El Lugar que me Quitaste

05.

Avery

Reid Hawthorne eligió una cafetería pública para nuestra reunión.

Llegué quince minutos antes y escogí una mesa desde la que podía ver la puerta. No sabía si temía que Grant apareciera o si, en el fondo, esperaba que lo hiciera. Durante siete años mi esposo había sido la primera persona a la que consultaba antes de aceptar una reunión, comprar un billete de avión o firmar un contrato. Sentarme frente a su principal competidor se parecía demasiado a una traición, aunque Grant hubiera pasado las últimas cuarenta y ocho horas demostrando que nuestra lealtad solo funcionaba en una dirección.

Reid entró a las diez en punto.

No llevaba asistente ni corbata. Vestía pantalón oscuro, camisa blanca y un abrigo gris que dobló sobre el respaldo de la silla. Era más alto de lo que parecía en las fotografías y tenía una pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda. Sus ojos recorrieron el lugar antes de detenerse en mí.

—Señora Caldwell. —Saludo utilizando mi apellido de soltera.

—Señor Hawthorne.

—Reid está bien. Si vamos a conversar sobre ocho proyectos robados, los apellidos solo ocuparán espacio. —Se sentó frente a mí y colocó una carpeta sobre la mesa. —Antes de que diga nada —continuó—, no voy a pedirle secretos comerciales. Tampoco pretendo utilizar su divorcio para perjudicar a Grant.

—Todavía no estoy divorciada.

—Pero ya habla como una mujer que piensa estarlo. —La camarera se acercó. Pedí café negro. Reid solicitó té y esperó a que ella se alejara antes de abrir la carpeta.

Dentro estaban impresos varios de mis proyectos. Reconocí Harbor Lights, Riverside y el rediseño del Hans Boston. Conservaban incluso mis anotaciones a lápiz, aunque la firma digital de las versiones finales pertenecía a Grant.

—¿Cómo consiguió esto?

—Hans Hotels presentó Harbor Lights a un premio internacional. Yo formaba parte del jurado. El expediente incluía anexos que no aparecían en la versión pública.

—Eso fue hace tres años.

—Sí, lo necesita.

—¿Por qué me contacta ahora? —Reid cruzó las manos sobre la mesa.

—Porque vi su nombre ayer.

—Mi nombre no aparecía en el artículo.

—Exactamente. La prensa habló de usted como diseñadora y busqué su trabajo. Encontré una exposición universitaria de hace once años. Reconocí la forma en que trabaja.

Me quedé mirando el boceto superior, basado unicamente en mi proyecto. Nadie había reconocido mi trabajo desde que me casé. Grant decía que nuestros estilos se complementaban, aunque él jamás había escrito una pagina completa. Cuando alguien elogiaba la calidez de sus hoteles, sonreía y hablaba de intuición.

—¿Recordaba una exposición universitaria después de once años?

—Su proyecto construye desde cero un lugar donde las personas podían dejar de escuchar el edificio. En aquel momento me pareció una idea extraña.

—¿Y ahora?

—Ahora tengo una sobrina que no soporta los vestíbulos ruidosos. Entiendo lo que intentaba hacer. —Su respuesta me alivio un poco

—Harbor Lights fue mi proyecto más difícil, diseñado pensando en Owen —expliqué —Tenía cuatro años y los viajes eran terribles para él. Los hoteles donde nos quedamos eran tan ruidosos que le afectaban demasiado.

—Por eso las áreas familiares funcionan. No fueron creadas en base a una estadística, fueron creadas con el corazón. —La camarera dejó las bebidas. Reid esperó hasta que se marchó.

—¿Grant sabe que conservaba los originales?

—No estoy segura. Creí que se habían perdido cuando cambiaron el servidor.

—No se perdieron. Alguien intentó ocultarlos dentro de los anexos técnicos.

—¿Insinúa que Grant lo hizo?

—No insinúo nada que todavía no pueda demostrar. —Sacó una segunda carpeta. Contenía correos impresos entre varios directivos de Hans Hotels. Mi nombre aparecía en dos mensajes. En uno, un arquitecto preguntaba si «la todo el proyecto de la señora Avery» sería incluida en la presentación. Grant había respondido: «La propuesta se presentará como desarrollo interno de presidencia».

Leí la frase dos veces.

—¿Cómo obtuvo estos correos?

—Una exempleada de Hans solicitó trabajo en mi empresa. Incluyó documentación para demostrar su participación en Harbor Lights.

—Eso podría ser espionaje corporativo.

—Por esa razón no la contraté y no utilicé el material. Pero tampoco olvidé su nombre.

—¿Qué quiere de mí? —Reid apoyó la espalda en la silla.

—Estoy desarrollando un hotel costero para familias con niños sensibles al ruido, la luz y las multitudes, igual que mi sobrina. Necesito una directora creativa.

Deslizó un tercer documento hacia mí. Era una propuesta formal. Leí el salario y pensé que había un error.

—Esto es más de lo que gana un director de diseño promedio.

—No busco a alguien promedio.




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