El Período de Facto en Uruguay

El acostumbramiento de los pueblos, Eurovisión de 1973 y el mapa del plomo

El acostumbramiento de los pueblos

A menudo, al repasar mis escritos, me pregunto qué habrán experimentado en su fuero íntimo los antiguos egipcios el día exacto en que falleció el faraón Ramsés II. La historia nos indica que gobernó de forma ininterrumpida durante sesenta y seis años. Generaciones enteras nacieron, crecieron y murieron bajo su mandato, por lo que la inmensa mayoría de la población jamás había conocido otra realidad en el mostrador del mundo. No lo podrían ni creer.

Existe una diferencia psicológica abismal si lo comparamos con el bache contemporáneo de la muerte de la Reina Isabel II de Inglaterra. En el caso británico, gracias a la existencia de internet y la hiperconectividad, la gente contemplaba su vejez en tiempo real y sabía científicamente que era un ser humano mortal cuyo desenlace llegaría tarde o temprano. Los egipcios, en cambio, no veían en Ramsés II a un simple mortal: estaban plenamente convencidos de que el faraón era un dios en la Tierra.

A esto se suma que los pueblos antiguos —al igual que las sociedades modernas sometidas al cerco del autoritarismo— carecían de información libre. La masa solo sabía aquello que el poder les dejaba saber.

Uno se termina acostumbrando por completo a una situación opresiva luego de tantos años y el cerebro se bloquea, al extremo de que resulta casi imposible asimilar la verdad cuando por fin todo se termina, tal como ocurrió en los almanaques del siglo XX con la muerte de Francisco Franco en 1975 o la histórica caída del Muro de Berlín.

¡Cualquier parecido con la realidad uruguaya y otros países NO es pura coincendencia!

Eso se sabe desde que el mundo es mundo y ha sido explicitado magníficamente por Maquiavelo. Yo no lo leí, pero sé que es así por todo lo que he visto a lo largo de mi vida y por mi clases de historia.

Esa misma burbuja de ignorancia forzada rodeaba mi propia rutina en el año 1973. Recuerdo patente que una canción que hizo una verdadera época en el dial fue «Eres tú» del grupo español Mocedades...

Esa misma burbuja de ignorancia forzada rodeaba mi propia rutina en el año 1973. Recuerdo patente que una canción que hizo una verdadera época en el dial fue «Eres tú» del grupo español Mocedades. Aquella melodía inmensa, interpretada por una solista de voz increíble, arañó la gloria en el Festival de Eurovisión el 7 de abril de 1973, alcanzando 125 puntos frente a los 129 de la composición ganadora. Yo acababa de comenzar el primer año de liceo y el 16 de abril el cancionero popular se vestiría de luto por la muerte de un cantante español muy querido en el Uruguay, Nino Bravo sobre el que hay un libro aquí.

Aquel festival europeo constituyó el último destello de inocencia antes de que se desatara la tormenta en el cono sur. Pocas semanas después, el 27 de junio de 1973, se perpetró el Golpe de Estado en el Uruguay. Yo era preadolescente y no lo sabía en ese instante, pero ese bache político tendría una profunda y dolorosa trascendencia en la vida de todos los uruguayos.

La oscuridad avanzaba con una precisión matemática en la geografía de la región: el 11 de septiembre derrocarían y matarían en Chile al presidente Salvador Allende, y la dictadura militar en la Argentina ya despuntaba en el horizonte de ese mismo año, sumándose a los regímenes que ya pisaban fuerte en Paraguay desde antes de mi nacimiento y en Brasil desde que yo tenía apenas cinco años de edad. Los tiempos eran negros para toda América Latina, aunque para España ya se divisaban los primeros vientos de cambio.

España estaba en dictadura desde el final de la guerra civil en 1939. Pero en 1975 falleció Francisco Franco. Fue realmente una noticia internacional sorprendente cuando finalmente pasó. Igual que cuando cayó el muro de Berlín. Uno se acostumbra a una situación luego de tantos años y casi no lo puede creer cuando por fin se termina.

Eso mismo nos paseo a los uruguayos, creo, cuando por fin hubo apertura democrática, elecciones y por fin cayó la dictadura miliar, aunque la batalla siguió.

Todavía faltaba pelear para que los crímenes de lesa humanidad no caduraran, para seguir encontrando el rastro de los desaparecidos y que saliera a la luz tanta maldad y horror.




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