El Sol que nos robaron

Capítulo 21: La rebelión de la fundición

El eco de los guantes cayendo al abismo del Observatorio aún resonaba en el pecho de Valerius cuando el aire fresco del amanecer comenzó a teñirse con el olor denso del azufre y la grasa de turbina. La libertad lograda en la superficie y la transmisión de la verdad a través del proyector maestro no significaban que la maquinaria de Aethelgard se hubiera detenido por completo. En las entrañas de la metrópoli, el calor del núcleo aún exigía ser canalizado para evitar que los sectores inferiores colapsaran definitivamente.

Desde la terraza más alta, la vista hacia el sur revelaba una columna de humo negro y espeso que ascendía en espirales violentas desde la chimenea mayor de la Gran Fundición.

—Es el Sector Seis —dijo Elena, entrelazando sus dedos desnudos con los de Valerius mientras sentía cómo el pulso ámbar de la matriz torácica del excomandante latía en perfecta sintonía con el suyo—. Vane está entre rejas y el Mayor Brand fue reducido en las bombas, pero los capataces de la Guardia de Elite aún no han soltado el control de los hornos principales.

—Quieren destruir las líneas de purga antes de evacuar —asintió Valerius, contemplando las sombras de los reactores a lo lejos con sus ojos ambarinos libres de todo filtro militar—. Si derraman las coladas de hierro sobre las galerías de salida, sellarán el acceso a las rampas de la superficie para los miles de habitantes que aún vienen desde Las Penumbras.

Sin dudarlo un segundo, ambos descendieron por las escaleras del Observatorio. No necesitaban la armadura de la Guardia ni los visores térmicos del régimen; la luz del nuevo día iluminaba los pasillos de mármol del Nivel Uno mientras la marea de ciudadanos liberados avanzaba en sentido contrario, buscando el aire puro del exterior.

Al cruzar el umbral de la Gran Fundición, el ambiente se transformó en un infierno de resplandor dorado y vapores corrosivos. La nave central, una bóveda gigante sostenida por vigas de hierro negro y remaches de bronce, temblaba bajo el impacto rítmico de los martillos neumáticos de los hornos.

A lo largo de los pasillos de moldeo, decenas de capataces leales a la antigua doctrina de la Cúpula —armados con garrochas de descarga y carabinas de vapor— mantenían encadenados a los obreros de los talleres inferiores. Pretendían forzar la colada del gran crisol número siete sobre el foso de ventilación para taponar la salida hacia los valles.

En la plataforma intermedia, entre la humareda anaranjada del bronce incandescente, Gideon y Mateo resistían atrincherados tras una barricada de placas de hierro soldadas.

—¡Thorne! ¡Elena! —gritó Mateo al verlos llegar por la pasarela de control, cubriéndose de una descarga de vapor lanzada desde las barandillas superiores—. ¡Los capataces bloquearon los frenos hidráulicos del crisol mayor! Si el metal cae en la canaleta tres, la escoria líquida bajará directo a las esclusas de escape del Sector Seis.

—¡No mientras esta fundición siga respirando! —rugió Gideon desde el suelo, golpeando la base de una tubería con su pesado martillo de forja para desviar la corriente de refrigeración.

Valerius avanzó a paso firme por la pasarela central. A su lado, Elena sacó el punzón de acero de su cinturón, despojándose de la pesada chaqueta de las Penumbras para moverse con la ligereza de una sombra entre los chorros de vapor.

Los capataces de la guardia se volvieron hacia ellos, sorprendidos al ver al antiguo Comandante de la Cúpula sin los guantes de cuero de la milicia y con la matriz de su pecho resplandeciendo en una luz dorada y serena.

—¡Es el traidor Thorne! —gritó el capataz mayor desde la torre de conmutación—. ¡Abran los inyectores de pulso! ¡Elimínenlo antes de que alcance la palanca maestra!

Dos guardias dispararon sus lanzadores de alta frecuencia contra el centro de la pasarela.

Sin embargo, Valerius no levantó ningún escudo metálico. Extendió sus manos desnudas hacia el frente, recibiendo el impacto directo de las ondas magnéticas. La energía estática, que en otros tiempos habría sobrecalentado el conector torácico hasta provocarle la muerte, fue absorbida limpiamente por la piel de sus palmas y canalizada hacia la matriz de su pecho. El núcleo reaccionó emitiendo una onda de calor suave, disipando la carga eléctrica en el aire ambiente sin causar el menor daño a su cuerpo ni a las estructuras circundantes.

—Tu tecnología ya no tiene poder aquí —declaró Valerius con una voz grave que se impuso sobre el rugido de los calderos.

Aprovechando la estupefacción de los agresores, Elena corrió por el pasamanos superior de la fosa. Con un movimiento fluido y preciso, saltó sobre la plataforma del capataz mayor, desviando el cañón de su arma y desarmándolo con un golpe seco de la empuñadura de su cuchillo en la muñeca.

El hombre cayó hacia atrás sobre las rejillas de hierro, mirando a la joven contrabandista con los ojos llenos de terror.

—La Cúpula ha caído —dijo Elena, manteniendo la punta de su punzón a milímetros de la garganta del oficial—. Tus órdenes ya no valen nada. Dile a tus hombres que suelten los frenos del crisol si no quieren quedar sepultados bajo su propio metal.

Desde la nave inferior, el grito de los obreros de la Fundición rompió el silencio de la maquinaria. Viendo a sus opresores rodeados y a los líderes de la resistencia dominando la pasarela, los trabajadores cortaron las cadenas de sus grillos con las mismas cizallas de la planta y se abalanzaron sobre la guardia residual.

Mateo y Gideon alcanzaron la palanca del contrapeso hidráulico. Con la ayuda de diez mineros del carbón, hicieron girar la enorme rueda de bronce que controlaba la inclinación del crisol número siete.

El gigantesco recipiente de acero, repleto de diez toneladas de bronce hirviendo, cambió de rumbo antes de verter su contenido en el foso de ventilación. La colada incandescente cayó con un rugido majestuoso sobre el depósito de enfriamiento secundario, formando un lago de luz dorada que comenzó a solidificarse en la zona neutra de la planta sin obstruir ninguna vía de paso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.