El Período de Facto en Uruguay

El plan piloto, la intervención y la parienta Milka

Algo que llama la atención al analizar la ruta de estudios: soy el producto de una época sumamente extraña del Uruguay.

Me tocó empezar el liceo exactamente en el año del golpe de Estado de 1973. Cursé el controvertido plan piloto de Pivel Devoto (el Plan 63), que sólo estaba disponible en uno pocos liceos, y terminé formando parte de la primera generación del Plan 76, una reestructura que me obligó a tomar una decisión de apuro sobre mi orientación vocacional a fines de 3º de liceo.

Fue por esa presión que terminé encasillada en 4º humanístico.

Al año siguiente, decidida a huir de esa alternativa, terminé recalando en 5º biológico por puro descarte, dado que en ese liceo no se dictaba la tercera opción del momento, 5º científico, que muy probablemente habría sido el carril ideal para mi mente analítica. No importó; a la larga la terminé haciendo de todas formas en mi adultez, pero esa es otra historia.

Mis estudios universitarios fueron igual de simbólico: terminé la Facultad de Química exactamente en el año en que cayó la intervención militar dentro de la Universidad de la República.

Lo curioso de la física del destino es que terminé en 5º biológico cuando la biología había sido, justamente, una de las asignaturas que menos me había gustado durante 4º.

Sin embargo, un par de sorpresas imponentes me esperaban en ese salón. La primera fue mi profesora de cátedra: Milka. Ella era parienta política de mi madre, aunque yo jamás la había visto en la vida. Me enteré del lazo porque mamá me comentó al pasar que la parienta era profesora mía. Yo no tenía la menor idea de cuál de todas las docentes del liceo era, pero en la primera clase Milka, que tampoco me conocía, me reconoció en el acto al leer mis apellidos en la lista.

Terminó siendo una profesora descomunal; absolutamente estricta y muy poco dada a regalar buenas notas, pero sus clases eran de una excelencia tal que me hizo recabar sobre mi disgusto biológico y me motivó a terminar haciendo 6º medicina. En ese bache del almanaque pensé que la práctica médica no era para mí, ya que sentía que no iba a poder resistir ver el sufrimiento humano tan de cerca en el día a día. Me decidí entonces por la química farmacéutica, que era lo más parecido.

Nunca imaginé en mi juventud que la vida me llevaría a estar en contacto directo con tantos enfermos en el futuro, ni que el conocimiento médico que aprendí gracias al impulso de Milka me iba a ser útil al extremo científico de llegar a salvarle la vida a Doug, mi esposo, en la clínica de Tucson.




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