Tras aquella gran y pecaminosa noche tuve un tiempo de calma. Bueno, no lo llamaría precisamente tranquilo. Vuestro padre no se conformó solo con una noche.
Fue después, mucho después, que empecé a sentirme sola. Profanación era muy intenso, muy, muy intenso. Pero era simple; era más una mascota que otro como yo.
Entonces empecé a desear lo que sería mi último deseo: hijos.
Naturalmente, yo no era mi padre; no podía extender la mano y crearlos. Por eso, tuve que encontrar otra manera.
No la encontré. Simplemente no la encontré por más que busqué, hasta que le conté esto a Profanación.
—No se puede. Padre nos dio el poder de existir, pero no podemos crear o destruir. Sin eso, tu búsqueda es inútil.
—¡Pero, abominación! También era inútil tu búsqueda por hacer sufrir a Papá, y al final lo lograste.
—Eso es un asunto diferente. Destruir algo siempre será más fácil que crear algo.
—Cierto. Recuérdame: ¿cómo lo hiciste?
Él, echado como un perrito en el suelo, levantó la cabeza para mirarme y finalmente dijo:
—No los destruí, no puedo. En cambio, los devoré; siguen vivos dentro de mí, solo que en otra forma. ¿En qué estás pensando?
No respondí de inmediato; me quedé pensando un poco más.
—Para destruirlos, tú te los comiste. Tal vez pueda hacer algo similar yo.
Él me miró con el odio más profundo que jamás había visto. Se puso de pie para enfrentarme con todo su poder.
—Esa es una pésima idea. Yo no soy el mismo desde que devoré a nuestros hermanos. Si haces eso, tú también cambiarás de forma irreconocible, y yo no te lo permitiré.
Me preparo para luchar mientras pienso cómo llevar a cabo este acto de creación.
—Tú no me lo impedirás.
Se lanzó con todo contra mí; me mordió y sus manos abrieron grietas en mi piel, de donde brotaba luz.
Su odio se condensó en terribles llamas negras que me infligieron un dolor que simplemente no puedo empezar a describir.
Así es como llegamos al presente: Profanación atacándome, y ustedes creciendo dentro de mí.
Pero no os preocupéis, siempre consigo lo que quiero, y os quiero a vosotros.
Ante ese ataque tan desgarrador, solo sonrío y meto mi brazo, el que me queda, en su garganta, lanzando todo el poder de mis llamas doradas contra él.
Lo muerdo con determinación.
—Eres mío, Profanación, y tendremos esta misma pelea hasta el final de todo. Tú y yo, para siempre.
Empiezo a meterme en lo más profundo de su repugnante carne y a devorarlo desde dentro.
Agarro sus hilos y el mío, y los amarro con gran maestría, atándolo a mí.
—Estos hilos irrompibles serán nuestra atadura eterna.
Recibí una terrible mordida en el hombro por esas palabras, pero logré atarnos.
—Ni tú ni yo escaparemos jamás de nuestro destino, mi monstruo. Jajajaja.
Fue entonces que finalmente se terminó la gestación.
Yo exploté en llamas doradas, usando el fuego para romperme en pedazos.
Él también tuvo que pagar el precio de mi deseo. Él también explotó en incontables trozos de carne negra y profanada. Ambos chocamos como cadáveres, atados por el destino que yo había atado.
Los trozos de Profanación se convirtieron en seres independientes, pequeños e inexpertos. Ustedes también llegaron así, naciendo de mis pedazos; siete, mis siete hijos.
—Guerra, Paz, Cambio, Bestia, Fuego, Alma y Sueño.
Espero que con este conocimiento podáis llegar más lejos que yo. Espero que podáis desear mucho más que yo.