Pocos saben en el mundo, o incluso ya muy pocos recuerdan dentro del propio Uruguay, que la temible cárcel de máxima seguridad de aquel entonces terminó transformándose, con los giros locos de la historia y el avance de la modernidad, en un concurrido y glamoroso shopping center de Montevideo. Las celdas de rejas grises dieron paso a las vitrinas iluminadas de los comercios.
Durante los años de plomo, en ese penal estuvo preso el hermano de una compañera mía del liceo. Lo más impactante del caso era que su familia vivía exactamente en la acera de enfrente a los muros de la prisión.
Cada mañana, al abrir las persianas de su casa, lo primero que veían eran los paredones que custodiaban el encierro de su propio hijo. ¡Qué ironía tan macabra y dolorosa de la época! Estar separados apenas por el ancho de una calle, tan dolorosamente cerca a la vista y, a la vez, tan infinitamente lejos por culpa del silencio y la censura del régimen.
Nota de la autora: En esa misma cárcel de Punta Carretas se registró un escape masivo histórico de prisioneros políticos que sacudió al país. Dejo el dato planteado como un comentario al pasar; aquellos lectores interesados en los pormenores de la historia nacional pueden investigar más sobre el tema por su cuenta si les llama la atención el asunto.