El último cazador de dragones

Capítulo 3: La rosa de la noche

—¡Hey! ¡Despierta! ¡Despierta! ¿Acaso piensas estar toda la maldita noche durmiendo?

Una voz familiar resonaba en mi mente. Tras abrir los ojos, me doy cuenta de que me encuentro en el mismo lugar. Esta mugrosa alcantarilla apestosa con ese olor fétido a cadáver. Al principio, cuando me quedé dormido, pensé que era un sueño. Pero bueno, esta es la dura y cruda realidad.

—Marve, despierta. Maldita sea, vamos. Hoy comenzará tu entrenamiento. Pero antes de ir, ve a comer algo. Esta vez pagaré yo. Pero de ahora en adelante, todo lo que consumas, bebas o lo que sea que hagas, tendrás que buscártelo con tu propio dinero.

Demiand se levanta de la cama. Se dirige hacia un balde con agua que está un poco turbia, pero ya poco le importa. Se enjuaga la cara y se pone su ropa. Sigue a Marve por los pasillos de la ciudad de alcantarilla.

Pronto llegan a lo que parece ser un local que tiene como nombre La Rosa de la Noche. Un olor extraño emana de ese lugar. Tan espeso como la niebla. De un color púrpura y rosado al mismo tiempo.

—Hey, Demiand —dice Marve—. Ten mucho cuidado con este lugar. Aquí las que trabajan... o sea, las meseras... son súcubos. No te dejes engañar por sus encantos. Una sola noche con una de esas tipas y vas a terminar en una tumba. Bueno, cambiando el tema. Espérame aquí afuera. Entraré y pediré una mesa.

Demiand asiente y se queda en la puerta parado. Algunas personas lo miran al pasar. Pronto, después de unos quince o veinte minutos, Marve vuelve con una nota en la mano.

—Hey, Demiand. Mira lo que me entregaron. Al parecer, las señoritas quieren que acabemos con algunos monstruos en el sótano del local. Dado que hoy pagué yo, las cosas te tocarán a ti. Haz esta misión. Tómalo como la primera prueba de tu entrenamiento.

Marve hace un gesto con la mano y Demiand lo sigue. Se sientan en una mesa cerca del mostrador. Ahí, Marve pide unos muslos de rata gigante y una sopa de huesos. Ambos comen sin decir ni una sola palabra. Demiand mira a cada rato a su alrededor. Marve lo mira y dice:

—Oye, ¿qué pasa? ¿Tienes algún problema con la comida o qué?

Demiand responde:

—No es eso. Se me hace raro ver humanoides y monstruos conviviendo juntos —dice, señalando a las chicas súcubo.

—A eso en este lugar no le damos mucha importancia —dice Marve—. Pero ojo: una vez se fijan en ti, esas no te dejan ir. Bueno, cambiando el tema. Iré a pagar la comida. Tú ve con esa chica de allá.

Demiand camina hacia el lado izquierdo del mostrador. Ahí está esa chica. Tiene el pelo morado y largo, con dos pequeños cuernos rosados en la cabeza. Sus ojos son rojos, con una expresión pícara y una sonrisa torcida. Lleva un top negro ajustado, con un collar de metal y un aro grande en el centro. Sus brazos están cubiertos por guantes largos de color negro, y en la espalda se le ven unas alas pequeñas de murciélago. Tiene una cola delgada que se mueve lentamente detrás de ella.

—Así que tú debes ser el muchacho del que me habló ese viejo gruñón —dice ella—. Me llamo Scarlet.

Se acerca al rostro de Demiand, deslizando sus manos por sus labios.

—Sabes, después de ese trabajo puedes pasar por mi habitación. Te haré un descuento.

Demiand la aleja y le pregunta dónde está el sótano. Ella lo mira y dice:

—Um... un hombre fuerte. Me gusta. Pero nunca nadie me había rechazado. No te preocupes, tarde o temprano caerás. Jiji. A tu respuesta: el sótano está a la izquierda. Busca una puerta roja y verde. Ábrela con esta llave.

Le entrega una llave con forma de calavera.

—¿Y una pregunta? —dice Demiand—. ¿Qué específicamente debo hacer ahí abajo?

—Es simple —dice Scarlet—. Ahí tenemos nuestro vino y todo el alcohol, entre otras cosas. La cuestión es que una hormiga gigante se coló hace unos días y destrozó todo. Nosotras odiamos los insectos, por eso no lo hacemos. Bueno, bye.

Demiand camina por el local, esquivando a algunas chicas que lo atraen con la mirada.

Finalmente llega a una puerta roja y verde.

—Esta es la puerta que dijo esa chica —murmura Demiand.

Coloca la llave en la cerradura. La puerta se abre de golpe, de forma rara. Demiand baja las escaleras y es recibido por un fuerte olor a vino y alcohol.

—¿Qué demonios es ese maldito olor? —dice, cubriéndose con su manga.

Mira en todas direcciones y siente un sonido. Pik. Pik. Pik. Se repite una y otra vez. Cuando mira mejor, lo ve. No era una hormiga, sino un grupo de goblins. Los cuales, al verlo, comienzan a gritar.

—Kiki... huma... no carne buena... nosotros tener hambre... kiki.

Demiand agarra un palo con clavos del piso, pues él no tiene armas, y se prepara para el combate. Pero el frío filo de una flecha se entierra en su espalda. No eran dos goblins, sino tres.

—Kiki... hum... no tonto... kiki... hao... ra... comer.

—Harggg... ¿Qué? ¿De dónde salió ese maldit...?

Demiand está en el suelo mientras se acercan los goblins. Cuando el goblin arquero está lo suficientemente cerca, Demiand lo agarra del cuello y le da un golpe con el garrote, partiendo su cráneo.

—Kieee...

—Kiii... huma... no... matar... ha... ora.

De pronto, uno de los goblins encaja su espada en el costado de Demiand. El cual cae de rodillas.

—Arggg... uff... malditos enanos verdes.

Se gira y golpea al que lo hirió. Clava el garrote en su cara. Al otro lo agarra del cuello y se lo lleva a la superficie.

—¡Haaaaa!

Los gritos de las súcubos llenan el lugar. Marve, al ver a Demiand en ese estado, corre a ayudarlo.

—¿Estás bien? ¡Oye! ¡Responde! ¡Oye!

Demiand se desmaya.

Por otra parte:

—Bueno, chicas, cumplimos nuestra parte. Llevaré a mi amigo a que lo atiendan. ¿Y la paga?

—Fufu... aquí tienes, anciano. 120 de oro, tal y como acordamos —dice Scarlet, tomando al goblin que estaba vivo en sus brazos—. Y tú, enano inmundo, ahora verás lo que te haré.



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En el texto hay: violencia, temas oscuros, muerte de personajes

Editado: 11.10.2026

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