El precio de lo prohibido

CAPITULO 4

No pude dormir aquella noche.

Las palabras de mi padre se repetían una y otra vez en mi cabeza.

Aléjate de los Brooks.

Pero cuanto más intentaba entender por qué, menos sentido tenía.

Tomé mi teléfono.

El mensaje de Ethan seguía ahí.

Ethan: ¿Llegaste bien?

Sonreí ligeramente.

Escribí:

Emma: Sí. ¿Tú?

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Ethan: Sí.

Después apareció otro mensaje.

Ethan: ¿Pasó algo cuando llegaste?

Me quedé mirando la pantalla.

¿Cómo podía saberlo?

Emma: Mi padre sabe que te conozco.

Tardó unos segundos en responder.

Ethan: Mi padre también sabe de ti.

Fruncí el ceño.

Emma: ¿Y qué dijo?

La respuesta tardó un poco más.

Ethan: Que no debería acercarme a ti.

Sentí un pequeño escalofrío.

Emma: A mí me dijo exactamente lo mismo.

Pasaron unos segundos.

Después apareció:

Ethan: Entonces definitivamente nuestras familias esconden algo.

Sonreí.

Por primera vez no sentí que estaba intentando descubrir la verdad completamente sola.

Tenía a alguien que también quería respuestas.

A Ethan.

Al día siguiente nos encontramos en la biblioteca.

Ethan llegó con una carpeta.

—Encontré algo.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

Se sentó frente a mí y abrió la carpeta.

Había una fotografía antigua.

Dos hombres aparecían frente a un edificio.

Reconocí inmediatamente a uno.

—Ese es mi abuelo.

Ethan asintió.

—Y el otro es el mío.

Me quedé observando la fotografía.

—¿Se conocían?

—Parece que sí.

—Entonces nuestras familias no siempre fueron enemigas.

Ethan negó con la cabeza.

—Creo que alguna vez estuvieron del mismo lado.

Miré nuevamente la fotografía.

En el reverso había una fecha.

1998.

Debajo aparecía una frase.

Una alianza que cambiaría el destino de ambas familias.

—¿Qué significa esto?

—No lo sé.

—Tenemos que descubrirlo.

Ethan me miró.

—Juntos.

Asentí.

Por primera vez sentí que estábamos avanzando.

Pero justo cuando iba a guardar la fotografía, escuchamos una voz.

—¿Qué están buscando?

Nos giramos.

Era un hombre que no conocíamos.

Estaba parado a unos metros de nosotros.

Ethan cerró la carpeta inmediatamente.

—Nada.

El hombre nos observó durante unos segundos.

Después sonrió.

—Espero que siga siendo así.

Se marchó.

Lo seguimos con la mirada.

—¿Quién era? —pregunté.

—No lo sé.

Pero Ethan parecía preocupado.

—Tenemos que irnos.

Guardó la carpeta y nos levantamos.

Salimos de la biblioteca.

Caminamos varias calles sin hablar.

Finalmente me detuve.

—Ethan.

Él se giró.

—¿Qué?

—Tengo miedo.

Su expresión cambió.

—¿De qué?

—De que descubrir la verdad sea peor que vivir sin conocerla.

Ethan se acercó un poco.

—Entonces no la descubriremos solos.

Lo miré.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo.

Sonreí.

Por unos segundos olvidé todo.

El misterio.

Nuestras familias.

Las amenazas.

Solo estábamos nosotros.

Ethan me miró a los ojos.

Y por primera vez pensé que quizás lo que sentía por él no era simplemente curiosidad.

Quizás estaba empezando a enamorarme.

Y eso era lo más peligroso de todo.

Porque todavía no sabíamos qué había ocurrido entre nuestras familias.

Y si nuestros padres habían pasado años intentando mantenernos separados...

seguramente tenían una razón.



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En el texto hay: romance misterio, thriller mafia

Editado: 21.09.2026

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