El refugio provisional al que el Conde nos guió tras el ataque de los espectros era la cripta soterrada de una antigua capilla privada que perteneció a su linaje hace siglos, oculta bajo las losas de piedra del distrito de Castello. El aire allí abajo era espeso, impregnado de polvo antiguo, cera de abeja y la inconfundible humedad de los cimientos que besaban la laguna. Dimitri caminaba de un lado a otro como un animal acorralado. La compostura que había recuperado brevemente en el callejón se desplomaba a pedazos. Sus manos temblaban con una violencia incontrolable.
-debí haber huido de Venecia el día que la vi en el baile
Se recriminaba a sí mismo, con la voz quebrada por el pavor.
-mírate, Loreine. Estuviste a un milímetro de ser despedazada por las sombras que me persiguen a mí
-estoy bien, mi Lord
Dije con voz pausada y firme, dando un paso hacia el centro de la cripta.
-¡No estás bien!
Estalló él, girándose de golpe. La desesperación en sus ojos oscuros era una herida abierta que sangraba en la penumbra.
-¡Maldita sea! No entiendes lo que viste en ese callejón. Piensas que fue una batalla casual contra monstruos de la noche, pero no lo es. Es el reclamo de una deuda que no me pertenece, un veneno que corre por mis venas desde el día en que nací
Se dejó caer de rodillas sobre los peldaños del altar de mármol, cubriéndose el rostro con ambas manos. Su cuerpo entero temblaba por el pavor visceral a ser el causante de mi ruina. Fue entonces cuando la atmósfera de la cripta cambió. Las pocas velas que iluminaban el lugar redujeron su llama a un hilo azulado y triste. La confesión de Dimitri comenzó como una elegía trágica, una melodía oscura y desgarradora que brotó de su pecho con el peso de siglos de sufrimiento.
(En la penumbra de la cripta, la voz de Dimitri resonó con una melancolía profunda, desnudando la verdad de su maldición ancestral)
Dimitri: (Cantado con una voz grave, ahogada por el dolor y el temblor de sus manos febriles) Tre secoli fa, proprio presso questa laguna, la mia stirpe vendette il chiaro di luna. Un patto di sangue con una strega senza nome, che concesse quella magia in cambio dell'uomo. Ogni primogenito venuto al mondo avrebbe portato nelle vene l'ombra più singolare: un potere assoluto, selvaggio e indomabile... capace di trasformare il mio stesso essere in un mostro fuori controllo!
Me acerqué lentamente por el pasillo de piedra, escuchando cada palabra, sintiendo el eco de su tormento retumbar en las paredes del recinto.
Dimitri: (Elevando la voz en un lamento trágico, mirando sus propias manos incandescentes) Non sono io a dominare questo fuoco; è il fuoco a dominare me. Dal giorno in cui sono nato, mi sono arreso a questo inferno! Le ombre che hai visto sono i padroni del patto; a ogni loro tocco, reclamano la mia anima. Se resti con me, se mi offri il tuo amore, la maledizione si servirà di te per nutrirsi del mio dolore! Fuggi, Loreine! Fuggi lontano da me! Non lasciare che la tua luce si spenga per colpa di un’anima dannata!
El eco de su canto se disipó en el aire helado de la cripta, dejando únicamente el sonido de su respiración entrecortada y el chasquido sutil de la electricidad que aún recorría sus nudillos. Dimitri mantenía la cabeza baja. Erguí la espalda con la dignidad indomable que siempre me había caracterizado. En mis venas había solo una marea de amor, compasión y una determinación de acero que nada en este mundo podría quebrantar. Avancé a paso firme sobre las losas de mármol hasta quedar justo frente a él. Me arrodillé sobre los peldaños, situándome a su misma altura. Dimitri alzó la mirada, desencajado, esperando ver la repulsión en mis ojos. Extendí ambas manos hacia las suyas. Las palmas de Dimitri estaban ardiendo, sobrecalentadas por la magia ancestral, desprendiendo pequeños chispazos de luz cobalto que habrían hecho retroceder a cualquiera. Sin dudar un solo segundo, cerré mis dedos con fuerza alrededor de sus manos ardientes, entrelazando mis dedos con los suyos en un agarre firme, cálido e inquebrantable. Dimitri ahogó un jadeo de pura estupefacción.
-Loreine... no, te vas a quemar...
Intentó zafarse, temiendo dañarme.
-no me estoy quemando, mi amado Conde
Le dije, sosteniéndole la mirada con una fiera ternura mientras apretaba sus manos con más fuerza.
-siento su calor. Siento su dolor. Y no pienso soltarlo
(Uniéndome a su melodía con una firmeza apasionada, transformando la elegía trágica en una promesa de unión)
Loreine: (Cantado con dulzura indomable, sintiendo la energía febril de sus manos entre las mías) Lasciate che le streghe parlino, lasciate che il passato canti; non mi curo di quel patto stipulato da un antenato. Non vedo il mostro che cercate di mostrarmi, vedo soltanto l'uomo che amo e che salverò. Se il tuo sangue brucia di ombre e fuoco azzurro, la mia anima sarà il faro che ti porterà la luce!
Dimitri y Loreine: (A dúo, uniendo nuestras voces mientras la luz cobalto de nuestras manos se suavizaba hasta convertirse en un resplandor dorado y apacible) Né l'antica maledizione né la paura della morte spezzeranno il legame di questo destino comune. Affrontiamo le ombre, sfidiamo il male: uniti per sempre nella notte del Canal Grande!
El calor febril de las manos de Dimitri comenzó a amainar bajo el toque firme de mis dedos. Las chispas azules se disiparon lentamente, dando paso a una tibieza apacible que llenó el espacio entre nuestras palmas. El Conde me miró con una incredulidad rozando lo sagrado, maravillado por la constatación de que la fuerza de mi espíritu era capaz de aplacar la tormenta de su magia sin sufrir el menor daño.
-cualquier persona sensata habría corrido sin mirar atrás
Susurró, con la voz temblorosa y una lágrima solitaria cruzando su pálida mejilla.