La música del exilio, las peñas y los secretos a voces
Debido a las feroces persecuciones políticas de la época, una cantidad inmensa de uruguayos se vio obligada a armar las valijas y marcharse del país. En el mostrador de la cultura popular, existían obras que hablaban de forma muy velada sobre la cruda situación de esa gente y sobre lo que realmente significa emigrar. Uno de los ejemplos más claros es un video y una canción emblemática donde se repiten fragmentos que me parecen sumamente rescatables: «Uruguayos, uruguayos, ¿dónde fueron a parar? Por los barrios más remotos de Colombes y Ámsterdam...».
Aquello era un juego de palabras brillante; las dos tribunas populares de nuestro Estadio Centenario en Montevideo llevan esos nombres por las gestas olímpicas, pero a la vez eran los destinos reales de los desterrados, como el propio autor de la canción, Jaime Roos, que debió instalarse en Holanda.
La letra toca fibras muy sensibles y contradictorias de la identidad rioplatense: «Parece cosa de locos, les va cada vez peor», o «Se olvidan de la que pasaban aquí, antes de irse para allá», rematando con esa máxima tan grabada en el pago: «El que se fue no es tan vivo, el que se quedó no es tan gil».
En medio de ese encierro generalizado, la música se convirtió en la única herramienta para lograr expresar la insatisfacción popular ante la falta absoluta de libertad. Al principio del régimen de facto, también se escuchaban mucho en las casas ciertas canciones españolas que hacían referencia directa a la Guerra Civil Española; la gente las cantaba con una fuerza imponente, dándoles una connotación especial adaptada a nuestro propio dolor debido a la censura imperante.
En dictadura uno no podía emitir la más mínima queja. Yo, que era apenas una chica, no lograba comprender científicamente qué era lo que estaba pasando en el país, pero cuando preguntaba o intentaba entender el traqueteo del entorno, los mayores se apuraban a hacerme callar la boca. Para los adultos aquello se basaba en secretos a voces, pero para mi mente representaba una fuente constante de intriga.
Al día de hoy, décadas después frente a mi Mac, me sigo enterando de cosas espantosas que ocurrían en esa época, muchas veces a la vuelta de mi casa, y de las que yo jamás tuve la menor idea hasta muchísimo tiempo después.
El nacimiento del Canto Popular
Con el avance de los almanaques, esa resistencia musical fue ganando terreno y casi fue la única manifestación que lograba escucharse en todos lados. En medio de ese período de facto que afectó al Uruguay a partir de junio de 1973, la gente del pago comenzó a componer y cantar canciones que poseían una estructura muy similar al folklore tradicional de nuestra campaña. A todo ese movimiento cultural clandestino se le terminó denominando técnicamente «Canto Popular». Los refugios y locales cerrados donde la juventud se reunía en masa a escuchar a los artistas y a respirar un poco de aire libre eran conocidos por todos como las peñas. Espacios de resistencia que quedaron grabados a fuego en mis carpetas de reserva.