No voy a describir de forma detallada todo lo que sucedía en el Uruguay durante la compleja década de 1960, sino únicamente algunas de las vivencias que me afectaron de forma directa a mí o a mis círculos más conocidos. Mi generación habitó esa época histórica trascendental, pero lo cierto es que éramos demasiado chicas y no entendíamos realmente lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor. Por mucho tiempo, el tema fue un tabú absoluto dentro de los hogares; yo no supe a ciencia cierta qué era lo que había pasado hasta que crecí y la madurez me abrió los ojos. Es una sensación sumamente extraña haber sido parte de ese proceso, pero sin tener la edad suficiente para saber de qué se trataba, estando de alguna manera "presa" del silencio sepulcral que rodeaba a todo el asunto...
Finalmente, en junio de 1973, se desató un Golpe de Estado que precedió a una larga dictadura militar, siguiendo un patrón trágico que se repitió en otros países de la región. Mucha gente fue a parar a la prisión, sufrió torturas, terminó desaparecida o fue asesinada por sus ideas. Miles de personas tomaron la drástica decisión de dejar el Uruguay en esos años de plomo para buscar el exilio.
Mi padre, en un intento desesperado por protegernos y evitar a toda costa que esos problemas y peligros nos alcanzaran en Montevideo, tomó la decisión de armar los bolsos y llevarnos a refugiar a la estancia. Pero esa, por supuesto, es una historia que tiene su propio cuento en el libro que se llama Mi Padre.