—¡Hey! ¡Despierta, maldito borracho! ¿Piensas estar durmiendo en mi carreta todo el tiempo?
Un puñetazo impactó directo en mi cara. Abrí los ojos y miré en todas direcciones en frente de mi abia un hombre de cara arrugada y una sicatris en un ojo al inicio no lo reconosi pero luego un dolor punsante recorrio mi cabesa y recorde el nombre de ese hombre era marve . Estaba en lo que parecía ser un sistema de alcantarillado.
Frente a mí estaba Marve. Me miraba serio.
—Eres patético —dijo—. Y pensar que tienes ese maldito tatuaje.
—¿Y quién demonios eres tú? —le respondí—. ¿Qué coño hago aquí? ¿Cómo demonios terminé en este lugar?
Marve me contestó con un golpe en el estómago.
—¿Te crees que siquiera tienes el derecho de hablarme así, maldito bastardo?
Lo miré a los ojos y rápidamente me lancé contra él. Nos enfrascamos en un combate. Él tenía toda la ventaja. Me lanzó con furia contra el suelo.
—¿Qué pasa, muchacho? ¿Eso es todo lo que tienes? Eres patético. Y pensar que tienes el tatuaje de los cazadores de dragones. De seguro no puedes ni con un limo.
Me llené de rabia.
—Maldito, ¿qué coño sabes tú de mí para estar diciéndome esas cosas?
Me abalancé nuevamente contra él. Solo para volver a ser lanzado hacia el suelo y recibir otra paliza. Marve me miraba desde arriba.
—Maldito idiota. ¿Cómo prefieres morir aquí, revolcado en el fango y el alcohol como un maldito cerdo bajo la capa de la Casa Crow? ¿O prefieres pelear contra los dragones y eliminar a esos cabrones de mierda?
Lo miré a los ojos con furia.
—¿Y qué quieres que haga? Apenas pude defender a mi familia cuando esos malditos caballeros llegaron. Lo incendiaron todo. Todos murieron. Y todo por mi maldita culpa.
—Por eso mismo, muchacho. Quiero entrenarte. Por eso yo, por mi parte, estoy enfermo. Me quedan pocos años de vida. No podré defenderme y no estoy muy seguro de cuánto pueda durar. Por eso quiero tener a alguien capaz de eliminar a la Casa Crow por completo. Y devolver la paz a estas tierras. Y la gloria a los cazadores de dragones.
Miré mi reflejo en un charco. Luego volví a mirar a Marve.
—¿Y entonces qué debo hacer, Marve?
Marve ríe.
—Jajaja. Así es como se dice, muchacho. Esa es la actitud. Primero debo ponerte en forma. Así apenas podrás con un lobo invernal. Bueno, en fin, sígueme. Te llevaré a un lugar. Se le conoce como la Garra de Rata. Aquí están todos los marginados, ladrones, bandidos, asesinos, etcétera. Personas como tú y como yo. Que han sido desterrados o exiliados. Todos tienen sus motivos para estar aquí abajo. Pero algo muy importante: no confíes absolutamente en nadie. ¿Entendido, muchacho?
Asentí con la cabeza. Caminé junto a Marve. Mientras avanzábamos, se escuchó un ruido raro. Como una especie de gorgoteo. Marve se puso en guardia y empezó a observar hacia todas partes.
De repente, miramos hacia arriba. Una gota negra cayó sobre nosotros. Era un limo negro enorme. Como dos personas una encima de la otra. Lleno de huesos y espadas encajadas.
Marve me miró y me empujó cuando el limo negro lanzó el primer golpe. Luego se puso en guardia, desenvainó su espada y sacó su escudo de su espalda.
—¡Ven a mí, maldito bastardo! —gritó.
El limo negro no lo pensó dos veces y arremetió contra él. Marve lo paró con su escudo. Luego me lanzó una daga.
—¡Ve a por su núcleo! ¡Yo lo entretendré!
Tomé la daga del piso con manos temblorosas. Salí corriendo. Pese a tener unos treinta y tantos años, podía correr bastante bien. Salté sobre el limo negro. Intenté apuñalar su núcleo. El limo negro me agarró del cuello con sus tentáculos y me estrelló tres veces contra la pared. Empecé a escupir sangre y maldije a Marve.
Por otra parte, Marve bloqueó el segundo golpe del limo negro con su escudo. Contraatacó con su espada, arrancando un trozo de gelatina. El trozo se disolvió en el piso.
—¡Maldito estúpido! ¡No sirves ni para detener a un estúpido limo!
Salió corriendo. Saltó sobre el limo. Sacó varias espadas de la espalda del limo. Estaban medias oxidadas. Lanzó una contra su núcleo. La otra cortó un tentáculo que se lanzaba hacia mí. El limo negro, ese monstruo de más de dos metros, se desmoronó en simple agua y líquido viscoso.
Marve me tomó del cuello y me dio otro puñetazo.
—¿Qué estabas pensando, estúpido? Cuando te dije que te encargaras de él, era que subieras sobre él y lo apuñalaras. No que corrieras sin más. En todos mis años como cazador de dragones, apenas se había visto un desastre como tú.
—¡Hey! ¡Despierta, maldito borracho! ¿Piensas estar durmiendo en mi carreta todo el tiempo?
Un puñetazo impactó directo en mi cara. Abrí los ojos y miré en todas direcciones. Estaba en lo que parecía ser un sistema de alcantarillado. Estábamos bajo alguna ciudad. O tal vez bajo unas ruinas extrañas. No lo sé.
Frente a mí estaba Marve. Me miraba en serio.
—Eres patético —dijo—. Y pensar que tienes ese maldito tatuaje.
—¿Y quién demonios eres tú? —le respondí—. ¿Qué coño hago aquí? ¿Cómo demonios terminé en este lugar?
Marve me contestó con un golpe en el estómago.
—¿Te crees que siquiera tienes el derecho de hablarme así, maldito bastardo?
Lo miré a los ojos y rápidamente me lancé contra él. Nos enfrascamos en un combate. Él tenía toda la ventaja. Me lanzó con furia contra el suelo.
—¿Qué pasa, muchacho? ¿Eso es todo lo que tienes? Eres patético. Y pensar que tienes el tatuaje de los cazadores de dragones. De seguro no puedes ni con una oveja.
Me llené de rabia.
—Maldito, ¿qué coño sabes tú de mí para estar diciéndome esas cosas?
Me abalancé nuevamente contra él. Solo para volver a ser lanzado hacia el suelo y recibir otra paliza. Marve me miraba desde arriba.
—Maldito mocoso. ¿Cómo prefieres morir aquí, revolcado en el fango y el alcohol como un maldito cerdo bajo la capa de la Casa Crow? ¿O prefieres pelear contra los dragones y eliminar a esos cabrones de mierda?