Un ejemplo claro de que la verdad estaba frente a mis ojos es el siguiente:
Recuerdo patente que en primero de liceo nos teníamos escrito de la Biología. Justo en ese momento, comencé a sentirme muy mal físicamente. El malestar me desbordó de tal manera que terminé en la dirección del liceo llorando a lágrima viva, sencillamente porque no me sentía bien en absoluto.
En ese entonces, yo todavía era un poco niña y me costaba procesar las adversidades. Con los años, lógicamente, dejé de reaccionar con llanto ante la adversidad. Al ver mi estado de angustia en el mostrador escolar, llamaron a mi casa y alguien de mi familia fue a recogerme de apuro y me llevó de regreso.
Días después, cuando la profesora nos entregó el escrito corregido, ver mi hoja me causó un impacto tremendo. Aquel examen era un desastre absoluto: debido al malestar y al aturdimiento del momento, yo había dejado las palabras cortadas por la mitad en los renglones, interrumpiendo las explicaciones técnicas de forma absurda. Obviamente me saqué una pésima nota, a pesar de que la asignatura me fascinaba y la profesora que dictaba el curso —una mujer sumamente joven— me caía muy bien.
Poco tiempo después de aquel escrito truncado, ocurrió un suceso desconcertante que nos dejó mudos: nuestra profesora de Biología desapareció del mapa. De la noche a la mañana, simplemente dejó de venir a dictar sus clases sin previo aviso y sin ningún tipo de explicación oficial por parte de ella o de las autoridades del liceo.
El silencio institucional en las aulas era total. Sin embargo, en el murmullo estudiantil empezó a correr con fuerza una versión escalofriante: se decía en voz baja que la joven docente había ido presa por las fuerzas de represión del Estado.
Jamás supe qué pasó con ella en realidad, pero analizando hoy ese misterio al escribirlo en mi computadora, pienso que es muy probable que el rumor fuera real. El golpe de Estado acababa de tener lugar en el Uruguay y la oscuridad ya estaba entrando por las ventanas de los colegios.
El 6 de octubre de 2026 publiqué este cuento en Faceboook y una ex compañera de trabajo comentó que a ella le faltó una profesora de francés.
Cuando el río suena...