El precio de lo prohibido

CAPITULO 6

Emma Carter

No dormí prácticamente nada.

Cada vez que cerraba los ojos, recordaba los mensajes del desconocido y la conversación que había escuchado entre mi padre y aquel hombre.

Si los chicos siguen viéndose, todo lo que hemos mantenido oculto saldrá a la luz.

¿A qué noche se refería?

¿Qué habían hecho nuestras familias?

Y ¿por qué Ethan y yo éramos una amenaza?

A las seis de la mañana me levanté de la cama, me duché y me vestí. No tenía clases hasta las diez, pero necesitaba salir de aquella casa antes de que mi padre intentara controlarme otra vez.

Bajé las escaleras y encontré a mi madre preparando café.

—¿Tan temprano, Emma?

—Tengo cosas que hacer.

—¿Con quién vas a salir?

La miré.

—¿También tengo que informarles de cada persona con la que hablo?

Mi madre dejó la taza sobre la mesa.

—No empieces otra vez, por favor.

—Entonces deja de hacerme preguntas cuya respuesta ya conoces.

—Emma, tu padre está preocupado por ti.

—¡Pues que me diga la verdad!

Mi voz resonó por toda la cocina.

Mi madre miró hacia las escaleras, asegurándose de que mi padre no estuviera cerca.

Después se acercó a mí.

—Hay cosas que no entiendes.

—Porque nadie me las explica.

—Tu padre quiere protegerte.

—¿De Ethan?

Mi madre bajó la mirada.

Y ese gesto fue suficiente para hacerme sentir un nudo en la garganta.

—Mamá, mírame.

Ella levantó los ojos.

—¿Ethan es una mala persona?

—No lo sé, cariño.

—¿Entonces por qué no puedo conocerlo?

Mi madre me acarició la mejilla.

—Porque a veces las personas pagan por los errores de sus padres.

Me aparté lentamente.

—Eso no es justo.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué quieren que lo haga?

Mi madre no respondió.

Tomé mi bolso y salí de casa.

Necesitaba ver a Ethan.

Necesitaba que alguien me explicara qué estaba pasando.

Y, por primera vez, tenía miedo de que la verdad fuera mucho peor de lo que había imaginado.

### Ethan Brooks

Emma me había escrito la noche anterior.

Necesito verte mañana. Hay algo que tengo que contarte.

Desde que leí aquel mensaje, no había dejado de pensar en ella.

Conocía su forma de escribir cuando estaba tranquila y también había empezado a reconocer cuándo algo le preocupaba.

Aquella vez estaba preocupada.

Llegué al parque veinte minutos antes de la hora acordada.

Me senté en una banca y saqué el teléfono.

Tenía tres llamadas perdidas de mi padre.

No le devolví ninguna.

Desde que había encontrado aquella fotografía de nuestros abuelos, nuestra relación había empeorado. Él quería que olvidara el asunto, pero yo ya no podía hacerlo.

Había algo en el pasado de los Brooks que también me pertenecía.

Y estaba cansado de que todos decidieran qué podía saber.

Entonces vi llegar a Emma.

Caminaba rápidamente, con el bolso colgado del hombro y una expresión que nunca le había visto.

Me levanté inmediatamente.

—Emma.

Ella se detuvo frente a mí.

—Hola.

—¿Qué pasó?

Miró a su alrededor.

—¿Podemos hablar en otro sitio?

Asentí.

Caminamos hasta una zona más tranquila del parque y nos sentamos.

Emma sacó el teléfono.

—Anoche recibí unos mensajes de un número desconocido.

Mi expresión cambió.

—¿Qué decían?

Me mostró la pantalla.

Leí el primer mensaje.

Después el segundo.

Mi mandíbula se tensó.

—¿Quién te mandó esto?

—No lo sé.

—¿Se lo enseñaste a tu padre?

Emma soltó una pequeña risa amarga.

—Mi padre es parte del problema.

La miré.

—¿Qué quieres decir?

Ella respiró profundamente antes de continuar.

—Anoche escuché una conversación. Mi padre estaba hablando con un hombre. Dijeron que, si nosotros seguíamos viéndonos, todo lo que habían mantenido oculto saldría a la luz.

Sentí un escalofrío.

—¿Mencionaron algo más?

Emma me miró directamente.

—Hablaron de una noche. Dijeron que si descubrías lo que ocurrió aquella noche, tu padre tendría problemas.

Me quedé inmóvil.

Una noche.

Intenté recordar todas las conversaciones que había escuchado en mi casa.

Todas las fotografías.

Todos los documentos.

Pero no conseguía encontrar una respuesta.

—Emma, yo tampoco sé qué ocurrió.

Ella bajó la mirada.

—Lo sé.

—¿Cómo puedes estar segura?

Levantó la cabeza.

—Porque te estoy mirando y sé que estás tan perdido como yo.

No supe qué decir.

Había algo en la forma en que Emma me observaba que hacía imposible mentirle.

Y eso me asustaba.

Porque empezaba a confiar en ella más de lo que había confiado en cualquier otra persona.

—Voy a averiguarlo —le prometí.

Emma negó con la cabeza.

—No quiero que hagas algo peligroso por mí.

—No lo haría solamente por ti.

Ella me miró.

—¿Ah, no?

Sonreí ligeramente.

—También quiero saber por qué mi padre lleva años mintiéndome.

Emma soltó una pequeña risa.

—Eres insoportable.

—Y tú sigues quedando conmigo.

—Estoy empezando a arrepentirme.

—Mentira.

Me dio un pequeño empujón en el hombro.

Y por unos segundos volvimos a ser nosotros.

Sin secretos.

Sin advertencias.

Sin apellidos.

Pero entonces Emma dejó de sonreír.

—Ethan, necesito preguntarte algo.

—Lo que quieras.

Dudó antes de hablar.

—¿Te arrepientes de haberme conocido?

La pregunta me tomó completamente desprevenido.

—¿Qué?

—Tu padre te prohibió acercarte a mí. El mío también quiere que me aleje de ti. Desde que empezamos a hablar, todo se ha complicado.

Me acerqué un poco.

—Emma, mírame.

Ella levantó los ojos.

—No me arrepiento de haberte conocido.



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En el texto hay: romance misterio, thriller mafia

Editado: 11.10.2026

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