La montaña no parecía esconder nada. Ese fue el primer pensamiento de Naruto cuando los vehículos se detuvieron a varios kilómetros del punto marcado por Ren, Mitsuki y Shikamaru. Bosque.
Roca. Niebla. Una vieja instalación industrial abandonada que llevaba décadas oxidándose bajo la lluvia.
Nada que justificara los cientos de señales biométricas que Naruto podía sentir bajo sus pies. Nada que explicara el miedo..Pero estaba allí.
Cientos de mentes. Algunas dormidas. Otras aterrorizadas. Muchas confusas. Y otras cubiertas por algo oscuro, ajeno, pegajoso.
Control. Naruto cerró los ojos. Kurama permanecía diminuto sobre su hombro. Mía se colocó a su derecha. Deidara, a su izquierda. Los tres contemplaron la montaña.
-Están ahí -murmuró Naruto.
Itachi se acercó.
-¿Cuántos?
Naruto no contestó inmediatamente. Su percepción se expandió. Telepatía. Después cronoquinesis. Durante una fracción de segundo, el mundo exterior pareció volverse insoportablemente lento. Naruto contó. Sintió. Separó.
Prisioneros. Guardias. Personas controladas. Personas voluntarias.
Mentes rotas por meses o años de cautiverio. Niños. Naruto abrió los ojos. Habían transcurrido menos de dos segundos.
-Todos.
Itachi frunció el ceño.
-¿Todos qué?
-Todos los prisioneros siguen vivos.
Algo cambió en el grupo. Sakura apretó los puños. Kakashi miró la montaña. Kawaki respiró profundamente.
-Entonces sacamos a todos.
Naruto asintió.
-Absolutamente a todos.
Deidara sonrió.
-Y después puedo romper cosas.
Itachi lo miró.
-Después puedes inmovilizar cosas.
-¿Personas cuentan como cosas?
-No.
-Qué legislación tan restrictiva.
-Deidara.
El rubio levantó ambas manos.
-Salvar primero. Delincuencia artística después.
-Tampoco.
-Eres imposible de complacer.
Itachi se acercó y le acomodó tranquilamente el cuello del abrigo.
-Vuelve conmigo.
La sonrisa de Deidara desapareció un instante.
-Siempre.
Naruto los miró.
-¿Terminaron?
Deidara:
-Celoso.
-Tengo novia.
-Eso no responde.
Mía empujó a ambos.
-¿Podemos invadir la fortaleza secreta del psicópata antes de que empiecen a coquetear entre ustedes?
Itachi cerró los ojos.
-Gracias, Mía.
Deidara pareció escandalizado.
-¡YO NO ESTABA COQUETEANDO CON NARUTO!
-¡YO TAMPOCO!
-¡Perfecto! -gritó Mía- ¡ENTONCES ENTREMOS!
Y así comenzó.
I. La montaña abrió los ojos
Kawaki encontró la entrada. No la abrió. Deidara se acercó.
-Déjame.
-Está blindada.
-Ya veo.
-Cincuenta centímetros de aleación reforzada.
-Preciosa.
Kawaki lo miró.
-No quiero saber.
Deidara apoyó la palma. Cerró los ojos. Nada ocurrió. Durante tres segundos. Cuatro. Cinco. Entonces...
CLONC.
El mecanismo interior giró. Kawaki parpadeó. Otro cerrojo.
CLONC.
Otro.
CLONC.
Otro.
La gigantesca puerta vibró. Deidara retiró la mano.
-Buenos días.
La puerta se abrió sola. Kakashi levantó una ceja.
-¿Le dijiste buenos días?
-La educación es fundamental.
Itachi:
-Entramos.
La oscuridad los recibió. Entonces se encendieron las luces. Una. Otra.
Otra. Otra. Hasta revelar un corredor que parecía no terminar jamás. Metal. Hormigón. Cámaras. Puertas blindadas. Sensores. Armas automáticas. Deidara miró aquello. Y sonrió. Itachi vio esa sonrisa.
-No.
-Pero...
-Control.
-Sí, mi amor.
-Deidara.
-¿Qué? Estoy siendo obediente.
Una cámara giró hacia ellos. Deidara la miró.
-Tú no.
La cámara giró ciento ochenta grados. Y comenzó a observar el corredor enemigo. Kakashi soltó aire.
-Esto va a ser largo.
II. Despertar
La primera línea de defensa apareció después de treinta metros.
Treinta soldados. Algunos voluntarios. Otros con aquella mirada vacía que Naruto ya reconocía.
-No maten a los controlados -ordenó Itachi.
-Ni a los otros si podemos detenerlos -añadió Naruto.
Deidara levantó una mano.
-Mi turno.
-Deidara...
-Itachi, confía.
Eso bastó. Itachi bajó la mano. Deidara sonrió. Después chasqueó los dedos. El corredor despertó. Las puertas se cerraron detrás de los soldados. Las luces comenzaron a girar. Los casilleros metálicos se abrieron violentamente. Los bancos se levantaron. Los carros de transporte adquirieron movimiento.
Las armas automáticas montadas en las paredes giraron. Los soldados levantaron las suyas.
-¡NO! -gritó Itachi.
Deidara ni siquiera lo miró.
-Tranquilo.
Las armas automáticas dispararon.
A las armas enemigas. Metal contra metal. Cañones inutilizados. Los soldados quedaron atónitos. Entonces llegaron los bancos.
PAM.
Uno golpeó piernas. Otro bloqueó una salida. Un carro de limpieza avanzó a una velocidad absolutamente impropia de un carro de limpieza.
-¡¿QUÉ DEMONIOS?! -gritó un soldado.
Deidara abrió los brazos.
-¡BIENVENIDOS A KONOHA ÉLITE!
El carro lo embistió. No con fuerza mortal. Sí con suficiente entusiasmo para mandarlo al suelo.
Kakashi apareció mediante teletransportación junto al hombre caído, retiró su arma y desapareció nuevamente. Deidara gritó:
-¡ESA ERA MI CAPTURA!
Kakashi reapareció.
-No estamos contando puntos.
-Yo sí.
Itachi:
-Nadie está contando puntos.
Naruto:
-Yo llevo nueve.
Itachi giró.
-¡NARUTO!
-Era broma.
Mía:
-Lleva doce.
-¡MÍA!
Ella sonrió. Y entonces el techo comenzó a disparar.
III. Los tres
Naruto ni siquiera levantó las manos. Las balas se detuvieron.
Todas. Suspendidas. Mía giró la muñeca. Las armas que las habían disparado fueron arrancadas de las manos enemigas. Naruto las elevó.
Mía las comprimió contra una pared. Metal doblándose. Inservible.
Deidara miró.