El primer sonido que Naruto escuchó después de la explosión no fue una voz. Fue un rugido. El segundo fue un siseo. Y el tercero fue su propio corazón golpeándole tan violentamente contra el pecho que durante unos segundos creyó que no conseguiría escuchar nada más.
-¡BORUTO!
Corrió hacia el cráter. Sakura apareció a su lado mediante teleportación. Mitsuki llegó casi simultáneamente, con el rostro blanco. Gaara apartó escombros con arena. Neji y Hanabi activaron el Byakugan. Sasuke e Itachi hicieron aparecer el Sharingan. Ino buscó desesperadamente pensamientos conocidos.
Entonces el humo comenzó a abrirse. Primero aparecieron diez colas. Gigantescas. Incandescentes.
Después el cuerpo monumental del Juuby. A su lado, la serpiente azul se desenroscó lentamente. Y entre ambas bestias, había dos figuras.
Naruto se detuvo. Mitsuki también.
Boruto estaba de pie. Intacto. Ni sangre. Ni quemaduras. Ni siquiera un rasguño.
Su ropa negra y fucsia estaba cubierta de polvo, pero él estaba perfectamente bien. A su lado estaba Izan. Exactamente igual.
Cabellos negros desordenados.
Ojos celestes. Ropa negra y fucsia.
Intacto. Gaara cerró los ojos. El aire abandonó violentamente sus pulmones.
-Gracias...
Pero Naruto todavía no podía moverse.
-Boruto...
El rubio giró. Lo miró. Y Naruto descubrió algo que le produjo un escalofrío completamente diferente. Boruto estaba furioso.
No asustado. No confundido.
Furioso. Izan también. Y aquello era todavía más extraño. Porque Izan casi nunca se enfadaba. Juuby se redujo lentamente hasta recuperar su pequeño tamaño y saltó sobre su hombro.
La serpiente hizo lo mismo alrededor del cuello de Boruto.
Boruto miró el enorme cráter.
-Intentó matarnos.
Izan se sacudió polvo del hombro.
-Sí.
-Otra vez.
-Sí.
Boruto apretó la mandíbula.
-Estoy empezando a tomarlo personalmente.
Izan lo miró.
-Yo también.
Deidara llegó jadeando.
-¡¿ESTÁN BIEN?!
Ambos respondieron simultáneamente:
-Sí.
Deidara se dobló, apoyando las manos sobre las rodillas.
-Perfecto. Voy a morirme yo entonces.
Itachi lo sujetó.
-No.
-Metafóricamente.
-Contigo necesito aclaraciones.
Shikamaru llegó detrás.
-Salgan del patio. Ahora.
Boruto asintió. Izan también. Y durante exactamente cuatro segundos pareció que obedecerían.
Hasta que Juuby levantó la cabeza.
La serpiente azul siseó. Kawaki gritó:
-¡OTRO ATAQUE!
I. El segundo intento
No hubo tiempo para teleportación.
No hubo tiempo para que Naruto llegara. Ni siquiera Sakura. Una descarga de energía atravesó lateralmente el patio. Directamente hacia Boruto. Izan reaccionó. No pensó. No gritó. Sus manos formaron sellos. Una posición. Dos.
Tres. Gaara abrió los ojos.
-¡IZAN!
El suelo alrededor del muchacho se volvió negro. Arena de Hierro. Miles de partículas surgieron como una marea oscura. Izan extendió ambos brazos. La Satetsu se comprimió.
Se curvó. Y formó una gigantesca estructura delante de ambos adolescentes y las dos bestias.
BOOOOOOM.
El impacto sacudió el patio. La Arena de Hierro vibró. Pero no cedió. Izan deslizó un pie hacia atrás. Sus ojos ya no parecían los de un adolescente tímido.
-No.
Más Arena de Hierro ascendió.
-No otra vez.
Boruto lo miró. La barrera se abrió lentamente. Izan respiró. Después miró hacia algún punto detrás de las ruinas.
-Dime, Boruto...
El rubio giró.
-¿Sí?
La expresión de Izan se endureció.
-¿Estás tan cansado como yo de este hombre?
Silencio. Boruto contempló los restos del patio. Después a Naruto.
A Mitsuki. A la serpiente alrededor de su cuello. A Juuby. Finalmente regresó hacia Izan. Y sonrió. No era la sonrisa luminosa que Naruto conocía.
-No.
Izan levantó una ceja. Boruto avanzó hasta quedar a su lado.
-Estar cansado significaría que todavía pienso soportarlo. Yo ya terminé.
El rostro de Izan cambió. Algo oscuro. Antiguo. Peligrosamente sereno.
-Bien.
La Arena de Hierro comenzó a girar alrededor de ambos.
-Entonces dejemos de sobrevivirle - Boruto lo miró. Izan terminó -Y hagamos que por una vez sea él quien tenga que sobrevivirnos a nosotros.
Gaara palideció. Naruto dio un paso.
-No.
Porque había entendido.
-¡BORUTO!
Demasiado tarde.
II. El Jōgan
El ojo derecho de Boruto se abrió. Y el mundo pareció doblarse. No hubo explosión. No hubo destello gigantesco. Fue peor. El espacio alrededor del patio simplemente
cambió. Una esfera translúcida surgió alrededor de Boruto, Izan, Juuby y la serpiente. Se expandió cincuenta metros. Cien. Hasta encontrar algo. Una quinta presencia. Y entonces se cerró.
WHUM.
Naruto chocó contra ella.
-¡BORUTO!
La mano quedó apoyada sobre una superficie invisible. Del otro lado, Boruto lo miró.
-¿Qué hiciste? -preguntó Izan.
Boruto contempló el escudo.
-No sé.
Izan lo miró.
-Excelente.
-Gracias.
-Era sarcasmo.
-Lo sé.
Kakashi intentó teleportarse.
Desapareció. Y reapareció exactamente donde estaba. Su expresión cambió.
-No puedo entrar.
Sakura lo intentó. Lo mismo.
Kawaki activó su ojo. Nada. Neji utilizó un portal. El portal se abrió y se cerró. Mía intentó alterar temporalmente el límite. No cedió.
Naruto extendió telequinesis. El escudo la rechazó.
-Boruto.
Aquello sí asustó al rubio.
-Papá...
Naruto golpeó la barrera.
-¡QUÍTALO!
Boruto miró alrededor.
-¡NO SÉ CÓMO!
Shikamaru se llevó ambas manos a la cabeza.
-Por supuesto.
Deidara:
-¿Eso significa que...?
Kakashi respondió:
-Nadie entra.
Mitsuki avanzó. Apoyó ambas manos sobre la barrera.