El Legado De Las Almas

Las cuatro manos de la vida

Durante exactamente cuatro días, la Academia Élite de Konoha consiguió algo que Itachi consideraba como un fenómeno paranormal. Normalidad. No hubo soldados. No hubo equipos gubernamentales intentando entrar. Nadie exigió secuestrar adolescentes.

Daizen Kurogane había desaparecido momentáneamente de la entrada. WhiteSun llevaba casi treinta horas sin publicar. BlackSun tampoco había dicho nada, lo cual había generado dos carteles nuevos en los pasillos:

BLACKSUN ESTÁ DESCANSANDO. RESPETEN.

Y, debajo, escrito por alguien evidentemente perteneciente al bando contrario:

BLACKSUN NO PUEDE DESCANSAR TANTO.

Kawaki había leído ambos. Los había arrancado. Y se había ido a Matemáticas. Todo parecía estar bien. Por supuesto, aquello no podía durar.

I. Una tarde completamente normal

Sakura estaba sentada junto a Mía en uno de los laboratorios. Ino ocupaba otra silla. Hanabi estaba junto a la ventana, enviándole mensajes a Ren. Las cuatro habían terminado sus clases y esperaban a que los chicos concluyeran uno de los entrenamientos del programa experimental.

Sakura estaba hojeando un manual moderno de medicina. Mía miraba distraídamente unas láminas anatómicas. Ino estaba pintándose las uñas. Hanabi sonreía frente al teléfono.

-¿Ren? -preguntó Ino.

Hanabi escondió inmediatamente el celular.

-No.

-Ren.

-No.

-Tienes esa cara.

-¿Qué cara?

Ino sonrió.

-La de "mi novio acaba de decirme algo hermoso y quiero fingir que no estoy completamente enamorada".

Hanabi la miró.

-Tú haces exactamente la misma cara con Sasuke.

-Jamás.

Sakura soltó una carcajada.

-Ino, prácticamente brillas.

-¡Cállate!

Mía iba a decir algo cuando Sakura dejó de reír. Se había cortado un dedo con una hoja de papel.

-Genial.

Una gotita de sangre apareció. Ino la miró..Y algo sucedió. Sus manos se movieron. No pensó. No decidió.
Simplemente supo.

-Dame.

Sakura levantó una ceja.

-¿Qué?

Ino tomó suavemente su dedo. Sus manos formaron una secuencia.
Uno. Dos. Tres sellos. Chakra. Una luz tenue se concentró sobre sus dedos. Sakura quedó petrificada.

-Ino...

La herida desapareció. Las cuatro miraron el dedo. Después a Ino. Ino palideció.

-Yo...

Mía se levantó.

-¿Cómo hiciste eso?

-No sé.

-¿Qué sellos usaste?

-No sé.

-¡LOS ACABAS DE HACER!

-¡YA SÉ!

Hanabi se acercó.

-Hazlo otra vez.

Ino:

-¿CON QUÉ HERIDA?

Hanabi miró alrededor.

-Buen punto.

-¡NO VAMOS A HERIR A NADIE PARA PROBARLO! -exclamó Sakura.

-¡NO DIJE ESO!

Entonces Hanabi miró sus propias manos. Algo dentro de ella también había cambiado. Hizo una secuencia diferente. Su chakra se concentró.
Hanabi abrió muchísimo los ojos.

-Oh.

Ino:

-¿Qué?

-Creo que...

-¿Qué?

-Sé hacer lo mismo.

Silencio. Sakura cerró los ojos.

-No.

Mía sonrió lentamente.

-Sí.

Sakura:

-Mía.

-Cuatro.

-Mía.

-Somos cuatro.

Ino se levantó de golpe.

-¡¿YO SOY NINJA MÉDICO?!

Hanabi se señaló.

-¡Y YO!

La puerta se abrió. Ren entró.

-¿Por qué gritan?

Hanabi corrió hacia él.

-¡SOY NINJA MÉDICO!

Ren abrió los brazos.

-¡¿QUÉ?!

El fuego apareció inmediatamente.
Una pequeña Hanabi hecha de llamas llevaba una bata blanca y curaba a una figurita de Ren acostada dramáticamente. Hanabi miró el fuego. Ren cerró los ojos.

-No.

La figura médica besó a su paciente.

-¡FUEGO!

II. La llamada

Dos días después, Hanabi recibió una llamada de su padre. No era habitual que el líder Hyuuga llamara durante el horario escolar. Mucho menos que su voz sonara así.

-Hanabi.

Ella se enderezó.

-Papá.

-Necesito verte.

No dijo quiero. Dijo necesito. Hanabi sintió frío.

-¿Qué pasó?

Hubo silencio.

-Es tu primo.

El muchacho tenía diecisiete años. Hijo de uno de los hermanos del líder Hyuuga. Y estaba gravemente enfermo.

Su padre le explicó que padecía un cáncer de colon en etapa terminal. Había recibido tratamiento médico convencional, había sido atendido por equipos especializados y su familia había agotado las alternativas que sus médicos consideraban razonables. Su estado se había deteriorado. Hanabi dejó de respirar durante un instante.

-¿Y por qué me llamas a mí?

Su padre tardó en contestar.

-Porque me dijeron lo que ocurrió con tu chakra médico.

-Papá...

-No te estoy ordenando nada -
Aquello la sorprendió -Te estoy pidiendo ayuda.

Su voz se quebró. Hanabi jamás lo había escuchado hablar así.

-Por favor hija. Salvarlo.

III. Las cuatro

Hanabi apareció en el aula de Mía, Sakura e Ino. No necesitó explicar demasiado. Su rostro lo hizo. Mía fue la primera en levantarse.

-¿Qué sucede?

Hanabi contó todo. Cuando terminó, Ino tenía lágrimas en los ojos. Sakura ya estaba pensando.

-Necesitamos información clínica.

-La consigo.

-Diagnóstico completo, tratamientos previos, estado actual...

-Todo.

Mía no hablaba. Miraba el vacío. Sakura la notó.

-Mía.

Nada.

-Mía.

La rubia levantó lentamente la cabeza.

-Sangre.

-¿Qué?

-Necesito una muestra de su sangre.

Hanabi se quedó quieta.

-¿Para qué?

Mía abrió la boca. La cerró. Miró sus propias manos.

-No sé.

Sakura la observó.

-Pero sabes que la necesitas.

-Sí.

-¿Tu cuerpo?

Mía asintió.

-Mi cuerpo sabe algo que yo no.

IV. La receta que ninguna entendía

La muestra llegó con autorización de la familia y coordinación médica.
Mía la miró. Y sintió algo. Tomó una hoja. Comenzó a escribir. Sakura se acercó.




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