El Legado De Las Almas

El derecho a decir no

las ocho y cuarenta y tres de la mañana, Itachi Uchiha descubrió que existían cosas capaces de resultarle más agotadoras que una guerra contra Eclipse. Una de ellas era la frase:

«interés científico nacional».

La segunda era:

«evaluación extraordinaria obligatoria».

Y la tercera acababa de llegar en una carpeta de ciento ochenta y siete páginas. Itachi estaba sentado detrás del escritorio de dirección de Konoha Élite, vestido de negro, con las mangas remangadas y una expresión tan severa que cualquier alumno razonable habría confesado delitos que ni siquiera había cometido.

Deidara estaba apoyado contra un lateral del escritorio. Shikamaru ocupaba un sillón con una carpeta sobre las piernas. Kakashi bebía café. Akio estaba junto a la biblioteca. Daichi, cerca de la ventana. Y el enorme dragón legendario de Itachi estaba tendido detrás del escritorio, con la cabeza apoyada en el suelo y los ojos semicerrados. Parecía dormido.
No lo estaba. Todos lo descubrirían muy pronto.

-Voy a leerlo otra vez -dijo Shikamaru.

Deidara levantó una mano.

-No.

-Tengo que hacerlo.

-No necesitas lastimarte.

-Soy vicedirector.

-Precisamente. Tienes una vida por delante.

Shikamaru ignoró aquello.

-"Solicitud extraordinaria de colaboración científico-institucional para caracterización integral de capacidades excepcionales con relevancia estratégica nacional".

Deidara señaló la carpeta.

-Cuando una oración necesita dieciséis palabras para decir "queremos experimentar con ustedes", algo anda mal.

Kakashi bebió café.

-Tiene razón.

Itachi levantó la mirada.

-No lo alientes.

-También tienes razón.

Akio miró a Kakashi.

-¿Siempre haces eso?

-¿Qué?

-Darles la razón a todos.

-Reduce conflictos.

Daichi miró a Itachi y Deidara. Después a Shikamaru.

-No parece funcionar.

-Con ellos nada funciona.

Deidara sonrió.

-Gracias.

-No era un elogio.

-Lo acepto igual.

Shikamaru continuó.

-Quieren evaluar a Itachi bajo activación progresiva del Sharingan y Mangekyō.

El dragón abrió un ojo. Deidara dejó de sonreír. Itachi respondió inmediatamente:

-No.

-Quieren medir actividad cerebral antes, durante y después.

-No.

-Extracciones periódicas de sangre y chakra.

-No.

-Estimulación emocional controlada para determinar si...

-No.

La voz de Itachi cambió. Shikamaru levantó los ojos.

-No terminé.

-No necesitas terminar.

Deidara extendió la mano.

-Déjame leer mi parte.

Shikamaru dudó.

-¿Seguro?

-Quiero saber qué quieren hacerme.

Le entregó el documento..Deidara leyó. Su expresión divertida desapareció poco a poco.

-"Pruebas de animación progresiva sobre objetos de masa creciente".

Itachi lo observó.

-Eso, voluntariamente y con límites, podría discutirse.

Deidara siguió.

-"Evaluación de respuesta ante estímulos de estrés emocional".

Itachi:

-No.

-"Determinación del punto de saturación mental".

-No.

Deidara levantó la mirada.

-"Inducción experimental de pérdida parcial de control".

Silencio. El dragón levantó la cabeza.
Itachi tomó la carpeta. La cerró.

-No.

Aquella vez ninguno bromeó.
Shikamaru asintió.

-Legalmente tampoco tienen fundamento para imponerlo. La Academia es privada, ustedes no están detenidos, no existe orden judicial válida que autorice experimentación humana forzada y ninguna declaración genérica de interés nacional reemplaza el consentimiento.

Kakashi dejó la taza.

-Entonces respondemos formalmente.

-Ya lo hicimos.

Daichi frunció el ceño.

-¿Y siguen insistiendo?

Shikamaru suspiró.

-Sí.

Deidara volvió a sonreír. Pero ya no era una sonrisa divertida.

-Entonces van a aprender una palabra nueva.

Akio:

-¿Cuál?

-No.

I. Los clanes

Aquella misma mañana llegó la respuesta conjunta. El clan Uchiha fue el primero. Después los Hyuuga.
Los Nara. La familia aristocrática de Ren. Y detrás de ellos aparecieron representantes jurídicos de varias familias que habían respaldado Konoha Élite durante años. La postura era sorprendentemente uniforme.

Podía existir cooperación científica.
Podían diseñarse estudios. Podían realizarse entrevistas. Incluso podían negociarse investigaciones longitudinales. Pero todo empezaba y terminaba con una palabra:

consentimiento.

Itachi podía aceptar o negarse.
Deidara podía aceptar o negarse.
Naruto podía aceptar o negarse. Y ser excepcionalmente poderosos no reducía sus derechos. Cuando Deidara leyó el comunicado, apoyó una mano dramáticamente sobre el pecho.

-La aristocracia me ama.

Shikamaru:

-No dice eso.

-Lo siento entre líneas.

-Dice "la autonomía corporal y mental de todo ciudadano".

-Eso significa Deidara.

Itachi:

-No.

-Para mí sí.

El dragón abrió nuevamente un ojo.
Y entonces los seis adultos escucharon por primera vez su voz simultáneamente.

Podemos comernos a los científicos.

Silencio. Kakashi dejó de beber. Akio quedó inmóvil. Daichi parpadeó. Shikamaru cerró lentamente los ojos. Itachi giró hacia su dragón.

-No.

El dragón inclinó la cabeza.

Periodistas también.

-No.

Deidara miró fascinado a la bestia.

-Me agrada.

Itachi:

-No.

-Ni siquiera dije nada.

-Sé lo que estás pensando.

El dragón:

Yo también.

Deidara sonrió.

-¿Ves?

Itachi se llevó una mano a la frente.

-Perfecto.

Kakashi miró al dragón.

-¿Siempre habla?

Itachi:

-Sí.

-¿Y siempre piensa así?

Itachi miró a Deidara. Después al dragón.




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