Suele decirse con frecuencia que la justicia tarda... pero llega. Al menos, en contadas y afortunadas ocasiones se cumple la premisa. Si Luis Alberto Heber, uno de los hijos de la víctima, no hubiera hecho carrera política hasta convertirse en senador de la República, es muy difícil saber qué habría pasado finalmente con este asunto en los cajones del olvido estatal. Pero, por suerte y por la tenacidad de la familia, la verdad terminó saliendo a la luz.
Es necesario aclarar que este relato no pretende ser bajo ningún concepto una declaración política. Es la simple memoria del espanto. Aquel macabro plan de enviar botellas de vino contaminadas a tantos dirigentes de la oposición, sabiendo que las víctimas las podrían haber compartido libremente en la mesa con su familia o sus amigos, pudo haber desatado una masacre aún mayor. Es un verdadero horror pensar que este tipo de atrocidades hayan ocurrido en nuestro país, y la resolución definitiva de este caso penal es una pieza indispensable de sanación para todos los involucrados.
El caso conmocionó al Uruguay en setiembre de 1978. Cecilia Fontana murió envenenada de forma fulminante tras beber de una botella de vino contaminada que había llegado dirigida a su esposo, el dirigente blanco Mario Heber. El político era el objetivo principal de un atentado encubierto que también incluía como víctimas eventuales a otros dos reconocidos líderes opositores al régimen dictatorial: Luis Alberto Lacalle Herrera y Carlos Julio Pereyra.
A los tres se les remitieron botellas de vino contaminadas con un potentísimo pesticida que por aquel entonces se comercializaba bajo el nombre de Fosdrin. Venían presentadas de manera idéntica, con una tarjeta manuscrita que llevaba una leyenda escalofriante: "El jueves 31 brindaremos por la Patria, en su nueva etapa. MDN". Las botellas se repartieron en los domicilios, pero afortunadamente nadie las abrió, salvo en el hogar de los Heber. La elevadísima dosis del veneno en la copa causó la muerte instantánea de Cecilia.
Tuvieron que pasar décadas de impunidad para que el rompecabezas penal se armara. En el pedido de procesamiento emitido por la Fiscalía Especializada en Crímenes de Lesa Humanidad en diciembre de 2023, el fiscal Ricardo Perciballe señaló formalmente al expolicía Ricardo Zabala por haber formado parte del grupo de conjurados que premeditadamente orquestaron el envío. La prueba técnica más contundente para acusarlo como autor material del crimen fue la aparición de sus huellas dactilares impresas en el vidrio de una de las botellas de vino, un hallazgo científico que recién se conoció diez años después del homicidio.
La investigación también salpicó a otra sospechosa: la exfuncionaria policial María Lemos, acusada por las pericias de haber sido la mano que escribió de puño y letra las cartas capciosas que acompañaban los envíos, aunque contra ella no se presentaron pruebas concluyentes.
Por mi parte, recuerdo haber leído en las noticias de la computadora el 19 de octubre de 2024 una confirmación que me hizo respirar hondo: después de 46 años de espera, ¡por fin la Justicia dictó la condena definitiva contra Zabala! Un recordatorio tardío pero necesario de que los fantasmas de la dictadura, tarde o temprano, tienen que rendir cuentas ante la historia.
Que yo me haya enterado tantas décadas después me hace sentir que soy "caída de la higuera". Creo que es unretrato honesto y real de la dictadura. La enorme mayoría de la población vivía su día a día sin enterarse de las brutales intrigas de los cuarteles y la policía política, descubriendo los rompecabezas ocultos décadas después a través de las investigaciones o la prensa.
Según averigué en internet, "nunca se llegó a saber de forma 100% fehaciente en la Justicia qué significaba "MDN". Sin embargo, la investigación histórica y los expedientes penales manejan dos certezas del contexto de setiembre de 1978:
• La fachada del engaño: Los conjurados del Servicio de Inteligencia utilizaron la firma "M.D.N." simulando ser un supuesto "Movimiento de Defensa Nacional".
• El anzuelo militar: En esos días de 1978, circulaban insistentes rumores políticos sobre un posible pronunciamiento de un sector militar moderado que pretendía destituir al presidente de facto Aparicio Méndez para iniciar una apertura democrática. Los asesinos firmaron así para que los dirigentes del Partido Nacional creyeran que el vino era un obsequio de esos militares aliados y bebieran sin sospechar."