Vi a Jesús vestido de blanco en un lugar desconocido para mí, y estaba alrededor con muchas flores blancas, no vi su rostro, lo vi de espalda, y su cabeza brillaba.
Jesús danzaba suavemente, y delicadamente de un lado para el otro. Enseñándonos a todos; que esa manera de danzar era para no ser rechazados.