El sacrificio

Capítulo X

¿ES UNA BROMA?

—Tienes razón... Saldré a caminar un rato. ¿Me acompañas?

—Claro. Tengo que estar atento a que no quieras irte y dejarme todo el caso a mí. —respondió Marco con una sonrisa divertida.

—Esa no sería tan mala idea. De todos modos, casi nunca haces nada.

Marco se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido.

—Eso me duele mucho... pero te lo perdono si me invitas a comer. Me muero de hambre y la comida de aquí parece llevar días preparada.

Tanto Marco como Eithan hicieron una mueca de asco al recordar la comida de la división.

—Está bien, yo invito. Pero la próxima tú pagas.

Marco ignoro lo último y se concentró solo en el principio de lo dicho por Eithan

—¡Genial!

Eithan rodo los ojos sabiendo que marco ignoraría la primera parte y que para la próxima él tendría que pagar nuevamente aun así se dispuso a caminar e ir a comer.

Antes de que pudieran salir, el teléfono de la división sonó en toda la oficina. Ambos detectives intercambiaron una mirada antes de acercarse. Marco fue quien descolgó el auricular.

—Buenas noches. ¿Quién habla?

Silencio, durante unos segundos no se escuchó absolutamente nada, después, la llamada se cortó.

—Bien... eso fue raro. —comentó Marco, claramente confundido.

—Lo más probable es que fuera una broma. ¿Recuerdas cuando de pequeños hacíamos ese tipo de llamadas? —dijo Eithan, restándole importancia.

—Sí... puede que tengas razón.

Aunque Marco no parecía del todo convencido, decidió dejar el asunto de lado.

Los dos bajaron al estacionamiento y se dirigieron a un parque donde solían instalarse varios puestos de comida.

Después de comprar algo para comer, comenzaron a caminar mientras conversaban y bromeaban entre ellos.

Por unos minutos, el caso dejó de existir.

Hasta que el teléfono personal de Eithan comenzó a sonar.

Sacó el celular del bolsillo. El número no estaba registrado en sus contactos.

—Debe ser algún agente o un superior.

Contestó la llamada y activó el altavoz.

—¿Bueno?

Silencio.

Entonces...

Un desgarrador grito femenino rompió el silencio.

La llamada se cortó inmediatamente.

—¿Qué fue eso? —preguntó Marco, siendo el primero en reaccionar.

Eithan intentó devolver la llamada varias veces. Todas fueron enviadas al buzón de voz.

—Esto ya no parece una broma... —murmuró mientras guardaba el teléfono. —Y empiezo a pensar que la llamada de la oficina tampoco lo fue.

—¿Así? No me digas. Si no lo decías, ni cuenta me daba. —respondió Marco con evidente sarcasmo. Lo habían interrumpido justo cuando empezaba a comer.

—Oye, cálmate. No fui yo quien interrumpió tu cena. —contestó Eithan, ya algo irritado.

—Pero si no hubieras asegurado que era una broma, habríamos podido rastrear la primera llamada.

—¿Y para qué me haces caso? Si no confiabas en lo que dije, pudiste haberte quedado en la oficina.

La discusión comenzó a subir de tono. Algunas personas que paseaban por el parque los observaban con incomodidad. En cambio, los dueños de los puestos apenas les prestaban atención, los conocían desde hacía tiempo y sabían que, cada vez que alguien interrumpía su comida, ambos terminaban discutiendo y echándose la culpa mutuamente.

Uno de los vendedores levantó la voz.

—Eithan... ¿quién fue el que te llamó? ¿Y cómo consiguió tu número personal?

La pregunta bastó para hacerlos callar. Los dos se miraron al mismo tiempo.

—Es cierto... —murmuró Marco.

Por un instante, ninguno dijo una palabra. Acababan de darse cuenta de algo inquietante, quienquiera que estuviera detrás de aquellas llamadas no solo conocía el caso... También sabía cómo contactar directamente a Eithan.

Sin perder un segundo, se despidieron del vendedor, subieron al automóvil y regresaron de inmediato a la división.



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En el texto hay: asesinatos, bromas, asesinato muertes

Editado: 16.10.2026

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