A las diez de la mañana, Konoha comprendió que algo extraordinario estaba a punto de ocurrir. No porque Konoha Élite hubiera anunciado una conferencia de prensa. Eso, después de todo lo sucedido durante los últimos meses, ya no sorprendía demasiado.
Lo extraordinario eran los nombres que figuraban en la convocatoria. No aparecía únicamente Itachi Uchiha como director de la Academia. Ni el consejo administrativo. Ni siquiera los abogados de la institución. La convocatoria estaba encabezada por cuatro de los apellidos con mayor peso social, económico y político de Konoha.
El líder del clan Hyuuga. El líder del clan Nara. El padre de Ren, en representación de su propia casa aristocrática. Y, finalmente: El líder del clan Uchiha. Aquello bastó para que, dos horas antes de comenzar, las calles alrededor de Konoha Élite estuvieran cubiertas de móviles periodísticos.
Había corresponsales extranjeros.
Cadenas nacionales. Medios digitales. Historiadores. Analistas políticos. Especialistas jurídicos. Y una cantidad absurda de drones que Kawaki había contado siete veces porque desconfiaba de todos.
-Ciento treinta y dos -murmuró.
Gaara, a su lado, levantó una ceja.
-Hace cinco minutos eran ciento veintisiete.
-Cinco nuevos.
-¿Hostiles?
-Tres periodísticos. Uno gubernamental.
-¿Y el quinto?
Kawaki miró la pantalla.
-Un idiota transmitiendo para su canal de cocina.
Gaara lo miró. Kawaki amplió la imagen. Un hombre hablaba emocionadamente frente a la cámara mientras sostenía algo parecido a una empanada. Gaara guardó silencio.
-Déjalo -decidió.
-Eso pensaba hacer.
Aquella sería la última conversación medianamente absurda que tendrían durante bastante tiempo.
Porque dentro de la Academia,
Itachi Uchiha estaba contemplando su propia caída en cientos de titulares que todavía no existían.
I. No era la conferencia de Itachi
-Voy a hablar primero.
Shikamaru ni siquiera levantó la vista de sus documentos.
-No.
Itachi apretó la mandíbula.
-Soy el director.
-Sí.
-La información salió de la Academia.
-Parte.
-Yo facilité involuntariamente algunas filtraciones.
-También.
-Entonces voy a hablar primero.
-No.
Itachi clavó los ojos en él.
Shikamaru levantó finalmente la cabeza.
-¿Terminaste?
-No.
-Qué problemático.
-Shikamaru.
-Esta conferencia no la convocaste tú - Itachi se quedó callado -La convocamos nosotros.
El líder Nara estaba terminando de revisar un documento. A su lado se encontraba el padre de Ren. El líder Hyuuga conversaba en voz baja con sus asesores. Y el padre de Itachi
permanecía frente a una ventana.
Había envejecido en dos días. No físicamente. De otra manera. Itachi podía verlo.
Su padre cargaba exactamente con la misma culpa que había intentado devorarlo a él. Había convertido a su sobrino en su mano derecha. Le había abierto las puertas. Había confiado.en él. Había permitido que escuchara. Que conociera. Que supiera. Itachi caminó hacia él.
-Papá.
El hombre no se volvió.
-Yo lo puse allí.
Itachi cerró los ojos.
-No.
-Sí.
-No hagas esto.
Su padre soltó una risa amarga.
-Curioso.
-¿Qué?
Ahora sí lo miró.
-Eso mismo te dije cuando intentaste renunciar.
Itachi quedó callado.
-Y no me escuchaste.
-Porque...
-Porque te sentías responsable.
Silencio.
-Exactamente como yo - Itachi bajó la mirada. Su padre continuó -Era mi sobrino. Lo conocía desde que era un niño. Lo convertí en mi mano derecha. Le confié asuntos familiares. Le permití estar cerca de mis hijos.
La voz se le quebró.
-Y mientras tanto...
Itachi tomó su brazo.
-Papá.
-¿Cuántas veces te dije que podías confiar en él?
Eso dolió.
-Muchas.
-¿Cuántas veces Sasuke habló delante de él porque yo le aseguré que era familia?
-Papá...
-¿Cuántas veces...?
-Basta.
El hombre lo miró. Itachi respiró profundamente. Y dijo las palabras que apenas veinticuatro horas atrás todos habían intentado hacerle comprender a él.
-Confiar en alguien no te convierte en cómplice de aquello que hizo con tu confianza.
Su padre permaneció inmóvil. Itachi continuó:
-Él convirtió tu amor por la familia en un arma. La responsabilidad es de él.
El líder Uchiha lo contempló durante varios segundos.
-Entonces escucha tus propias palabras, hijo.
Itachi cerró los ojos. Golpe directo.
Deidara, sentado a varios metros, murmuró:
-Gracias.
Itachi giró.
-No te metas.
-No me metí.
-Acabas de hacerlo.
-Susurré.
Kakashi miró al techo. Shikamaru continuó leyendo.
-Me alegra comprobar que la relación está progresando.
Itachi lo fulminó. Deidara sonrió apenas. Todavía había dolor entre ellos. Muchísimo. Pero seguía allí.
II. La muralla ya estaba funcionando
Itachi había creído que aquella reunión de clanes había sido principalmente simbólica.
Descubrió aquella mañana cuánto se había equivocado.
-¿Qué es todo esto?
Había aproximadamente cuarenta personas en la sala contigua.
Abogados. Especialistas en comunicación. Representantes institucionales. Expertos en documentación digital. Asesores jurídicos. Shikamaru respondió:
-La razón por la cual vas a dejar de intentar salvar al mundo tú solo.
-¿Todos trabajan para nosotros?
El líder Hyuuga respondió:
-No.
Itachi lo miró.
-Trabajan para nosotros.
Señaló a los cuatro líderes.
-Plural.
El padre de Ren añadió:
-Nuestros equipos jurídicos llevan trabajando desde anoche.
Itachi quedó sorprendido.
-¿Desde anoche?
-Sí.
-¿No durmieron?
Shikamaru levantó la cabeza.