El Valle del Renacimiento

La Decisión

«Ahí estaba yo, vigilando desde lo alto de un árbol, cuando de pronto uno de mis amigos me grita desde abajo.»

—¡Rumi, baja, hay intrusos!

«Bajé del árbol de un salto, sin siquiera terminar de entender las palabras. No necesitaba entender; nadie me llama por mi nombre a menos que algo importante esté pasando.»

«Antes de darme cuenta, ya estaba corriendo con otros cuatro, todos los que estábamos de guardia. Al empezar a oír los pasos de los intrusos, los detuve con un gesto.»

—En guardia.

«Nos pusimos en línea, como una pared para detener al posible enemigo.»

«Me sorprendió cuando los vi: eran solo cuatro personas, estaban cansados y olían bastante desagradable, casi tan mal como el olor de un zorrillo. Pero aun así no bajé mi guardia; mis compañeros tampoco.»

«Ellos se detuvieron y yo hablé.»

—¡Quiénes son!

«No entendí la respuesta, pero el hombre me extendió la mano hacia el cuchillo. No lo tomó, solo hizo el gesto y señaló un árbol. Le ofrecí el cuchillo, porque en sus manos temblorosas podía ver que estaba demasiado cansado para usarlo mejor que yo.»

«El hombre escribió en un árbol; usaba el lenguaje universal. Parece que es alguien importante o al menos le gusta escribir. Afortunadamente yo también sé escribir, por lo que no tuve problemas para entender.»

«El mensaje decía: “Somos refugiados, necesitamos ayuda, el niño está enfermo”. Al leerlo, lo entendí; de inmediato les informé a los demás. Ellos también entendieron y bajaron las lanzas; estaban alerta, pero ya no tan alarmados.»

—Sígueme, te llevaré a la tribu.

«Eso fue lo que le dije, y creo que me entendió, porque me siguió. Pero poco después se detuvo, y yo lo entendí cuando volteé y vi al niño pequeño en brazos de su madre toser sangre.»

«La mujer tenía los ojos abiertos, y podía escuchar su corazón acelerado; miraba al hombre como esperando una salvación.»

«Ante eso, saqué uno de los talismanes que me dio Amaru. Un trozo de corteza de árbol que tenía escritas las palabras.»

«Salud y curación te son otorgadas».

«El hombre, al ver el talismán, lo entendió de inmediato y me lo quitó de la mano; lo acercó al niño, y el talismán brilló al contacto con la piel y desapareció. Gracias al talismán, la tos empezó a ceder y la sangre a calmarse, hasta que el niño pudo respirar de nuevo.»

«El hombre suspiró de alivio, con el niño aún gravemente enfermo en brazos, pero al menos el niño ya no estaba cerca de la muerte. La madre se me echó encima en agradecimientos y me dio un par de besos en la mejilla... Pero eso no viene al caso.»
«Con eso los llevé al área cerca de la tribu, la cueva junto al bosque, y dejé a mis compañeros para vigilar.»

Con esas palabras terminé mi informe. Tras un momento añado.

—Por cierto, ¿puedo conseguir otro talismán de mi abuelo más tarde, verdad?

Illapa se queda callado, como si le diera vueltas a mi informe. Tras un silencio largo, me mira a los ojos y dice:

—Para resumir: ahora tenemos cuatro extranjeros a treinta pasos de la tribu. Uno de ellos está gravemente enfermo; no sabemos de qué, pero sabemos que es grave. Ah, y también te gastaste un talismán. ¿Olvidé algo?

Illapa se levanta de la alfombra de piel de oso de metal en la que estaba sentado y mira por la abertura de la tienda.

—Dime, ¿has pensado qué pasa si esa enfermedad resulta ser contagiosa?

Al decirlo, deja de mirar por la ventana y me mira a mí a los ojos.

—Si es contagiosa, podríamos exponer a toda la tribu a un brote.

Me quedo callado y moviéndome un poco más incómodo; no lo había pensado. Solo veía un niño enfermo.

—Reuniré al consejo para decidir qué hacer con ellos

.
El consejo... Eso significa que el asunto es serio y no se puede decidir solo con el jefe. Eso solo hará la respuesta más demorada; no creo que el niño aguante tanto rato. Debo decir algo.

—Illapa, estás exagerando; solo son una pareja, un mocoso y un niño. No hay por qué llamar a un consejo solo por esto. Amaru y tú lo podéis resolver en privado, sin necesidad de convocar al consejo para esto.

Illapa se queda callado, pensando en mis palabras. No parece convencido; mejor lo empujo un poco más.

—Además, un consejo debatirá el asunto durante días. ¿Quieres que este problemita esté jodiendo toda la semana? Además, cuanto más nos retrasemos en la decisión, cualquier posible brote será mucho peor.

Ante eso, Illapa parece convencido.

—Vale, mocoso atarantado, no llamaré al consejo. Ahora vete e informa de esto; necesito reunirme con Amaru rápido.

Mientras salgo de la tienda de Illapa, me encuentro de frente con Yara, que estaba entrando. Ella, al verme, me mira de arriba a abajo, luego a Illapa.

—Rumi, ¿qué haces aquí? Deberías estar de vigía recorriendo la zona. ¿Ha pasado algo?

Extiende el dedo y me toca el pecho; su voz más picante me llega como electricidad por la columna.

—¿O acaso vienes a buscarme?

Miro para otro lado, y mi voz llega entrecortada.

—No. Hoy no. Hay extranjeros en la tribu y tengo que informar de esto. Amaru necesita llegar rápido.

Yara me mira a los ojos, desconcertada; sus dedos se separan de mi pecho y la falta de su tacto me hace contener un gemido.

—Vete entonces. Yo quiero hablar con mi padre.
Salgo de la tienda y Yara la cierra detrás de mí.

---

Mis pasos suenan en la tierra con un sonido pequeño; las sombras me protegen y me ocultan mientras avanzo entre las carpas recién colocadas esta mañana. A lo lejos escucho el crepitar de la hoguera.
Pero a diferencia de las otras noches, esta vez las risas y la música suenan más débiles.

«Los demás están preocupados».

Pienso para mí, mientras mis pasos se detienen frente a una tienda de cuero, la tienda de Illapa.

«Ya informé a Amaru y revisé a los refugiados, seguramente nadie se queje si me meto en la reunión».




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.