Mientras arriba Konoha ardía en el caos, tres personas continuaban trabajando. Shikamaru. Ren.
Mitsuki. Nemea quería salir. Ren sentía su furia.
-No.
Ren.
-Quédate.
Puedo proteger.
-Ya están protegiendo.
Nemea gruñó mentalmente. Ren siguió trabajando. Mitsuki encontró algo.
-Shikamaru.
-¿Qué?
-La orden no fue enviada directamente a los atacantes.
Shikamaru se acercó.
-¿Entonces?
-Pasó por nodos.
Ren abrió otra ventana.
-Muchos.
-¿Cuántos?
-Cuarenta y...
Pausa.
-No.
-¿Qué?
Ren amplió.
-Cuarenta y nueve falsos.
Shikamaru:
-¿Y reales?
Ren señaló uno. Mitsuki sonrió. No de alegría. Aquella sonrisa fría que Boruto conocía demasiado bien.
-Uno.
Shikamaru sintió que su cansancio desaparecía.
-Rastréalo.
XVIII. El enemigo observaba
Muy lejos de Konoha Élite, un hombre contemplaba múltiples pantallas. No sonreía. Había esperado un intenso terror. Lo tenía. Había esperado muerte.
También. Había esperado caos.
Muchísimo. Pero algo estaba fallando. En una pantalla, atacantes se rendían.
En otra, personas sometidas recuperaban la conciencia. En otra, la arena protegía civiles. En otra, el agua levantaba barreras. En otra,
bestias legendarias defendían una escuela. En otra un adolescente rubio permanecía de pie con los ojos cerrados. Naruto.
El hombre apretó la mandíbula. Había calculado gobiernos. Clanes. Policías. Medios. Instituciones. Había calculado a BlackSun. Había calculado al Sharingan. Había calculado incluso las bestias. Pero había cometido un error. Había pensado en Naruto como un arma extremadamente poderosa. No como una red. No había calculado que una sola mente pudiera alcanzar simultáneamente tantas otras. Un asistente se acercó.
-Señor...
-¿Cuántos hemos perdido?
-Demasiados.
-¿Muertos?
-No.
Eso lo enfureció todavía más.
-Rendidos.
Silencio.
-¿Y los condicionados?
-Algunos están despertando.
El Sharingan apareció en los ojos del hombre.
-Uzumaki.
XIX. Una guerra que Naruto se negaba a librar como él quería
Naruto encontró otro centenar.
Podría haber destruido sus mentes.
Lo sabía ahora. Después de lo ocurrido días atrás, sabía exactamente hasta dónde podía llegar. Pero no lo hizo. Una idea. Una sola.
Ríndete.
Algunos resistieron. Naruto insistió.
No borró recuerdos. No destruyó identidades. No convirtió a nadie en esclavo. Simplemente empujó una salida dentro del frenesí.
Ríndete.
Y decenas eligieron tomarla. Ino comprendió la diferencia.
-Podrías obligarlos a mucho más.
Naruto abrió los ojos.
-Sí.
-¿Por qué no?
Naruto miró las calles.
-Porque entonces estaría demostrando que él tenía razón sobre nosotros.
Ino sonrió tristemente.
-Ahí estás.
Naruto la miró.
-¿Dónde?
-Volviste.
Él entendió. Aquellos tres días. La dureza. La venganza. El silencio.
Naruto miró sus manos.
-Estoy intentando.
XX. La Academia resistía
Deidara había creado para entonces una situación que ningún manual de seguridad institucional habría podido prever. Había escritorios bloqueando accesos. Percheros persiguiendo a los intrusos. Cortinas envolviendo los tobillos. Una fotocopiadora avanzaba lentamente por el corredor. Kakashi se quedó mirándola.
-Deidara.
-¿Qué?
-¿Para qué sirve esa?
Deidara observó la fotocopiadora.
-No sé.
La máquina alcanzó a un atacante.
Le imprimió una hoja. El hombre la miró.
DETENIDO.
Kakashi se quedó en silencio.
Deidara también.
-Eso fue idea suya.
-Claro.
-Te juro que sí.
Itachi apareció. Miró la fotocopiadora. Miró el papel. Miró a Deidara.
-No voy a preguntar.
-Excelente liderazgo.
La máquina imprimió otra hoja.
DIRECTOR AMARGADO.
Silencio. Deidara abrió muchísimo los ojos.
-¡YO NO LE DI ESA ORDEN!
Itachi miró la máquina. La máquina retrocedió.
-Inteligente -murmuró Kakashi.
Y por primera vez desde que había descubierto la traición de su primo,
Itachi soltó una carcajada. Breve.
Incrédula. Pero real. Deidara lo miró.
Y sonrió. Después una explosión volvió a recordarles dónde estaban.
Itachi recuperó inmediatamente el mando.
-¡TODOS A SUS POSICIONES!
XXI. El rastro
Abajo, Ren dejó de respirar.
-Lo tengo.
Shikamaru se inclinó.
-¿Qué tienes?
-El nodo real.
Mitsuki revisó.
-No necesariamente su ubicación.
-No.
Ren siguió.
-Pero cometió algo.
-¿Qué?
-La fase final necesitaba confirmación después de activarse.
Shikamaru comprendió.
-Una comunicación bidireccional.
-Exactamente.
Mitsuki comenzó a rastrear. Una ruta. Otra..Otra. Saltos internacionales. Servidores falsos. Redes privadas. Hasta que una dirección desapareció. Mitsuki frunció el ceño.
-La cerró.
Ren sonrió.
-Demasiado tarde.
-¿La guardaste?
-Sí.
Shikamaru miró la ubicación aproximada. No era suficiente para entrar en una casa. Pero era muchísimo más de lo que tenían hacía una hora.
-Llamen a Kawaki.
Ren negó.
-Está peleando.
-A Gaara.
-También.
Mitsuki tomó el teléfono.
-Entonces esperaremos cinco minutos.
Shikamaru lo miró.
-¿Por qué cinco?
Mitsuki miró la pantalla.
-Porque dentro de cinco minutos sabremos si esto es una pista...
Sus ojos dorados se endurecieron.
-...o la primera ubicación real que ese hombre nos entrega desde que comenzó todo.
XXII. Afuera
El número de atacantes comenzó a disminuir. No porque hubieran sido exterminados. Porque estaban cayendo. Rindiéndose. Despertando. Siendo detenidos. Los servicios de emergencia avanzaban detrás de las zonas recuperadas.