Demuestra quién es el líder?
-No.
-¿Puede llevarnos hasta él?
-No directamente.
Kawaki apretó la mandíbula.
-Ese siempre fue el problema.
Deidara se acercó.
-Por eso nunca entregaste todo.
Kawaki asintió.
-Tenía piezas. Muchas. Pero no la pieza que necesitaba.
Itachi comprendió.
-Su identidad.
-Sí.
-¿Y ahora?
Kawaki levantó la mirada.
-Sigo sin tenerla.
Shikamaru frunció el ceño.
-Entonces ¿qué cambió?
Kawaki respondió:
-WhiteSun.
III. La dimensión
El ojo izquierdo de Kawaki se activó.
Oro. Negro. El espacio se deformó.
Itachi se puso de pie. Deidara retrocedió.
-Cada vez que abre eso siento que algo absurdo va a salir.
Shikamaru:
-La última vez fueron kunais.
-¡Cientos!
Kawaki metió una mano. Sacó una computadora. Después otra unidad.
Después varios dispositivos. Después una carpeta negra. Deidara levantó una ceja.
-¿Cuánto guardas ahí?
-Mucho.
-¿Tienes comida?
Kawaki lo miró.
-Sí.
Deidara abrió muchísimo los ojos.