Capítulo 5: El Juego de las Máscaras
La gala anual de la Fundación Moretti era el escenario donde debíamos demostrar que el imperio seguía intacto. Entrar en ese salón fue como caminar sobre una cuerda floja. Cientos de ojos estaban puestos en nosotros, buscando una señal de debilidad, una grieta en nuestra armadura.
Caminaba junto a Dante, con un vestido negro que parecía una segunda piel y una mirada que no permitía preguntas. Allí, entre copas de champán y sonrisas de plástico, me encontré cara a cara con Elena Vargos, la mujer que, según nuestros informes, estaba financiando a los enemigos de la familia.
—Andrielys, Dante —dijo ella, acercándose con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Qué valientes al aparecer aquí después de lo ocurrido. Dicen que el trono de los Moretti les queda grande, que son solo dos niños jugando a ser dioses.
Me detuve frente a ella, invadiendo su espacio personal hasta que su sonrisa vaciló. —El trono no es grande, Elena —respondí, bajando mi voz a un susurro peligroso—. Es que ustedes son demasiado pequeños para intentar sentarse en él y no romperse en el proceso.
Dante, a mi lado, se mantenía en silencio, pero su presencia era un muro infranqueable. Elena retrocedió un paso, su máscara de superioridad tambaleándose. Sabía que no éramos los niños que ella recordaba. Éramos algo mucho peor