Las consecuencias de las últimas semanas ya no podían medirse en cantidad de titulares. Había demasiados. La amenaza contra Boruto había cambiado algo esencial.
Hasta entonces, la fiebre ninja había sido una mezcla grotesca de fascinación, miedo, oportunismo, admiración, fanatismo y curiosidad científica. Pero poner diez millones de dólares sobre la cabeza de un adolescente de catorce años y de las bestias legendarias había atravesado una frontera que incluso muchas personas cercanas a las ideas de WhiteSun no estaban dispuestas a cruzar.
Durante las primeras cuarenta y ocho horas, varias figuras públicas que hasta entonces exigían una intervención absoluta sobre los ninjas comenzaron a deslindarse públicamente. No necesariamente cambiaron de opinión sobre el ninjutsu. Muchos seguían diciendo que debía regularse. Que las técnicas médicas debían estudiarse.
Que el conocimiento no podía quedar eternamente encerrado dentro de la Academia. Pero una cosa era discutir eso. Y otra muy diferente era ofrecer dinero por secuestrar a Boruto. El rostro del rubio estaba en todas partes. Y Naruto odiaba cada segundo.
-Otra vez -murmuró.
Estaba sentado en el comedor mirando una pantalla.
¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE LOS DIEZ MILLONES?
Debajo aparecía una fotografía de Boruto. Naruto apagó el televisor con telequinesis. Boruto, sentado frente a él, siguió comiendo.
-Papá.
-¿Qué?
-Era el televisor del comedor.
Naruto miró alrededor. Ciento veinte alumnos lo observaban.
-Ah.
La pantalla volvió a encenderse.
Naruto:
-Gracias.
Una estudiante levantó el control remoto.
-De nada.
En la televisión apareció nuevamente Boruto. Naruto la apagó. La estudiante volvió a encenderla. Naruto la apagó. Ella la encendió. Naruto la miró.
-¿En serio?
-Quiero ver las noticias.
-¡MI HIJO ES LAS NOTICIAS!
Boruto levantó la hamburguesa.
-Lamentablemente.
I. Diez millones cambiaban demasiadas cosas
La seguridad de la Academia se había vuelto absurda. No por una decisión paranoica de Itachi. Por necesidad. Personas que jamás se habrían acercado a Boruto comenzaron a preguntarse si la recompensa era real. Otros aparecían para protegerlo. Algunos intentaban fotografiarlo.
Otros querían tocar a la serpiente.
Hubo incluso un hombre que se acercó a Kurama preguntando:
-¿Usted cuenta como bestia legendaria?
Kurama lo miró.
-¿Usted cuenta como persona inteligente?
El hombre retrocedió. Naruto se dobló de risa. Itachi no.
-¡NO HABLEN CON DESCONOCIDOS!
Kurama:
-Tengo más de mil años.
-¡ME DA IGUAL!
Deidara abrazó a Itachi por detrás.
-Está entrando en modo padre de tres mil alumnos.
-No.
-Sí.
-No.
-Ayer gritaste "nadie sale sin autorización".
-¡PORQUE HABÍA DOSCIENTAS PERSONAS AFUERA!
Shikamaru levantó la vista de unos documentos.
-Técnicamente son tres mil ciento diecisiete.
Itachi palideció.
-¿Qué?
-Alumnos.
-No quería saberlo.
II. BlackSun desapareció
O, al menos, eso creyó internet.
BlackSun llevaba dos días sin publicar. La razón era bastante menos misteriosa. Kawaki llevaba casi dos días sentado delante de cuatro computadoras. Gaara ocupaba el escritorio contiguo con otras tres. Persianas cerradas. Puerta con llave. Yoru dormía sobre el respaldo de la silla de Kawaki.
Gaara tenía una taza de café que probablemente llevaba allí desde la Era de los Estados Combatientes.
-Otra ruta muerta -murmuró Kawaki.
-Lo sé.
-El video fue limpiado antes de subirlo.
-Sí.
-Voz sintética.
-Sí.
-Rostro sintético.
-Sí.
-Fondo sintético.
-Sí.
Kawaki lo miró.
-¿Vas a responderme otra cosa?
Gaara continuó escribiendo.
-Cuando digas otra cosa.
Kawaki volvió a la pantalla. No intentaban "romper" mágicamente una IA. Buscaban errores humanos alrededor de ella. Horarios.
Reutilización de infraestructura.
Patrones de publicación. Cuentas creadas cerca del mismo momento.
Rutas de distribución. Copias iniciales. Conexiones entre perfiles que habían difundido el video antes de que se volviera viral. Gaara señaló una pantalla.
-Aquí.
Kawaki se acercó.
-¿Qué?
-Catorce cuentas compartieron el video antes de que alcanzara difusión pública.
-Bots.
-Trece.
Kawaki entrecerró los ojos.
-¿La otra?
-Creada hace siete años.
Silencio. Kawaki se sentó junto a él.
-Eso es algo.
-Todavía no es una persona.
-Pero es algo.
Yoru abrió un ojo.
Duerman.
Ambos:
-No.
Idiotas.
III. Naruto los encontró
A las cinco de la mañana Naruto abrió la puerta.
-¿Durmieron?
Kawaki:
-Sí.
Gaara:
-No.
Kawaki giró.
-Traidor.
Naruto cruzó los brazos.
-Kawaki.
-Estoy bien.
-Tienes una taza vacía en la cabeza.
Kawaki parpadeó. Se tocó.
Efectivamente. Había apoyado una taza boca abajo sobre su cabello sin darse cuenta. Gaara lo miró.
-Me preguntaba cuándo lo notarías.
-¡¿HACE CUÁNTO ESTÁ AHÍ?!
-Cuarenta minutos.
Naruto comenzó a reír.
-¡NO ES GRACIOSO!
Yoru:
Muchísimo.
Naruto les dejó comida.
-No se destruyan buscando a alguien que amenazó con destruirnos.
Kawaki dejó de reír.vNaruto apoyó una mano sobre su hombro.
-Lo vamos a encontrar.
Kawaki miró las pantallas.
-Sí.
Después miró a Naruto.
-Pero esta vez antes de que toque a Boruto.
Naruto no discutió.
-Sí.
IV. El problema nuevo llegó a las nueve y doce
Itachi estaba en Dirección. Shikamaru estaba junto a él.
Deidara dormía en el sofá.
Supuestamente. La puerta se abrió.
Entraron los padres de Sasuke y Neji..Itachi miró primero a su padre.
Después al líder Hyuuga. Después las carpetas que ambos llevaban.