—¿Estás segura?
La pregunta no implicaba desconfianza, sino precisión. Si iban a actuar en función de eso, necesitaba saber cuánto podía sostenerse.
—La reconocería en cualquier parte.
Había algo firme en su voz, algo que no admitía cuestionamientos adicionales. No era una intuición vaga ni una suposición optimista; era una certeza construida sobre algo que conocía demasiado bien como para confundirse.
Y eso fue suficiente.
Noctis dejó de dudar.
Ele volvió la vista hacia las fracturas, como si al mencionarlo hubiera reforzado su convicción en lugar de debilitarla.
—Creo que quedó atrapada del otro lado.
El viento recorrió lentamente el bosque, moviendo las ramas con una suavidad engañosa que contrastaba con la tensión del lugar. Las pequeñas grietas chisporroteaban entre los árboles como heridas abiertas en el aire, pulsando con una energía irregular que no terminaba de estabilizarse, como si cada una estuviera intentando expandirse sin lograrlo del todo.
Noctis observó el fenómeno unos segundos más, en silencio, permitiendo que todo encajara en su mente antes de hablar.
—Abrir una de esas cosas es peligroso, si es que es posible.
No era una advertencia innecesaria, sino una evaluación directa de lo que tenían delante.
—Lo sé.
Ele no desvió la mirada.
—Podría no llevar a ningún lado, o llevarnos a algo peor que Circle.
La posibilidad no era exagerada. En un espacio donde la realidad misma parecía fracturada, no había garantías de ningún tipo.
Ele sonrió apenas.
Un gesto leve.
Casi imperceptible.
—Circle probablemente también diría eso sobre sí misma.
Eso le arrancó a Noctis una pequeña risa nasal, breve, inesperada, como si esa observación, en medio de todo, fuera lo suficientemente precisa como para romper la tensión por un instante.
Pero el momento no duró.
Su expresión volvió a endurecerse casi de inmediato.
—Aun así voy a ayudarte.
No lo dijo como una concesión ni como una decisión que necesitara justificarse. Era una afirmación simple, directa, como todo lo que realmente importaba para él.
Ele lo miró en silencio, evaluando no solo sus palabras, sino lo que implicaban.
Noctis caminó hasta colocarse junto a ella, reduciendo la distancia hasta quedar a su lado frente a las fracturas, como si ese posicionamiento fuera en sí mismo una confirmación de lo que acababa de decir.
—Si realmente está allí... no vas a dejar de buscarla.
No era una pregunta.
Ella sostuvo su mirada unos segundos, sin apartarse, sin suavizar la respuesta que sabía que iba a dar.
—No.
Noctis asintió apenas, como si eso fuera exactamente lo que esperaba.
—Entonces prefiero estar contigo cuando algo salga mal.
La frase no contenía dramatismo ni intención de impresionar. Era una decisión práctica, casi inevitable, formulada con una calma que la hacía aún más firme.
Aquello hizo que Ele sonriera apenas de nuevo.
Y aunque el entorno seguía siendo inestable, aunque las fracturas continuaban vibrando como si pudieran abrirse en cualquier momento, por un instante, la certeza entre ambos fue más sólida que todo lo demás.
Y comenzaron a buscar, no con la ansiedad desordenada de quien persigue algo que no comprende, sino con una determinación silenciosa que se sostenía en cada paso, en cada pausa, en cada mirada compartida que no necesitaba palabras. No había un plan claro más allá de seguir aquello que el entorno les ofrecía, de dejarse guiar por las alteraciones casi imperceptibles que interrumpían la normalidad del bosque. La búsqueda no tenía un ritmo constante; se expandía y se contraía según lo que encontraban, como si el propio lugar decidiera cuánto iba a mostrarles en cada momento.
Pasaron horas recorriendo el bosque, avanzando entre senderos cada vez más inestables, donde el terreno dejaba de responder de forma predecible y la sensación de orientación comenzaba a diluirse. Noctis se mantenía atento a cada cambio en la energía, a cada variación mínima en el aire que pudiera indicar la presencia de otra de esas fracturas, mientras Ele caminaba con una concentración absoluta, como si estuviera siguiendo un rastro que solo ella podía percibir con claridad.
Seguían pequeñas alteraciones de energía, fragmentos dispersos que no siempre llevaban a algo concreto, pero que, en conjunto, parecían formar un patrón incompleto. Había momentos en los que esas señales se intensificaban, en los que el aire vibraba con más fuerza, en los que la presión se hacía evidente, y otros en los que todo parecía desaparecer por completo, obligándolos a detenerse, a esperar, a recalibrar lo que creían haber entendido.
Esperaban.
Escuchaban.
El bosque, que normalmente respondía a la presencia de Noctis con una tensión casi palpable, ahora parecía retraerse de otra forma, como si hubiera algo más dominando el espacio, algo que incluso él no terminaba de influenciar. Los sonidos eran escasos, distantes, como si todo estuviera ocurriendo detrás de una capa invisible que amortiguaba la realidad.
A veces Ele se detenía de golpe, sin previo aviso, observando alguna distorsión apenas visible entre los árboles, puntos donde la luz parecía doblarse de forma incorrecta, donde el aire se ondulaba como si estuviera a punto de romperse. Se acercaba con cuidado, extendía la mano sin tocar del todo, evaluaba la reacción de la energía... y luego negaba en silencio.
Pero ninguna era la correcta.
El día comenzó a morir lentamente, sin que ellos lo notaran de inmediato. La luz fue cambiando de forma gradual, deslizándose desde un tono más claro hacia una tonalidad anaranjada que se filtraba entre las ramas húmedas, proyectando sombras más largas, más densas. El bosque adquirió una cualidad distinta, más cerrada, más introspectiva, como si la llegada del atardecer intensificara todo lo que ya resultaba extraño.