Las repercusiones comenzaron antes de que terminaran de retirar los restos de los drones. Esta vez no hubo debate nacional durante las primeras horas. No hubo analistas preguntándose si WhiteSun tenía algún punto válido.
No hubo discusiones sobre si la Academia Élite escondía conocimientos que pertenecían a la humanidad. No después de que millones de personas hubieran visto en directo a un adolescente de catorce años suspendido a tres metros del suelo, con un dispositivo alrededor de la cabeza, llorando mientras suplicaba que le creyeran inocente de un crimen cometido únicamente dentro de los recuerdos de otra existencia.
Durante veinticuatro horas hubo una sola frase repetida hasta el agotamiento: WhiteSun había cruzado todos los límites. Y entonces apareció otro problema.
Porque el miedo colectivo rara vez sabía distinguir.
I. La cacería equivocada
A las nueve de la mañana del día siguiente comenzaron los arrestos.
Primero fueron personas directamente vinculadas con los atacantes. Después colaboradores.
Después quienes habían financiado organizaciones relacionadas. Hasta allí, Itachi no dijo nada.
Pero después comenzaron a detener personas simplemente porque meses atrás habían publicado mensajes favorables a WhiteSun. Una profesora universitaria que había defendido mayor regulación de los dones. Un estudiante que había compartido una publicación. Un médico que había escrito que el conocimiento de ninjutsu médico debía investigarse científicamente. Una mujer que meses atrás había puesto:
"WhiteSun tiene razón en que debería existir mayor transparencia."
Detenida. Otro había asistido a una manifestación pacífica. Detenido.
Otro había dado "me gusta" a publicaciones. Interrogado durante horas. Cuando Shikamaru entró al despacho de Itachi con una carpeta, no necesitó explicar demasiado.
-Se fueron al otro extremo.
Itachi leyó. Su expresión se endureció.
-Esto es absurdo.
Deidara, sentado sobre una esquina del escritorio, tomó otra hoja.
-¿Detuvieron a una mujer de sesenta y ocho años porque comentó que Naruto debería enseñar ninjutsu?
-Sí.
-¿Participó en el ataque?
-No.
-¿Financió algo?
-No.
-¿Conocía a los atacantes?
-Según el expediente, no.
Deidara levantó la hoja.
-Entonces ¿qué demonios están haciendo?
Shikamaru se dejó caer en una silla.
-Pánico institucional.
Itachi cerró la carpeta.
-No voy a defender a WhiteSun.
-Nadie te lo está pidiendo -contestó Shikamaru.
-Pero tampoco voy a aceptar que una opinión se convierta automáticamente en prueba de participación criminal.
Deidara levantó un dedo.
-Eso ha sonado terriblemente sensato.
Itachi lo miró.
-Gracias.
-Me preocupa.
II. Los clanes entraron en juego
Itachi llamó primero a su padre.
Después al padre de Neji y Hanabi.
No necesitaba ejércitos. Necesitaba contactos. Registros. Relaciones políticas. Información sobre funcionarios que, públicamente, condenaban el ataque mientras posiblemente habían facilitado recursos a quienes lo ejecutaron.
Los dos líderes entendieron inmediatamente. La respuesta del Uchiha fue sencilla:
-¿Quieres nombres?
-Quiero pruebas.
Silencio. Después:
-Mucho mejor.
El padre de Neji respondió de manera similar.
-Nada de sospechas.
-Exacto.
-Nada de detener gente por opiniones.
-Exacto.
-Funcionarios, contratos, permisos, movimientos de equipos, acceso a tecnología, conexiones.
Itachi asintió.
-Eso.
Shikamaru, sentado enfrente, sonrió apenas.
-Ahora sí estamos buscando.
Deidara levantó su café.
-Y sin detener abuelas por comentarios en internet.
III. Boruto
Todos esperaban que Boruto estuviera aterrorizado. No lo estaba.
Eso desconcertó incluso a Kakashi.
Boruto estaba más callado. A veces se tocaba la sien sin darse cuenta.
A veces una imagen regresaba durante uno o dos segundos. La sombra. Shikadai. Mitsuki. La voz de aquella otra vida.
Pero el miedo no. Había otra cosa.
Una sensación casi absurda de haber recuperado vínculos que técnicamente nunca había perdido en esta existencia. Miraba a Ren de otra manera. Una tarde estaban sentados juntos en Cuarto B. Boruto lo observaba. Ren finalmente levantó la cabeza.
-¿Qué?
-Nada.
-Llevas cinco minutos mirándome.
-Estoy pensando.
-Eso generalmente termina mal.
Boruto sonrió.
-Te extrañé.
Ren quedó inmóvil.
-Boruto...
-No tú - Silencio -Bueno, sí tú. Pero...
Ren entendió. Shikadai. Bajó los ojos.
-Yo también.
Boruto estiró el brazo. Ren lo miró.
-¿Qué haces?
-Ven.
-Estamos en clase.
-Ren.
Ren resopló y se acercó. Boruto lo abrazó. Ren se quedó rígido apenas un segundo. Después respondió.
-No vuelvo a abandonarte -murmuró.
Boruto cerró los ojos.
-Ya lo sé.
IV. Y Mitsuki
Con Mitsuki había sido diferente.
Boruto parecía necesitarlo cerca.
No por miedo. Por placer. Por esa felicidad extraña de poder mirarlo y saber:
me ama.
Aquel otro Mitsuki había sido obligado a odiarlo. Este no.bEste podía elegir. Y lo elegía a él. La pequeña serpiente azul había tomado una decisión todavía más radical. Boruto se había convertido oficialmente en su perchero. Dormía alrededor de su cuello.
Comía allí. Observaba clases desde allí. Se negaba a bajar.
-Preciosa -dijo Boruto una mañana- necesito cambiarme.
La serpiente restregó la cabecita contra su mejilla.
-Eso no responde.
Otro restregón.
-Tengo que quitarme la camiseta.
La serpiente cerró los ojos. Boruto suspiró.
-Mitsuki.
-¿Sí?
-Habla con tu otra mitad.