El Legado De Las Almas

Libertad provisional

La noticia llegó a Konoha Élite a las nueve y seis de la mañana. A las nueve y siete nadie hablaba. A las nueve y ocho Shikamaru había leído tres veces el mismo documento porque seguía esperando encontrar una palabra que cambiara su significado.

No la encontró. El líder de Eclipse estaba en libertad. No absuelto. No declarado inocente. No libre de cargos. La investigación continuaba, el proceso judicial seguía abierto y las pruebas reunidas contra él no habían desaparecido. Pero sus abogados habían conseguido que abandonara la custodia mientras avanzaba el proceso, sujeto a las condiciones impuestas por la justicia.

La distinción jurídica era enorme.
Emocionalmente, para quienes habían estado dentro de aquella fortaleza, significaba muy poco.
Habían peleado. Habían liberado prisioneros. Habían enfrentado a miembros Uchiha esclavizados sin matarlos. Habían arrancado al Juuby de una dominación mental. Habían enfrentado al responsable de Eclipse. Naruto, Itachi y Deidara habían llegado hasta él.

Kawaki había visto caer al hombre relacionado con la destrucción de su familia. Sasuke había visto liberarse a los suyos. Izan había despertado la Arena de Hierro. Boruto y Mitsuki habían desatado algo que ni siquiera comprendían. Y al final habían tomado una decisión.
Entregarlo vivo. Confiar en la justicia. Ahora estaba afuera.
Deidara fue el primero en romper el silencio.

-Repítelo.

Shikamaru no levantó la cabeza.

-No.

-Repítelo.

-Lo escuchaste.

-Quiero escucharlo otra vez porque mi cerebro está rechazando activamente la información.

Itachi estaba completamente inmóvil. Kakashi había dejado el café sobre el escritorio. Akio tenía los brazos cruzados. Daichi observaba a Shikamaru como si esperara que en cualquier momento dijera que se trataba de un error administrativo. Pero no lo era.

-Sus abogados consiguieron la libertad mientras continúa el proceso -explicó Shikamaru- Eso no significa que haya sido exonerado.

Deidara soltó una risa seca.

-Fantástico. Me tranquiliza muchísimo.

-Deidara.

-¿Qué? - Señaló hacia la ventana-¡Está afuera!

Itachi cerró los ojos.

-Lo sé.

Aquella respuesta hizo callar a Deidara. Porque Itachi no parecía enfadado. Parecía herido. Había sido su familia la utilizada. Su confianza.
Su padre. Sasuke. El clan. Él mismo. Y aun así, cuando tuvo la oportunidad de matar a aquel hombre, no lo había hecho. Había elegido que respondiera ante la justicia. Itachi abrió los ojos. El Sharingan estaba allí.

-Quiero a los chicos dentro de la Academia.

Shikamaru levantó la cabeza.

-Ya.

-Seguridad reforzada.

-Sí.

-Nadie sale solo.

Kakashi se levantó.

-Voy.

Itachi añadió:

-Y localicen a Izan y Boruto.

Nadie preguntó por qué había nombrado precisamente a esos dos. No todavía.

I. Dieciséis personas que recordaban demasiado

La noticia se extendió. Naruto dejó de hablar. Sakura apretó su mano.
Mía cerró los ojos. Sasuke activó involuntariamente el Sharingan. Ino se acercó inmediatamente a él. Neji no dijo una palabra, pero el Byakugan apareció. Hanabi hizo exactamente lo mismo. Ren llamó mentalmente a Nemea.

Kawaki quedó tan inmóvil que Yoru levantó la cabeza desde su hombro.
Gaara hizo aparecer arena alrededor de sus pies. Boruto palideció.
Mitsuki lo miró inmediatamente.
Izan abrazó inconscientemente al pequeño Juuby. Akio y Daichi intercambiaron una mirada. Kakashi llegó desde el edificio principal.
Itachi, Deidara y Shikamaru detrás.
Era una reacción casi absurda. El enemigo todavía no había hecho nada.

Pero todos habían luchado contra él. Todos sabían algo que buena parte del país solo conocía mediante informes. Aquel hombre no necesitaba un ejército para ser peligroso. Necesitaba una oportunidad. Naruto habló.

-¿Dónde está?

Shikamaru respondió:

-No vamos a perseguirlo.

Naruto lo miró.

-Pregunté dónde está.

-Y sé por qué.

-Shikamaru.

-Naruto.

Durante unos segundos ninguno cedió. Finalmente Naruto desvió la mirada.

-No voy a matarlo.

Kurama apareció sobre su hombro.

Yo no hice esa promesa.

-Tú tampoco.

Kurama gruñó.

II. El país estalló

En pocas horas hubo manifestaciones. Debates jurídicos.
Programas especiales. Familias de víctimas exigiendo explicaciones.
Otros estaban defendiendo las garantías procesales aunque rechazaran completamente a Eclipse. Los abogados del acusado insistían públicamente en que la libertad durante el proceso no equivalía a inocencia ni impedía una eventual condena.

Aquello era jurídicamente cierto.
Pero en Konoha Élite había una pregunta mucho más urgente.

¿Qué haría él ahora?

La respuesta llegó antes del mediodía. A todos. Simultáneamente. Teléfonos.
Correos. Redes. Medios de comunicación. Un video. Shikamaru intentó impedir que los menores lo vieran. Demasiado tarde. Boruto ya lo tenía abierto. Izan también. La imagen mostraba al enemigo. Libre.
Sonriendo. Naruto sintió que Sakura le apretaba la mano. Entonces escucharon:

-Sé que estoy muerto.

Silencio.

-La justicia terminará condenándome a muerte.

Shikamaru frunció el ceño. No le interesaba en ese momento discutir la certeza jurídica de aquella afirmación. Porque el hombre continuó.

-Pero antes voy a llevarme conmigo aquello que ellos más quieren.

Naruto se quedó inmóvil. El enemigo sonrió.

-Izan.

Juuby levantó la cabeza.

-Tú primero.

Izan perdió el color.

-Matarte será mi último regalo para esa criatura que decidió traicionarme.

Juuby dejó de parecer pequeño. Las llamas de sus diez colas aumentaron.

-Quiero que comprenda qué ocurre cuando algo que me perteneció decide elegir a otro.

Izan abrazó instintivamente al Juuby.




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