El regreso del mayordomo del Mundo

Otra cosa inutil

Yuexin frunció el ceño nerviosa.—Ese idiota… espero que no haga lo mismo que aquella vez…Lamentablemente para ella…Eso fue exactamente lo que pasó.

Bingyan levantó la cabeza lentamente y rugió como una bestia.

—¡¡Garra de Sangre!!

Una gigantesca mano roja apareció sobre la arena, absorbiendo toda la sangre derramada en el combate, tanto la de Bingyan como la de Mingyu.

La expresión de Mingyu cambió por primera vez.Porque sintió que algo andaba terriblemente mal.Pero antes de que pudiera reaccionar, la enorme mano se dividió en dos.

Una mitad regresó hacia Bingyan y fue absorbida por su cuerpo, haciendo que su aura aumentara ligeramente.

Mientras que la otra parte…

—¡¡Sangre de Trueno!!

Cientos de relámpagos escarlata descendieron desde el cielo como una tormenta divina, impactando violentamente la arena.

Mingyu escupió sangre una y otra vez mientras resistía el ataque. Sin embargo, nadie notó que cada gota derramada desaparecía discretamente antes de tocar el suelo.

Solo algunos ancianos sintieron algo extraño… aunque no lograban entender qué era exactamente.

Cuando el humo finalmente se disipó…Los dos seguían de pie tambaleándose.El silencio dominó toda la arena.Entonces, al mismo tiempo…

Ambos cayeron inconscientes.Por unos segundos, nadie reaccionó.Hasta que toda la arena explotó en caos.

—¡¿Empate?!—¡¿El primogénito no pudo derrotarlo?!—¡¿Quién demonios es ese chico?!

Incluso los ancianos mostraban expresiones extrañas. Nadie entendía cómo alguien aparentemente tan mediocre había logrado llevar a Huan Mingyu hasta ese estado.

Pasaron unas horas y, para sorpresa de todos, Bingyan se levantó de la cama como si nunca hubiese resultado herido. Incluso se estiró con tranquilidad, como quien acababa de despertar de una siesta placentera y no de una batalla que había dejado a medio salón temblando.

—Contento, ahora qué sigue… —preguntó mirando a Tianmo con una sonrisa despreocupada.

Tianmo, sentado junto a la ventana mientras observaba las nubes oscuras sobre la secta, respondió con calma:

—Ahora solo queda que esta unión se complete. Cuando empiece la guerra entre sectas, nosotros seremos los terceros en recoger los beneficios.

Shuanger, que estaba recostada cerca de la mesa, frunció el ceño confundida.

—¿Terceros? ¿No se supone que somos los que mueven todo desde las sombras?

Tianmo soltó una pequeña risa.

—Precisamente por eso. Los primeros en pelear serán los idiotas ambiciosos. Los segundos serán los oportunistas. Nosotros… seremos los que limpien el tablero al final.

Bingyan asintió varias veces como si hubiese entendido algo profundo, aunque en realidad seguía algo perdido.

—Ah… claro… muy lógico…

Pero entonces Tianmo entrecerró los ojos.

—El único problema serán los cuasi-emperadores de las otras sectas. Esos viejos monstruos no son fáciles de engañar.

En ese instante, Yuyu se levantó lentamente de la cama, todavía despeinada, pero con una mirada afilada.

—Si quieres, puedo encargarme de ellos.

Sus palabras hicieron que el aire de la habitación se volviera pesado por un segundo. Incluso Bingyan tragó saliva.

Sin embargo, Tianmo negó con tranquilidad.

—Todavía no.

—¿Por qué? —preguntó Yuyu con evidente fastidio.

—Porque aún no podemos mostrar nuestras verdaderas habilidades. Hasta llegar al Dominio Sagrado debemos permanecer discretos. Si levantamos sospechas ahora, todos los planes se derrumbarán antes de empezar.

Yuyu hizo un puchero infantil y volvió a sentarse.

—Qué aburrido… entonces tendré que seguir fingiendo ser normal.

Shuanger casi escupe el té al escuchar eso.

—¿¡Desde cuándo finges ser normal!?




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