El Legado De Las Almas

Mi humano

El problema con el Juuby era que todos habían confundido su tranquilidad con docilidad. Y no eran lo mismo. En absoluto.

Desde que había sido liberado del control de Eclipse y había elegido a Izan, el Diez Colas se había mostrado extraordinariamente sereno. Pasaba buena parte del día reducido al tamaño de un gato, instalado sobre el hombro del muchacho, con sus diez pequeñas colas de fuego alrededor de su cuello como una bufanda viviente.
Dormía. Observaba. Escuchaba. Y, sobre todo, adoraba a Izan.

Mi humano.

Lo repetía constantemente. Cuando Izan desayunaba.

Mi humano.

Cuando estudiaba.

Mi humano.

Cuando intentaba caminar mientras Kurama, Matatabi, Nemea, Yoru y la serpiente azul querían acercarse todos simultáneamente.

Mi humano.

Cuando Gaara intentaba enseñarle a controlar la Arena de Hierro y terminaba con medio patio cubierto de Satetsu.

Mi humano.

Izan ya había dejado de corregirlo. El problema comenzó cuando el resto del mundo decidió que aquella criatura recién liberada era un objeto extraordinariamente interesante. Y que su humano era todavía más interesante.

I. El Diez Colas descubrió a los científicos

El primer incidente ocurrió un martes. Izan salía de Biología cuando tres investigadores autorizados para trabajar exclusivamente con muestras de chakra de los alumnos voluntarios lo encontraron en el corredor.

-¡Izan!

El muchacho se detuvo. Error.

-¿Sí?

Uno de ellos sonrió.

-Queríamos preguntarte algo sobre el Juuby.

Izan miró al pequeño animal sobre su hombro.

-Está descansando.

-Precisamente. Nos gustaría obtener una pequeña muestra de sus llamas.

Juuby abrió un ojo.

-No creo que quiera.

-Sería completamente indoloro.

Izan bajó la mirada.

-Igualmente...

-Solamente unos segundos.

-Prefiero que no.

-Pero podría ayudarnos enormemente.

Izan guardó silencio. Aquello fue interpretado como debilidad.

-Además, tú podrías proporcionarnos una muestra de Arena de Hierro.

-No sé controlarla todavía.

-Precisamente por eso sería interesante.

Juuby abrió el segundo ojo. Uno de los científicos levantó un dispositivo.

-Podríamos incluso intentar provocar una respuesta...

GRRRRRRR.

Los tres se quedaron inmóviles. Izan también. El diminuto Juuby enseñaba unos dientes que no parecían particularmente diminutos.

No.

El científico bajó el aparato.

-Solo pretendíamos...

No.

Izan acarició una de sus pequeñas colas.

-Vamos.

Se marchó. Cuando doblaron la esquina, Juuby pensó:

Quiero incinerarlos.

Izan casi tropezó.

-¡No!

Un poco.

-¡Tampoco!

Las piernas.

-¡JUUBY!

La criatura apoyó la cabeza contra su cuello.

Humanos molestos.

Izan suspiró.

-No puedes quemar a cada persona que te moleste.

Juuby guardó silencio. Demasiado tiempo.

-Juuby.

Estoy considerando las desventajas.

-¿Y?

No encuentro muchas.

II. Después llegaron los periodistas

Aquello fue peor. Porque los periodistas habían descubierto que Izan era tímido. Naruto decía no.
Boruto discutía. Mía podía destrozarlos verbalmente. Sasuke simplemente los miraba hasta hacerlos reconsiderar sus decisiones vitales. Hanabi sabía perfectamente cómo cerrar una conversación.

Kawaki podía desaparecer. Gaara tenía una habilidad extraordinaria para conseguir que una persona se sintiera estúpida sin insultarla. Pero Izan...

Izan bajaba la mirada. Decía:

-Perdón, tengo clase.

Y trataba de irse. Entonces lo seguían.

-¡Izan! ¿Es cierto que eres la reencarnación de Shinki?

-No sé.

-¿Consideras a Gaara tu padre?

-Es complicado.

-¿Puedes demostrar la Arena de Hierro?

-No.

-¿El Juuby duerme contigo?

-A veces.

-¿Qué come?

-Comida.

-¿Puede volver a su tamaño completo?

-Sí.

-¿Puedes pedirle que lo haga?

-No.

-¿Por qué te eligió?

Izan se quedaba callado. Porque tampoco lo sabía. Juuby sí tenía respuesta.

Porque eres mi humano.

Pero cada vez le gustaba menos que otros humanos se acercaran.
Primero comenzó a abrir los ojos.
Después a levantar la cabeza. Luego enseñaba los dientes. Y finalmente
gruñía. Siempre. Periodista.

Grrrr.

Científico.

Grrrr.

Desconocido demasiado cerca.

Grrrrrr.

Una mañana Deidara pasó junto a ellos. Juuby ni se movió. Deidara se detuvo.

-¿A mí no me gruñes?

Juuby:

Eres raro.

Deidara sonrió.

-Gracias.

Izan:

-No creo que haya sido un cumplido.

Sí.

Deidara se llevó una mano al pecho.

-¡Lo sabía!

III. Nadie vio lo que estaba ocurriendo

Ese fue el verdadero problema. Todos sabían que Izan recibía atención. Nadie comprendió inmediatamente cuánto. Porque Izan no decía nada. No contó que algunos alumnos mayores comenzaron a llamarlo mascota del Diez Colas. No contó que otros decían que había tenido suerte de que sus poderes aparecieran justo cuando la Academia estaba llena de periodistas.

No contó que una chica de un curso superior le había preguntado burlonamente si ahora necesitaba "dos padres", Gaara y el fantasma de su antigua vida. No contó que alguien había escrito en su casillero:

SHINKI DE OFERTA.

Lo borró. No contó nada. Juuby lo vio. Todo. Vio cómo Izan sonreía débilmente. Cómo decía que no importaba. Cómo esperaba que los corredores quedaran vacíos para irse. Cómo cambiaba de ruta. Cómo se sentaba cada vez más lejos de otros estudiantes. Cómo empezaba a comer el almuerzo en lugares donde nadie pudiera encontrarlo. Y Juuby recordaba.




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