El Profesor y La Alumna

Capítulo 28: Una Sorpresa en la Escuela

Narra Ayelén

 

Era un día como cualquier otro en la escuela, pero algo en el aire me hacía sentir que algo especial estaba por suceder. Caminaba por los pasillos, sintiendo una mezcla de curiosidad y emoción, preguntándome qué podría ser.

 

- ¿Has notado algo diferente hoy en la escuela, Ayelén? - preguntó Tomás, con una sonrisa en su rostro.

 

- Sí, siento algo en el ambiente. ¿Tienes alguna idea de qué podría ser? - le respondí, intrigada por su expresión.

 

Tomás asintió y dijo en voz baja:

 

- Podría haber una sorpresa esperándote, pero tendrás que descubrirla por ti misma.

 

Mi corazón comenzó a latir más rápido, lleno de anticipación. Siguiendo el consejo de Tomás, me dirigí hacia mi casillero y allí lo vi: globos de colores flotando en mi casillero, creando un ambiente festivo y romántico.

 

- ¡Oh, Dios mío! - exclamé, emocionada. - ¡Esto es increíble!

 

Desde una distancia prudente, Tomás me observaba con una sonrisa de felicidad en su rostro.

 

Luego, con cautela para no levantar sospechas, se acercó despacio y me preguntó:

 

- ¿Te gusta, Ayelén? - preguntó, esperando mi reacción.

 

- Me encanta, Tomás. Es hermoso. - le respondí, sin poder ocultar mi alegría. - Pero, ¿cómo lo hiciste sin que nadie notara que eras tú?

 

Tomás se encogió de hombros, manteniendo el misterio.

 

- Tengo mis trucos. Solo quería verte sonreír y espero haberlo logrado.

 

Nos miramos el uno al otro, compartiendo un momento de complicidad y amor. Me sentí afortunada de tener a alguien tan dulce y romántico en mi vida.

 

Continué mi día en la escuela, con una sonrisa permanente en mi rostro. Cada vez que pasaba por mi casillero, los globos me recordaban el amor y la conexión que compartía con Tomás.

 

Pero la sorpresa no terminó ahí. Cuando llegué a mi pupitre en el aula, me encontré con un ramo de rosas rojas, delicadamente colocadas sobre mi escritorio.

 

- ¡Ayelén, eso es hermoso! - exclamó mi amiga Sofía, quien se sentaba cerca de mí.

 

Sonreí y respondí:

 

- Sí, lo es. No puedo creer lo afortunada que soy.

 

Desde su lugar en el frente del aula, Tomás me miraba con una mirada llena de amor y felicidad. Sabía que esta sorpresa también era de él, pero manteniendo el anonimato para los demás.

 

El día continuó con normalidad, pero mi mente estaba llena de anticipación. Sabía que algo más estaba por venir. Y no me equivoqué.

 

Cuando llegó el momento del receso, escuché una hermosa melodía que llenaba los pasillos. Seguí el sonido y me encontré con un grupo de estudiantes tocando música en vivo. Entre ellos, estaba Ed Sheeran, con una guitarra en sus manos y una sonrisa en su rostro.

 

Me acerqué cautelosamente y Tomás me susurró despacio para que solo yo lo escuchara:

 

- ¡Ayelén, esto es para ti! - exclamó, dedicándome una mirada llena de amor y emoción.

 

Mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad mientras Ed Sheeran cantaba una canción especialmente dedicada a mí. Las palabras expresaban todo el amor y la admiración que Tomás sentía por mí. Era un momento mágico y romántico que nunca olvidaría.

 

Al finalizar la canción, todos los estudiantes aplaudieron y felicitaron al cantante. Pero solo yo sabía que esa serenata era para mí, una muestra más del amor inmenso que Tomás sentía por mí.

 

Después buscamos un lugar privado, nos abrazamos, sintiendo la conexión profunda que teníamos. En ese momento, supe que estábamos destinados a estar juntos y que nuestro amor era capaz de superar cualquier obstáculo.

 

- Gracias por todas estas sorpresas, Tomás. Eres increíble - le dije, con lágrimas de felicidad corriendo por mis mejillas.

 

Tomás sonrió y me acarició la mejilla suavemente.

 

- Solo quiero verte feliz, Ayelén. Y haré todo lo posible para lograrlo.

 

Esa sorpresa en la escuela quedó grabada en mi corazón como un recuerdo inolvidable. Sabía que, con Tomás a mi lado, cada día sería una aventura llena de amor y sorpresas maravillosas.

 

Narra Tomás

 

Desde el momento en que vi a Ayelén caminar por los pasillos de la escuela, supe que quería hacer algo especial para ella. Había notado su curiosidad y emoción en el aire, y decidí que era el momento perfecto para sorprenderla.

 

Le pregunté si había notado algo diferente en la escuela, esperando que captara mi entusiasmo. Cuando me respondió que sí, supe que estaba lista para descubrir lo que le tenía preparado.

 

Con cuidado y discreción, preparé los globos de colores y los coloqué en su casillero. Quería que se sintiera feliz y sorprendida al encontrarlos. Observé desde lejos mientras abría su casillero y veía la sorpresa. Su reacción fue maravillosa, llena de emoción y alegría. Sabía que había acertado.

 

Pero no quería detenerme ahí. Quería que Ayelén se sintiera amada y especial, así que decidí agregar otro detalle. Colocar un ramo de rosas rojas en su pupitre fue mi siguiente paso. Quería que supiera cuánto la admiraba y apreciaba. Desde mi lugar en el frente del aula, la observaba mientras descubría las rosas. Su sonrisa y su expresión de asombro hicieron que todo valiera la pena.

 

Pero aún no había terminado. Quería que el día fuera aún más especial, así que organicé una serenata con la ayuda de algunos estudiantes talentosos y, por supuesto, Ed Sheeran. Sabía que Ayelén era fan de su música, y tenerlo allí para dedicarle una canción sería el toque final perfecto.

 

Cuando llegó el momento de la serenata, me aseguré de estar cerca para ver su reacción. Verla emocionada y con lágrimas de felicidad en los ojos mientras Ed Sheeran cantaba para ella fue un momento que nunca olvidaré. Sentí una conexión profunda con Ayelén en ese instante, sabiendo que todo el esfuerzo había valido la pena.




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