El Legado De Las Almas

Antes de partir

Faltaban menos de veinte minutos.
El equipo terminaba de prepararse en distintos sectores de Konoha Élite. Había computadoras encendidas, planos extendidos, armas auténticas que Kawaki había extraído de su dimensión y voces que repasaban por última vez rutas, señales y protocolos.

Pero Deidara no estaba allí. Itachi lo encontró solo en uno de los balcones posteriores de la Academia. El rubio contemplaba las luces de Konoha. Llevaba las manos en los bolsillos y el cabello recogido de cualquier manera. Por primera vez en horas no bromeaba. Itachi cerró la puerta detrás de sí.

-Deidara.

Él giró.

-¿Ya nos vamos?

-En unos minutos.

-Perfecto.

Deidara intentó pasar junto a él. Itachi le sujetó suavemente la muñeca.

-No vine a hablar de la misión.

El rubio se detuvo. Durante unos segundos ninguno dijo nada. Itachi había pensado muchas veces cómo mantener aquella conversación. Había construido frases perfectas. Ordenadas. Racionales. Al tenerlo delante, ninguna sirvió.

-Perdóname.

Deidara frunció el ceño.

-¿Qué?

-Perdóname.

-Itachi, tú ya...

-No. -Lo interrumpió con suavidad- Ahora me toca a mí.

Deidara dejó de moverse. Itachi bajó la mirada.

-Cuando descubrí que sabías la verdad sobre mi primo y no me la habías contado... quise herirte.

El rubio tragó saliva. Ambos recordaban demasiado bien aquellas palabras.

Ya no te amo.

Jamás volveré a confiar en ti.

Tuve que soportar tus ridiculeces y así me pagaste.

Itachi cerró los ojos un instante.

-Sabía exactamente dónde golpearte.

Deidara intentó responder.

-Estabas destrozado.

-Eso lo explica. No lo convierte en correcto - Aquello lo silenció. Itachi volvió a mirarlo -Te dije que no te amaba cuando sabía perfectamente que eras la persona que más necesitaba en ese momento.

Los ojos celestes comenzaron a humedecerse.

-Itachi...

-Te acusé de traicionarme cuando llevabas días protegiéndome. Te llamé ridículo cuando precisamente tus ridiculeces fueron una de las pocas cosas capaces de hacerme reír mientras mi vida se estaba cayendo a pedazos.

Deidara bajó la cabeza. Itachi se acercó.

-Y te golpeé.

-No me hiciste...

-Lo hice.

Itachi no permitió que lo minimizara.

-Y tú te quedaste.

Silencio.

-Te dije que te fueras. Te dije que no te quería. Intenté destruir nuestra relación porque necesitaba castigar a alguien y tú eras la persona que sabía que seguiría amándome incluso mientras yo estaba siendo insoportable.

Una lágrima cayó por el rostro de Deidara. Itachi la retiró con el pulgar.

-Eso fue cruel.

Deidara cerró los ojos.

-Tenías derecho a odiarme.

-No.

La respuesta fue inmediata.

-Tenía derecho a sentirme herido. Tenía derecho a estar furioso. No tenía derecho a convertir mi dolor en un arma contra ti.

Deidara abrió los ojos. Itachi estaba llorando también.

-Gracias.

-¿Por qué?

-Por quedarte.

Otra lágrima.

-Por protegerme incluso cuando yo no sabía que necesitaba protección. Por impedir que siguiera entregándole información a ese hombre. Por aceptar que yo te odiara durante unas horas si eso significaba mantenerme vivo y mantener a salvo a mi familia.

La voz de Itachi se quebró.

-Gracias por quererme de una manera que yo todavía no sé si he sabido devolverte.

Eso sí hizo reaccionar a Deidara.

-No digas eso.

-Es verdad.

-No.

Deidara tomó su rostro entre las manos.

-No necesito más.

Itachi negó.

-Yo quiero darte más.

El rubio quedó inmóvil.

-Te mereces más que alguien que solamente recurra a ti cuando está cayéndose. Te mereces que confíe en ti cuando estoy bien. Que te proteja como tú me proteges. Que te defienda. Que sea tu lugar seguro también.

Deidara ya no pudo contener las lágrimas. Itachi apoyó la frente contra la suya.

-Quiero amarte con la misma lealtad con la que tú me amas.

Deidara soltó una risa rota.

-Eso va a ser difícil.

Itachi levantó una ceja.

-¿Por qué?

-Porque yo estoy completamente loco por ti.

Itachi rio entre lágrimas.

-Eso ya lo sabía.

-No. No lo sabes.

Algo cambió en Deidara. Desapareció la broma.

-Itachi... tú eres mi razón.

Itachi dejó de sonreír. Deidara respiró profundamente.

-No hablo solamente de estar enamorado de ti. Hablo de que antes de ti podía existir perfectamente... pero no encontraba demasiado sentido en hacerlo.

-Deidara...

-Déjame terminar.

Itachi guardó silencio.

-Yo podía divertirme. Crear. Destruir. Provocar. Buscar algo más grande, más hermoso, más intenso que lo anterior. Pero siempre necesitaba otra cosa después. Nada duraba.

Miró sus propias manos.

-Entonces apareciste tú.

Sus ojos regresaron a Itachi.

-Y por primera vez encontré algo que no quería destruir para descubrir cómo se sentía.

Itachi sintió que algo se rompía dulcemente dentro de él.

-Eres la única persona por la que quiero despertarme mañana. La única que consigue que piense que estar vivo dentro de veinte, treinta o cincuenta años podría ser extraordinario.

Itachi acarició su rostro.

-No quiero ser tu única razón para vivir.

Deidara sonrió tristemente.

-Sabía que dirías eso.

-Quiero ser una de las más importantes. Puedo aceptar incluso ser la primera.

-Eres descaradamente ambicioso.

-Soy Uchiha.

Deidara soltó una carcajada entre lágrimas. Itachi continuó:

-Pero quiero que tengas más razones. Tu arte. Tus alumnos. Tus amigos. Todo lo que todavía no conoces. Todo lo que quieras crear.

Besó su frente.

-Y quiero estar contigo mientras las encuentras.

Deidara lo contempló durante varios segundos.

-Entonces quédate mucho tiempo.

-Esa es la intención.




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