El Misterio del libro: El giro de mi vida

Capítulo 18

Por la mañana nos dirigimos a los Estados Unidos, este viaje de larga distancia debería representar un poco de alivio para mí ya que me da esperanza, pero no lo hace; tengo pánico por otra razón. La relación con mi padre ha sido hostil, más aún cuando decidí seguir mi camino (no hemos tenido contacto desde ese momento). Mi hermano asegura saber dónde encontrarlo a pesar de desconocer su dirección o número telefónico (exacto, toda comunicación con él siempre es anónima y libre de registros).

Finalmente oigo un timbre parecido al de un elevador, timbre que me devuelve a la vida ya que, como es de costumbre en cada vuelo me quedo dormida después de pensar en mi estrés rutinario, Jayden se levanta sobre su asiento para verme y avisarme que hemos llegado (o eso es lo que entiendo de sus señas raras). Minutos después el avión empieza su descenso al aeropuerto principal de Virginia consiguiendo así alterarme nuevamente.

–¿Ahora qué? -interrogo a mi genio acompañante después de haber recogido el equipaje.

–Primero, debemos llegar a un hotel cerca de aquí. Luego, podremos ver a papá. -da instrucciones. Prometió ayudarme y lo tiene todo planeado, reservaciones, averiguaciones y demás, quizá su ego es cierto y es el más listo de nuestra disfuncional familia.

Nos instalamos apenas siendo las tres de la tarde; sólo deseo cruzar las puertas y salir en busca de esperanza, pero mi hermano me convence de que debemos esperar hasta que sea tiempo, dos horas más. Asegura que el punto de encuentro es cercano y que podemos llegar en sólo diez minutos, ¿Cómo lo sabe si mi querido y desconfiado padre ha sido tan cauteloso?, la respuesta es más simple de lo que pensé; lo único que ha hecho es observar alrededor hasta encontrar algo útil para saber la ubicación en casos de emergencia, sabemos que todas sus llamadas son hechas desde una cafetería, pero hay demasiadas en todo el país, incluso en el estado. Sin embargo, un día mi padre hizo la transmisión con un ventanal detrás de él, en frente del establecimiento se encontraba un edificio muy llamativo dado que estaba cubierto de espejos, en donde se reflejaba el letrero de en frente, mi hermano buscó información acerca de este local por internet y afortunadamente lo encontró, se trataba de un negocio con una única sede en el centro de Virginia. Llegada la hora nos dirigimos al lugar. Optamos por sentarnos al fondo y lejos de la entrada para así impedir que nuestro padre nos reconozca y huya, nos sentamos sólo a esperar.

Llevamos aquí más de lo esperado, el gran reloj que cuelga de la pared ya ha tocado la campanilla cuatro veces, es decir que han pasado cuatro horas sin que nuestro objetivo aparezca, Jayden ha caído en los complacientes brazos de Morfeo mientras yo me mantenía vigilante y alerta con la ayuda del café. Pierdo la paciencia y despierto a mi hermano bruscamente.

–¡Soy inocente! -exclama desconcertado como primera reacción.

–Tonto. Eso eres, me has hecho perder el tiempo. -digo frustrada.

–No lo entiendo, siempre está aquí a las cinco de la tarde, creí que podría tardar un poco como cualquier persona, pero realmente son las nueve. -confirma.

–Me voy. -anuncio mientras me pongo de pie. De pronto surge algo que me impide seguir, visualizo a mi objetivo ingresando al establecimiento, pero vaya sorpresa la que me llevo cuando observo que no está solo. Una mujer rubia lo acompaña al igual que una niña pequeña. No quisiera pensar mal, pero es imposible con este espectáculo, en casa jamás se habló de un divorcio legal, estaban separados, pero fue por una necesidad o más bien por un sacrificio hecho por mi madre, después de eso ella ha permanecido sola con sus hijos mientras que su aún esposo estaba encargándose de formar una cómoda familia en su nueva locación.

–Cadence… Puede que haya una explicación para todo. -Jayden se da cuenta de la situación y trata de calmarme, pero no lo conseguirá, no me callaré. Me libro de su alcance y salgo al encuentro de ese nidito de amor.

–No sé si estás al tanto del pasado de este hombre –refiriéndome a mi padre– pero que no las engañe una vez más. No se quedará, a la más mínima oportunidad huirá en busca del mejor sueldo. Porque sólo eso le importa…, no tiene el concepto claro de lo que es una familia. -termino dirigiendo mis palabras a aquella mujer, la niña que parece ser su hija luce muy alterada ante el posible trauma que le estoy generando. A mis lágrimas parece no importarles que estoy en público, doy una mirada fulminante a aquel que veía como una posible salvación, y acto seguido, salgo de ahí en dirección al hotel. 




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