El Mensaje De Los Enviados

Capítulo 16: Noctis Vertem

Hasta que la madre de Circle habló nuevamente.

—Puedes quedarte a cenar si quieres. O descansar un poco.

La invitación fue sincera, natural dentro del entorno en el que se encontraban, como si ofrecer un espacio fuera tan automático como encender una vela o dejar un libro abierto.

Noctis no respondió de inmediato.

Su mirada se desvió hacia las ventanas.

El bosque oscuro apenas se veía desde allí, envuelto en la niebla y la lluvia, una masa indistinta que ocultaba más de lo que mostraba. Y, sin embargo, había algo en esa oscuridad que no terminaba de sentirse pasivo.

Algo seguía molestándolo.

Esa sensación incómoda seguía clavada en su pecho, más definida ahora, como si el tiempo no la hubiera diluido, sino todo lo contrario. Desde que aquellas otras grietas comenzaron a abrirse, algo había cambiado, y no estaba convencido de que hubiera terminado.

—No.

La respuesta salió demasiado rápida.

Casi automática.

La mujer pareció sorprendida, aunque no lo expresó de forma evidente.

Noctis bajó apenas la vista, como si se diera cuenta de la brusquedad con la que había respondido.

—Gracias, pero debo irme.

Circle frunció apenas el ceño, observándolo con más atención esta vez.

—¿Ocurre algo?

La pregunta no fue acusatoria, sino directa, como si necesitara confirmar si esa inquietud que percibía tenía un origen claro o si solo era una extensión de todo lo que acababan de vivir.

Noctis tardó unos segundos en responder.

No porque no tuviera una respuesta, sino porque ninguna terminaba de ser completamente cierta.

—No... creo que no, solo debo volver a casa o mi madre se va a preocupar.

La explicación fue suficiente en apariencia.

Pero no en contenido.

Y eso fue suficiente para inquietarla.

Noctis salió nuevamente hacia la noche húmeda sin agregar nada más, dejando atrás el calor irregular de la casa de Circle y el murmullo contenido de voces que intentaban recuperar una normalidad que ya no existía del todo. Apenas cruzó el umbral, el aire frío lo envolvió con una firmeza casi deliberada, como si el exterior quisiera recordarle de inmediato dónde estaba realmente. La lluvia fina continuaba cayendo sin descanso, constante, persistente, empapando su ropa y oscureciendo aún más el contorno de su figura mientras descendía los pocos escalones y volvía a internarse en el bosque.

La oscuridad lo recibió sin transición.

No había luces lejanas ni reflejos que suavizaran el paisaje. Solo sombras profundas entre los árboles y la sensación de que todo lo que existía más allá de unos pocos metros quedaba completamente fuera de su alcance. El sonido de la lluvia contra las hojas debería haber sido suficiente para llenar el silencio, pero no lo era. Había algo más, algo que se imponía por encima de ese murmullo natural, una ausencia que resultaba demasiado evidente para ignorarla.

Y esa sensación.

Esa presencia invisible que no necesitaba mostrarse para ser percibida.

El bosque estaba demasiado silencioso.

Noctis lo notó apenas dejó atrás la casa de Circle, cuando la última referencia humana desapareció y solo quedó rodeado por árboles húmedos y tierra oscura. No era el silencio habitual de la noche, ese que se construía sobre pequeños sonidos dispersos, sobre insectos, sobre ramas moviéndose levemente, sobre criaturas que habitaban la penumbra sin interrumpirla. Esto era distinto. Era un silencio completo, absoluto, como si todo lo vivo hubiera decidido retirarse al mismo tiempo.

Uno pesado.

Como si las criaturas pequeñas hubieran desaparecido de repente, sin dejar rastro.

Ni insectos.

Ni aves nocturnas.

Ni siquiera el viento parecía encontrar espacio para moverse entre las ramas.

Solo oscuridad.

Y lluvia.

Noctis caminaba lentamente entre los árboles húmedos mientras el barro se hundía bajo sus botas con cada paso, generando un sonido opaco que parecía demasiado fuerte en medio de aquella quietud antinatural. No aceleró el ritmo. No retrocedió. Simplemente avanzó, con la misma calma contenida que lo caracterizaba, pero con una atención más aguda de lo habitual, como si cada músculo estuviera preparado para reaccionar antes incluso de que su mente procesara lo que pudiera ocurrir.

Y entonces volvió a sentirlo.

Esa sensación.

No era nueva, pero esta vez era más clara, más definida, más difícil de ignorar. No era solo la impresión de ser observado, sino algo más directo, más intencional, como si aquello que lo vigilaba no estuviera ocultándose realmente, sino esperando el momento adecuado para hacerse evidente.

Como si lo estuviera midiendo.

Se detuvo en seco.

El movimiento cesó de inmediato, y con él, cualquier sonido que hubiera provocado. La lluvia siguió cayendo, pero todo lo demás permaneció inmóvil, suspendido en esa tensión silenciosa que parecía envolver el bosque entero.

Noctis entrecerró apenas los ojos grises, afinando la mirada hacia la oscuridad que lo rodeaba, buscando cualquier irregularidad, cualquier cambio mínimo en la forma en que las sombras se distribuían entre los troncos.

—Sal.

La palabra no fue elevada.

No fue una orden cargada de poder.

Fue simple.

Directa.

Como si no necesitara más.

Nada respondió.

Ningún movimiento.

Ningún sonido.

Y, sin embargo, la sensación seguía allí.

Pesada.

Pegada a su espalda, deslizándose apenas fuera de su campo de visión, lo suficientemente cercana como para resultar incómoda, pero lo suficientemente contenida como para no revelar su posición.

Noctis no giró de inmediato.

No reaccionó de forma impulsiva.

Simplemente retomó la marcha.

Más lento ahora.

Más atento.

Cada paso medido, cada respiración controlada, cada pequeño cambio en el entorno registrado con una precisión casi instintiva. La lluvia comenzó a caer con más fuerza, golpeando las hojas con mayor intensidad, generando un sonido más denso que, en otras circunstancias, habría ayudado a ocultar cualquier movimiento cercano. Pero aquí, en ese silencio antinatural, incluso ese ruido parecía aislado, insuficiente para cubrir lo que realmente importaba.



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En el texto hay: aventura, amor, brujas

Editado: 14.10.2026

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