El Legado De Las Almas

El muchacho que ya había salvado al mundo una vez

El mediodía siempre era el peor momento para la seguridad de Konoha Élite. No porque fuera peligroso. Porque era imposible. A las doce coincidían demasiados mundos en el mismo lugar.

Los alumnos del turno mañana salían en oleadas por las puertas principales. Los del turno tarde comenzaban a llegar. Los estudiantes de talleres, deportes y actividades extracurriculares aparecían con mochilas, instrumentos, carpetas y bolsos.

Padres esperaban junto a los accesos. Los puestos de prensa ocupaban buena parte de la vereda desde que el fenómeno ninja había convertido a la Academia en el lugar más observado del país. Y aquel día había todavía más gente.

Periodistas. Científicos. Historiadores. Especialistas en artes marciales. Fans. Curiosos. Personas esperando ver a Naruto. Personas esperando ver a Boruto. Personas que querían fotografiar a Izan.
Personas que seguían preguntándose si realmente era el supuesto "trillizo perdido".

La seguridad estaba preparada para una multitud. No para lo que WhiteSun había preparado dentro de ella. Porque los hombres que aguardaban mezclados entre vehículos, periodistas y curiosos no llevaban uniformes gubernamentales. No actuaban en nombre de ninguna institución.

Aunque algunos poseían contactos extraordinarios. Aunque otros tenían vínculos con personas de altos cargos. Aunque habían utilizado influencias para conseguir equipamiento, información y acceso. Ese día no representaban al Estado. Representaban solamente una obsesión. Y debajo de sus abrigos negros llevaban chalecos blindados con una palabra blanca sobre el pecho.

WHITESUN.

I. 12:07

Boruto estaba riéndose. Eso fue lo último completamente normal. Había salido al patio exterior acompañado por Mitsuki, Ren e Izan. La pequeña serpiente azul estaba alrededor del cuello de Mitsuki. Nemea caminaba entre Ren e Izan. Boruto llevaba una mochila colgada de un solo hombro.

-Te lo digo por última vez -protestaba Boruto- No eres mi tío.

Izan sonrió.

-Eso tendrás que discutirlo con internet.

-¡Internet cree que papá tiene dieciséis años y un hijo de catorce!

Ren:

-Técnicamente eso es verdad.

Boruto se detuvo.

-No ayudes.

Mitsuki sonrió.

-Tu situación familiar es compleja, mi sol.

-¡TÚ SABES PERFECTAMENTE QUÉ SIGNIFICA!

Izan estaba riendo cuando Naruto apareció detrás.

-¿Qué pasa?

Boruto señaló a Izan.

-Tu supuesto hermano me está molestando.

Naruto miró a Izan. Izan:

-Hola, hermano.

Naruto:

-¡NO TÚ TAMBIÉN!

Mía, que caminaba con Sakura e Ino unos metros detrás, gritó:

-¡SI ES NUESTRO TRILLIZO YO EXIJO UNA PRUEBA ANTES DE REPARTIR LA HERENCIA!

Deidara casi se dobló de risa. Shikamaru:

-No tienen herencia.

Mía:

-Detalles.

Todo el grupo rio. Incluso Sasuke.
Incluso Kawaki. Incluso Itachi, aunque intentó disimularlo. Y quizá precisamente por eso ninguno comprendió inmediatamente qué eran aquellas pequeñas figuras oscuras que aparecieron por encima de la multitud. Drones.
Kawaki fue el primero en mirar hacia arriba. Su sonrisa desapareció.
Gaara lo vio.

-¿Qué?

Kawaki no respondió. Un dispositivo descendió. Después otro. No hacia Naruto..No hacia Mía.
No hacia Sasuke. Hacia Boruto.

-¡BORUTO!

Demasiado tarde.

II. La trampa

El primer artefacto golpeó lateralmente. El segundo desde atrás. Boruto apenas tuvo tiempo de levantar los brazos.

CLACK.

Dos piezas metálicas se cerraron alrededor de su cabeza. Una sobre las sienes. Otra alrededor de la parte posterior. Se ensamblaron. Una especie de vincha metálica. Luces rojas. Boruto quedó inmóvil.

-¿Qué...?

El dolor llegó. No como una descarga. Como una puerta arrancada de su mente. Boruto gritó. No fue un grito de combate.
No fue el grito del chico que había soportado enfrentamientos imposibles. Fue un alarido de terror.
Naruto palideció.

-¡BORUTO!

El Jōgan se abrió. Solo. Brillante.
Violento. Boruto perdió contacto con el suelo. Treinta centímetros.
Un metro. Dos. Tres.

-¡SÁQUENME ESTO!

Se llevó ambas manos a la cabeza.

-¡SÁQUENMELO!

Mitsuki corrió. Y chocó contra algo invisible.

BOOM.

Salió despedido. Sasuke lo sujetó antes de que golpeara el suelo. Un escudo transparente había aparecido alrededor de Boruto.

-¡MI SOL!

Boruto ya no lo escuchaba. O quizá sí. Pero estaba escuchando a otro Mitsuki. Uno de hace mucho tiempo atrás.

III. La memoria

Oscuridad. Después Konoha. Otra Konoha. Antigua. Ninja. Boruto tenía quince años. Estaba arrodillado. No. No podía levantarse.
Una sombra negra recorría el suelo y sujetaba la suya. Shikadai.

-Traidor.

Boruto abrió los ojos.

-No.

Shikadai lo miraba con odio. Un odio que no pertenecía a su amigo.
Pero Boruto todavía no lo sabía.

-Mataste al Séptimo.

-¡No!

-Mataste a Naruto Uzumaki.

-¡NO!

Boruto intentó moverse. La sombra lo inmovilizaba.

-¡ÉL ES MI PADRE!

Entonces apareció Mitsuki. Rostro frío. Ojos llenos de algo que Boruto jamás había visto dirigido hacia él.
Odio.

-No vuelvas a llamarlo así.

Boruto dejó de respirar.

-Mitsuki...

-Traidor.

-No.

-Voy a matarte.

-Mitsuki, soy yo.

El ataque llegó. Boruto no podía moverse.

-¡MITSUKI!

IV. Pero no lo vio solamente Boruto

Ren cayó de rodillas en el patio.

-¿Qué...?

Hanabi intentó sujetarlo. Ren apartó las manos. No porque quisiera rechazarla. Porque acababa de verse a sí mismo. No con su rostro actual.
Como Shikadai. Su sombra. Su voz.
Su odio. Traidor.

-No...

Ren se llevó las manos a la cabeza.

-No.

Hanabi:




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