El vals de las sombras

Capítulo 19

​[Narra el Conde Dimitri]

El olor a salitre rancio y piedra mojada me azotó la cara al aterrizar sobre la plataforma inferior del Antiguo Fuerte de San Andrea. Las losas de basalto crujieron bajo la presión del impacto, y la aureola de fuego azul que rodeaba mi cuerpo se expandió en un chasquido sordo, quemando el musgo que tapizaba las ruinas. Tenía la mirada clavada en la torre superior. Podía oler la magia negra de Valmont derritiéndose sobre los muros, pero antes de dar el primer paso hacia la gran escalinata de piedra, un sonido inadecuado cortó la penumbra. El crujido de una bota sobre la grava. A mi espalda. Me giré con la velocidad del rayo, girando sobre mi propio eje con la furia de una bestia acorralada. Alcé ambos brazos en un ademán de combate, las sombras que brotaban de mi espalda se estiraron como lanzas afiladas y el fuego azul cobalto envolvió mis manos en una marea de incineración absoluta.

​-¡Muere!

Rugí, con la voz desfigurada por el poder desatado. Estaba a una fracción de segundo de reducir a cenizas a los intrusos, de convertirlos en un puñado de polvo humeante sobre las losas del muelle. Pero el resplandor de mi propia magia iluminó los rostros de la amenaza. Jack Kensington estaba allí, plantado a escasos cuatro metros de mis garras de fuego. Tenía el rostro blanco como la cera, los dientes apretados en una mueca de terror primario y el brazo derecho extendido en un movimiento desesperado, instintivo y brutal con el que había empujado a Olive detrás de su propio cuerpo para cubrirla. Olive, con los ojos desorbitados por el impacto del resplandor azul, se aferraba a la chaqueta de su hermano, conteniendo el aliento. Frené el golpe en el aire. El esfuerzo por detener una descarga de esa magnitud me desgarró los músculos del torso. Un gemido de dolor ahogado se me escapó de la garganta cuando retraje las sombras y obligué al fuego a sofocarse entre mis nudillos, dejando solo un humo azulado y denso flotando entre nosotros.​Me quedé inmóvil, con los brazos cayendo lentamente a los costados, el pecho agitado y la cabeza baja. Mis manos temblaban. Un segundo más. Medio segundo de vacilación y habría asesinado a los hermanos de Loreine.

​-¿Qué... qué demonios hacen aquí?

Articulé, y mi voz sonó como el roce de dos piedras oxidadas. La furia dio paso a un tono áspero, cargado de un reproche violento.

-¡Les di una orden en el salón! Les dije que se mantuvieran en la bruma de la laguna, a salvo en una nave, ¡Si no hubiera reconocido sus rostros a tiempo, ahora mismo serían cenizas sobre el suelo!

​Jack tragó saliva con dificultad. No soltó a su hermana ni un solo milímetro, manteniendo su postura defensiva mientras el aire helado del mar comenzaba a disipar el humo de mi poder.

​-¿Creías que íbamos a quedarnos mirando desde un barco mientras te lanzas a un matadero, Conde?

Soltó Jack, aunque su voz acusaba el impacto de haber rozado la muerte.

-te dijimos que Loreine es nuestra hermana. Los Kensington no dejamos que otros peleen nuestras batallas solos. Ni siquiera si ese 'otro' es un demonio envuelto en fuego azul

​-¡Es una insensatez!

Repliqué, dando un paso iracundo hacia ellos, aunque me obligué a mantener los puños cerrados para no infundirles más pavor.

-este lugar no es un salón de baile de Venecia. Aquí no hay protocolo ni reglas de caballerosidad. Las ruinas están infestadas de espectros que devoran la cordura de los mortales con solo rozarlos. Si cruzan esa arcada sin preparación, morirán antes de ver la cara de Valmont

​Olive salió parcialmente de la espalda de Jack. Tenía el dobladillo de su vestido de recepción roto y manchas de hollín en la cara, pero en sus ojos brillaba esa misma obstinación feroz, elegante e indestructible que caracterizaba a su hermana.

​-entonces enséñanos a no morir, Lord Dimitri

Dijo Olive, sosteniéndome la mirada sin que le temblara la voz.

-vinimos a recuperar a Loreine. Y si el precio de entrar a esa torre es aprender a enfrentarnos a las sombras de tu familia, darnos las órdenes ahora mismo

​La miré. Luego miré a Jack. El dolor y la culpa me carcomieron el alma por dentro como un veneno concentrado. Sentí una náusea física, una punzada amarga en el centro de mi pecho que estuvo a punto de hacerme caer de rodillas. Por mi culpa, por haber sido débil, por haber permitido que el amor me cegara, la única luz que tuve en mi vida estaba encadenada en lo alto de una torre... y ahora sus hermanos, dos jóvenes que deberían estar pensando en bailes y viajes, estaban a punto de arriesgar la vida en el infierno de mi propio linaje.

​-maldita sea mi sangre...

Murmuré para mí mismo, apretando la mandíbula con tanta fuerza que sentí el crujido de mis dientes. Cerré los ojos un segundo, sofocando la marea de culpa que amenazaba con paralizarme. Tenía que ser el líder. Tenía que ser la muralla.

​-escúchenme con atención

Dije, abriendo los ojos y mirándolos con una gravedad mortal.

-las sombras que custodia Valmont no son seres vivos; son proyecciones de miedo y magia negra. No atacan al cuerpo de inmediato; buscan la mente. Si sienten la menor traza de duda, de arrepentimiento o de pavor en sus corazones, se deslizarán por sus gargantas y les congelarán la sangre desde adentro

​Me acerqué a ellos. Tomé la daga de sacrificio del clan Valmont que llevaba en el cinturón y la clave con fuerza en el suelo de madera podrida de un barril cercano. Un halo de luz azul cobalto brotó de la hoja, expandiéndose por las losas en una marca circular.

​-este es un círculo de contención

Expliqué, indicándole a Olive que se situara dentro.

-mientras estén juntos y mantengan la vista fija en la luz, la niebla no podrá tocarlos directamente. Si un espectro se aproxima, no usen acero común. El acero ordinario pasa a través de ellos. Usen fuego, usen luz o apunten directamente al centro de sus máscaras con el borde de esta daga



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En el texto hay: fantasia, comedia, romance

Editado: 15.10.2026

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