Entrenamiento
Al llegar a la unidad, Eithan entregó su teléfono al área de comunicaciones.
—Necesito que revisen la llamada que entró anteriormente.
El técnico tomó el celular y asintió.
—Claro. Enseguida lo haré. Le avisaré en cuanto tenga los resultados.
Marco esperaba cerca de las escaleras. En cuanto Eithan regresó, ambos subieron a su oficina. Al entrar, encontraron a uno de sus superiores acompañado de una joven.
—Detectives, qué bueno que llegan. Me gustaría presentarles a María Castañeda. A partir de hoy estará bajo su cargo. Quiero que la entrenen. Por lo que hemos observado, este es el primer caso que realmente se les ha complicado.
Era evidente que el superior estaba bromeando. Sin embargo, para Marco y Eithan el comentario fue un golpe directo al orgullo, aun así, ambos sonrieron.
—Claro, señor. Nosotros nos encargaremos de entrenarla como es debido. —respondió Marco.
—Y quizá, con un par de ojos nuevos, encontremos algo que hemos pasado por alto. —añadió Eithan.
Observó a Marco por un instante. Este asintió en señal de aprobación.
—Excelente. Entonces queda bajo su cargo. Espero que puedan trabajar bien juntos.
Sin añadir nada más, el superior abandonó la oficina.
La joven dio un paso al frente.
—Mucho gusto. Como ya dijo el superior, soy María Castañeda. Espero que podamos trabajar juntos y resolver este caso sin inconvenientes.
La sonrisa que mostraba parecía la de alguien que jamás había visto un cadáver o una escena del crimen. Demasiado inocente para los ojos de ambos detectives.
—Mucho gusto. Yo soy Marco... y este amargado de aquí es Eithan.
—¿Con que amargado, eh? Ya no volveré a invitarte la cena. —Eithan miró de reojo a su compañero antes de volver la vista hacia María. — Por cierto... ¿ya cenaste?
María contuvo una pequeña risa al ver cómo discutían. Después respondió:
—Sí, señor. Comí aquí, en la unidad.
—Mientes. —dijo Marco de inmediato.
—Nadie come la comida de la unidad. Y los que lo hacen es porque ya se gastaron todo el dinero y no les alcanza para comprar en otro lado. —añadió Eithan con total seriedad.
María sonrió con cierta incomodidad.
—Está bien... no comí la comida de aquí. Pero de verdad ya cené, lo prometo.
Marco y Eithan intercambiaron una mirada, intentando descubrir si mentía, no encontraron ningún indicio.
—Bien, te creemos. —dijo Marco mientras tomaba una carpeta del escritorio. — Ahora, manos a la obra.
Luego de poner a María al tanto de todo lo que llevaban del caso, le pidieron su opinión. Sin embargo, la joven no encontró nada nuevo que aportar.
Poco después, llamaron a Eithan desde el área de comunicaciones para que fuera a recoger su teléfono, dejándolos a Marco y a María solos en la oficina.
—¿Y qué te impulsó a ser detective? —preguntó Marco por simple curiosidad.
—Mmm... pues, desde pequeña me gustaba coleccionar los recortes de los casos que aparecían en los periódicos. Me encantaba seguir las investigaciones conforme iban publicando nuevas noticias e intentar resolver los casos junto con los detectives.
—Vaya... al menos tú lo decidiste. Eithan y yo terminamos aquí por culpa de una apuesta.
Una risa suave escapó de Marco al recordar aquel día.
María arqueó una ceja.
—¿Una apuesta? ¿Cómo está eso?
—Somos amigos desde niños. Cuando terminamos nuestros estudios no sabíamos qué carrera elegir, así que hicimos una apuesta con otros amigos. Ellos escogieron Arquitectura y nosotros la División de Detectives. Como siempre, yo era el que ganaba las apuestas, ninguno se preocupó...
Marco quedó a media explicación cuando la puerta se abrió.
—Sin embargo, esa vez este tonto perdió la apuesta. —interrumpió Eithan mientras entraba con su teléfono en la mano—. Y ya no podíamos arrepentirnos de nuestra decisión. Era esto o meternos voluntariamente al servicio militar.
El cansancio en su voz dejaba claro que seguía lamentando aquella decisión.
María los observó con curiosidad.
—¿Y de qué era la apuesta?
Marco y Eithan intercambiaron una mirada, un segundo después, ambos desviaron la vista, claramente avergonzados al recordar cómo habían decidido el rumbo de sus vidas. Finalmente respondieron al unísono:
—Ver quién comía más mixtas en un puesto que estaba cerca de nuestro instituto.
María no pudo contenerse más, una carcajada sincera llenó la oficina. Había esperado escuchar una competencia de calificaciones o algún reto deportivo, pero jamás una apuesta tan absurda.
Eithan se rascó la nuca y se dejó caer en su silla, intentando olvidar aquel vergonzoso recuerdo. Mientras tanto, Marco seguía preguntándose cómo una apuesta tan ridícula había terminado convirtiéndolos en los detectives más jóvenes y, al mismo tiempo, en los mejores de toda la división.