El Período de Facto en Uruguay

Epidemia de conjuntivitis y el retorno de Wilson

Nota de la autora: El siguiente relato puede contener alguna inexactitud cronológica o histórica menor, pero así es exactamente como yo recuerdo en mi memoria lo que sucedió en las calles en aquellos días tan intensos.

Durante la dictadura militar en el Uruguay, la persecución política fue feroz. Algunos líderes de la oposición lograron huir a tiempo, mientras que la gran mayoría fueron proscritos de la actividad pública. Algunos, incluso, sufrieron el peor de los destinos y fueron trágicamente asesinados en Buenos Aires en el marco de la coordinación represiva de la región. Uno de los dirigentes que logró escapar al exilio fue Wilson Ferreira Aldunate, conocido popularmente por todo el país simplemente como "Wilson". Se radicó en el exterior y, desde allí, organizaba de forma incansable todo tipo de acciones internacionales para denunciar al régimen y favorecer el tan ansiado retorno a la democracia.

Cuando el período de facto por fin estaba llegando a su término, el 16 de junio de 1984, Wilson tomó la valiente decisión de regresar al país en barco y entregarse a las autoridades. En el puerto de Montevideo había una multitud inmensa esperándolo para brindarle su apoyo; esa masa de gente presenció con impotencia cómo los militares se lo llevaban detenido apenas pisó tierra. El resto de los uruguayos seguimos los pormenores de ese desembarco histórico con el corazón en la boca a través de la televisión.

Wilson permaneció encarcelado durante gran parte de la campaña electoral. Aunque muchos ciudadanos manteníamos la firme y fervorosa esperanza de que lo llegaran a soltar antes del día de la votación, sabíamos en el fondo que era una ilusión vana: de todas formas, el régimen lo mantenía estrictamente proscrito para competir.

En su lugar, el Partido Nacional tuvo que elegir como candidato sustituto a Alberto Zumarán, quien obtuvo una cantidad impresionante de votos en las urnas pero finalmente no llegó a ganar la presidencia. Wilson fue liberado de su prisión el 30 de noviembre de 1984, exactamente cinco días después de celebradas las elecciones generales. Lamentablemente, falleció pocos años después, en 1988, por lo que ya no estaba físicamente vivo para la siguiente contienda electoral, que tuvo lugar en 1989

En los días inmediatamente anteriores y posteriores a aquella crucial elección de noviembre de 1984, el gobierno de facto declaró de forma imprevista una supuesta epidemia de conjuntivitis en Montevideo. Esa fue la insólita razón oficial que esgrimieron para decretar que las clases en todas las escuelas y liceos del país quedaban suspendidas por unos días.

La enorme mayoría de la población sospechábamos, con total fundamento, que la verdadera y única razón detrás de la medida sanitaria era vaciar los centros de estudio y evitar a toda costa cualquier tipo de disturbio o manifestación callejera. Sobre todo porque un líder inmensamente carismático y popular, como lo era Wilson, seguía encerrado en un calabozo y proscripto por los militares. Yo, por lo menos, en todo mi vecindario y círculo de conocidos, jamás llegué a ver a una sola persona con los ojos rojos ni con síntomas de conjuntivitis...

Cuando por fin el régimen abrió las rejas y soltaron al líder blanco a la calle, Pichuca, una entrañable amiga de mi madre que siempre se caracterizó por tener unas salidas humorísticas de lo más ocurrentes, comentó entre risas en el living de casa:

—¡Vieron... soltaron a conjuntivitis y el lunes empiezan las clases!




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