El Testamento de Deseo

El Comienzo

El Comienzo

En el principio de todo solo había una cosa: él.

Solo él.

Un ser absoluto, capaz de crear y destruir a placer.

Pero este ser terminó por aburrirse de su eterna monotonía. Porque él era un ser diferente, y esa diferencia fue el comienzo de todo lo demás.

En su afán por arrancar esa monotonía, creó a su primer hijo. El primero de mis hermanos y el más cercano a Padre.

Él creó a la Oscuridad, y la Oscuridad se parecía a él: tan vasta y poderosa. Era tan parecida a él que, para cualquier otro, podían confundirse.

Por un tiempo, Padre e hijo existieron en armonía. Pero todo tiene su final.

Creo que la Oscuridad, parecida a Padre en tantas cosas, terminó por sentirse sola.

Él me contó que un día llegó a entender que la Oscuridad no tenía ideas propias; que solo lo imitaba. No era independiente, era parte de él.

Por esto, él decidió crear algo más.

Cuando extendió su portentosa mano, nació el segundo de sus hijos y la primera de mis dos hermanas.

Nació la Nada.

La Nada: una mujer —si es que a eso se le podía llamar algo— que encarnaba la propia oposición a la Oscuridad y, para el caso, a todo lo demás.

Cuando la creó, Padre estaba pensando algo como:

—Si la Oscuridad se siente sola, le daré compañía.

Él creía que tal vez la interacción entre sus hijos, opuestos entre sí, causaría en ellos una chispa de individualidad. Se equivocó.

Tanto la Oscuridad como la Nada eran tan diferentes como la tierra y el cielo. Salvo en una cosa: en su amor a él.

Ambas lo adoraban con locura, como dos niños aman a su papá.

Él las amaba, de eso no hay duda, pero lo decepcionaron al no ser capaces de llenar su soledad, salvo con el ruido de su propia voz.

Fue entonces cuando nació el tercero de sus hijos.

Me contó que, al momento de crear esa aberración, estaba pensando esto:

—Si lo único que tienen en común es su amor por mí, ¿qué pasa si quito eso?

Así nació Profanación.

Profanación es la máxima aberración: una criatura tan despreciable y repugnante que solo hay un ser en toda la creación que puede amarlo.

¡Él! ¡Solo él podría amar a una criatura tan repugnante!
Profanación, desde su nacimiento, se empezó a pelear con la tranquila Oscuridad y con la activa Nada. Pero sobre todas las cosas, su odio se centró en él.

La Oscuridad me contó que mordía a todo el que se le acercara. La Oscuridad no soportaba a la Nada, pero aprendió a odiar cuando conoció a Profanación. Ese odio fue una de las cosas que tuvo en común con la Nada, según yo.

A pesar de todo aquello, él estaba feliz. Feliz de tener a alguien que era tan diferente a él. Algo que al principio confundió con libre albedrío.

No tardó en darse cuenta de su error: esa criatura era tan ciega como sus hermanos mayores, pero en lugar de amar, odiaba.
Sabiendo eso, él siguió su camino en la creación de alguien más.

El cuarto hijo fue el más poderoso de todos: de los que vinieron antes y de los que vendrían después. El cuarto fue Destino.

No sé en qué estaría pensando él cuando creó a Destino; tal vez pensaba algo como:

—Mis otros hijos viven por y para mí. ¿Qué pasa si creo algo que sea independiente de mí? Todos mis hijos son emocionales. ¿Tal vez sea en la indiferencia donde encuentre lo que busca?

Tal vez era eso, o tal vez algo completamente diferente. No lo sé.

Destino era un ser sumamente poderoso, el único aparte de él que podía tocar a Profanación sin miedo. Capaz de convivir con todos.

Destino era diferente a sus hermanos; era capaz de ser independiente de él. Pero Destino era silencioso: miraba, pensaba, pero nunca hablaba. La indiferencia fue el error que Destino tuvo que pagar.

Tengo entendido que entonces era fácil olvidar que Destino existía; por ende, nació el quinto de sus hijos.

Nació Convivencia.

Convivencia fue la segunda de sus hijas, una mujer especialmente amigable, capaz de llevarse bien con todos, incluso con el indiferente y distante Destino. Pero incluso ella no logró convivir con Profanación... Bueno, no al principio.

Convivencia era independiente y, a diferencia de Destino, ella se llevaba bien con todos. Pero la soledad de él terminó por romper el descanso que trajo el nacimiento de Convivencia.

Nada me hizo saber una vez que Convivencia hacía todo por caerle bien a los demás; nunca podía negarle nada a nadie.

Eso no era lo que él quería. Él quería a alguien que, a mi entender, tuviera motivaciones propias. Convivencia simplemente se adaptaba a cualquier cosa que se le pidiera sin iniciativa propia.

Pero las cosas siempre parecen más claras en retrospectiva. Creo que él, a la hora de crear a su sexto hijo, confundió poner límites con tener iniciativa.

El sexto fue Límite. No sé casi nada de este; él nunca habla de él. Pero creo que Límite fue el más cercano a mí, tal vez por eso él nunca habla de Límite.

Límite fue muy similar a Destino y a Convivencia, pero con una diferencia: Límite no era absoluto.

Destino era independiente, absoluto y, por consecuencia, estaba incluso por encima de él, o al menos a la par.

Después de todo, él podría destruir a Destino y crear otro si quisiera. Pero Destino lo sabe todo; puede ver todas las posibilidades y manipularlas a placer.

La discusión sobre quién es más fuerte no es algo que tenga ganas de abordar ahora. Entre otras cosas porque no lo sé. Ahora volvamos a Límite. ¿Vale, niños?

Pero Límite no era absoluto como sus hermanos. ¿Tal vez fue por diseño? Un ser que es el límite tiene que tener límites, ¿no?

El resultado fue que Límite, a diferencia de sus hermanos mayores, no era absoluto y, por consecuencia, era más débil que ellos.

Las cosas estuvieron tranquilas desde entonces, al menos hasta que dejaron de estarlo.
Profanación, que hervía de odio, logró encontrar una manera: una manera de lastimar a sus hermanos.




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