El enemigo había perdido demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. Había perdido la fortaleza. Había perdido a sus soldados. Había perdido a los prisioneros. Había perdido el control sobre la mitad del clan Uchiha. Había perdido al Juuby.
Y, quizás lo que más hería su orgullo, había perdido al Juuby no porque alguien se lo hubiera arrebatado, sino porque la bestia había elegido. Ahora el antiguo Diez Colas estaba reducido al tamaño de un pequeño animal de fuego, instalado cómodamente sobre el hombro de Izan, con las diez colitas rodeándole el cuello como si aquel lugar le hubiese pertenecido desde siempre.
El líder de Eclipse miró aquello. Después miró a Naruto. A Itachi. A Deidara. Los tres estaban frente a él. Naruto en el centro. Itachi a la derecha. Deidara a la izquierda. Y detrás de ellos la fortaleza parecía respirar. Porque Deidara seguía conectado a ella. Puertas. Tuberías.
Fragmentos de metal. Lámparas.
Cables. Muebles. Hasta aquella silla que había desarrollado una inexplicable antipatía personal hacia el enemigo. Deidara la señaló.
-Tú quédate quieta.
La silla avanzó cinco centímetros.
-He dicho quieta.
Retrocedió. Itachi lo miró de reojo.
-No quiero preguntar.
-Está furiosa.
-Es una silla.
-No seas intolerante.
Naruto soltó una carcajada. El enemigo los miró con un odio feroz.
-¿Han terminado?
Naruto dejó de reír.
-Sí - Sus ojos celestes se endurecieron -Ahora sí.
Y el aire explotó.
I. Los últimos Uchiha
A varios corredores de distancia, Boruto sostenía todavía a seis miembros del clan mediante aquellas enormes colas de chakra que no comprendía. Mitsuki mantenía a otros cinco atrapados entre serpientes de energía azul.
Hanabi estaba agotada. Neji también. Daichi tenía la respiración entrecortada. Izan...
Bueno, Izan estaba mirando fijamente su propia mano mientras una esfera de Arena de Hierro flotaba sobre ella.
-Esto es rarísimo.
Daichi lo miró.
-¿Podrías tener tu crisis existencial después?
Izan levantó la mirada.
-Estoy intentando.
Juuby restregó la cabecita contra su mejilla. Izan inmediatamente sonrió.
-Tú no tienes la culpa.
Hanabi lo miró.
-¿Ya le hablas como si llevaran diez años juntos?
-Él empezó.
Juuby:
Mi humano.
Hanabi sonrió.
-Sí. Definitivamente ya está perdido.
-¡No estoy perdido!
Una pequeña cola de fuego le acarició la otra mejilla. Izan se derritió.
-Bueno, un poco.
Boruto gritó:
-¡¿PODEMOS TERMINAR DE SALVAR A LA GENTE?!
-¡TÚ TIENES NUEVE COLAS GIGANTES DETRÁS!
-¡NO SÉ QUÉ HACER CON ELLAS!
Mitsuki lo miró.
-Las estás usando bastante bien.
-¡ESE ES EL PROBLEMA!
Boruto movió accidentalmente un brazo. Una de las colas imitó el movimiento y levantó a un Uchiha tres metros.
-¡PERDÓN!
El hombre controlado intentó lanzarle fuego.
-¡BUENO, TAMPOCO TE ENOJES!
Hanabi casi perdió la concentración por la risa. Neji:
-Boruto.
-¿Qué?
-Acércalo.
Boruto pensó. La cola respondió inmediatamente. El Uchiha descendió delante de Neji. Byakugan. Neji encontró la última estructura mental impuesta.
Golpe preciso. El Sharingan se apagó. El hombre cayó.
-Otro.
Boruto lo miró.
-Eso fue genial.
-Siguiente.
-Sí, señor.
Neji levantó una ceja.
-No vuelvas a llamarme así.
-Sí, señor.
-Boruto.
Mitsuki sonrió.
II. El Kyūbi humano desaparece
Quedaban pocos. Boruto y Mitsuki los sostenían. Izan, Hanabi, Neji y Daichi los liberaban. Sasuke y Akio reconocían a cada familiar recuperado. Ino comprobaba sus mentes. Gaara mantenía las barreras. Ren ayudaba a trasladar heridos. Sakura y Kakashi aparecían y desaparecían llevando grupos fuera de la fortaleza. Finalmente Hanabi tocó al último.
-Lo tengo.
Byakugan. Localizó la conexión.
Daichi se acercó.
-Yo también.
Neji:
- Córtenla.
Ambos golpearon simultáneamente. El Sharingan del hombre desapareció. Silencio.
Sasuke contó. Una vez. Dos. Akio volvió a hacerlo. Itachi, conectado mentalmente a través de Naruto desde la otra cámara, escuchó la confirmación. Todos. La mitad del clan Uchiha sometida por Eclipse
estaba libre. Sasuke cerró los ojos.
Una lágrima descendió por su mejilla.
- Sáquenlos.
Sakura apareció.
-Vamos.
Kakashi llegó junto a ella. Los dos comenzaron la evacuación final.
Grupos pequeños. Controlados. Los heridos primero. Los más desorientados después. Sasuke se quedó hasta que desapareció el último miembro de su familia.
Entonces miró a Akio.
-Ve con ellos.
Akio negó.
-Me quedo.
- Necesitan a alguien del clan que les explique qué ocurrió cuando lleguen.
Akio comprendió. Miró hacia donde Itachi estaba luchando.
-Trae al director de regreso.
Sasuke asintió.
-Lo haré.
Kakashi tocó el hombro de Akio.
Desaparecieron. Sakura regresó.
-Último viaje.
Y desapareció con el grupo final.
Boruto respiró aliviado.
-Terminamos.
Mitsuki asintió.
-Sí.
Y entonces...
puf.
Boruto parpadeó. Las nueve colas desaparecieron. Todo el chakra monstruoso se replegó instantáneamente.
-...
Boruto se miró. Miró detrás. Giró sobre sí mismo.
-¿Dónde están?
Mía:
-¿Qué cosa?
-¡MIS COLAS!
Mitsuki levantó una ceja. Y su gigantesca serpiente de chakra desapareció también.
Puf.
Mitsuki miró detrás de sí.
-La mía también desapareció.
Boruto lo señaló.
-¡¿QUÉ HICISTE?!
-Nada.
-¡YO TAMPOCO!
Mía se acercó.
-¿Cómo volvieron a la normalidad?
Ambos respondieron simultáneamente:
-No sabemos.
Shikamaru cerró los ojos.