El verano que nos separó

8. Medusas.

Negó cuando al volver de ayudar a su tío con la parrilla y algunos trastes sucios que lavaron para no llevarlos con restos de comida se encontró con un Asher bien dormido en una de las hamacas. La gorra le cubría el rostro, pero el sol ya había bajado un poco, así que la joven le quitó la misma, calmándolo con suave voz cuando lo vio removerse.

Su vestido se había secado, pero sin duda hubiera deseado llevar algo más que el mismo, porque sentía arena en partes de su cuerpo que no deberían de tenerla. Ordenó la mochila de su amigo, solo viendo con el ceño fruncido una pequeña libreta, que por curiosidad abrió, para luego cerrarla de inmediato cuando se dio cuenta de que parecían frases y poemas, como un diario, del joven dormido.

Guardó todo bien y aunque no quería dejar la mochila descuidada, quería suponer que nadie en su familia tendría el atrevimiento de revisar la misma. Limpió la mesa que habían usado y fue recogiendo algunas cosas mientras varios miembros de los Slate se habían dado el gusto de una siesta o bien de tomar el sol en la playa, cerca de ese mar que ya había crecido en su marea.

—¿Te aplicaste el aloe? —volteó hacia la voz masculina, sonriéndole con debilidad a Roscoe.—Hola, no quería asustarte.

—No lo hiciste, y sí, tu hermano me aplicó.

—Creo que toca hacerlo de nuevo porque estás muy roja —ella se miró como pudo el hombro.—Le dije que no se metiera sin protector solar, pero Asher siempre hace lo que le parece.

La joven sonrió, pero se movió hacia ese envase del gel que aplicó en sus brazos, hombros, cuello y rostro. Cuando miró a Roscoe a unos pasos de distancia tuvo la intención de pedirle que le ayudara con la espalda, pero de alguna manera las palabras no salieron. No es que desconfiara del mayor de los Slate, en realidad para ese momento era claro que el joven había tomado una posición mucho más madura que en años anteriores.

—Asher, ¿se durmió?

—Sí, lo hizo —miró hacia atrás a la hamaca donde el joven descansaba—. Ayudaré a mi tío mientras tanto.

—¿No quieres ir a caminar? Neva está bronceándose con mi hermana y la verdad es que no tengo nada de sueño, pensé que podríamos dar un paseo por la playa.

La joven miró hacia la zona, y luego a Roscoe cuyos ojos grises continuaron pendientes de ella. La joven suspiró de forma pesada, pero al final recogió algunas cosas en su camino, asintiéndole. Acomodó lo que podía ante su tío, quien le pidió tuviera cuidado cuando la joven le señaló lo que haría, pero luego buscó la gorra de Asher, sus gafas nuevas y tras acomodarse bien sus sandalias avanzó con Roscoe hacia la playa.

—¿Y cómo ha estado tu vida de universitario? —consultó Catalina, buscándole la mirada.

Era un joven apuesto. Sabía que un par de sus primas siempre tuvieron una fascinación por el mayor de los Slate y cuando iba creciendo ella misma fue viéndolo como quien mira a un príncipe encantado. Era alto, fornido, de cabello oscuro y ojos grises que se parecían a los de su padre. Seis años mayor que ella, quien solo pasó saliva cuando fue notada por la familia del joven, pero él siguió de largo de ellos.

—Va muy bien —volteó hacia él—. La universidad, ya este es mi último año, y luego espero hacer una especialidad cuando esté trabajando —ella asintió—. Tu madre me dijo que el próximo año empezarás la universidad, que tienes una beca en una buena universidad privada de la capital, está orgullosa de eso o bueno, así se escucha.

Catalina sonrió con debilidad, solo llevándose un mechón tras la oreja.

—Mis notas consiguieron más de una beca, pero esa es la que puede pagar mi madre —indicó siempre andando a su lado—. Es una universidad buena, no es tan costosa después de todo, pero sino empecé este año en ella, es porque tenemos que ahorrar, para tener al menos la matrícula y unos meses adelantados.

—Ya veo. ¿Y seguiste con tu curso de inglés? —la jovencita asintió rápidamente.

—Sí, sí, ya lo terminé en realidad. Solo me falta algo de práctica.

La risita de Catalina fue nerviosa cuando Roscoe empezó a hablarle en inglés. Se mordió el labio, pero al final respondió en el mismo idioma, viendo la sorpresa en él ante la entonación y fluidez de la chica, que solo negó cuando él continuó hablando de la misma manera. Claro que sus respuestas no llegaban tan rápidas, porque traducía en su cabeza lo que iba a decir, pero al final Roscoe parecía no solo impresionado, también orgulloso.

—Vaya que la escuela era buena —señaló, ella asintió—. Un poco más de práctica para la fluidez y que no te quedes esos minutos como en cortocircuito —ambos sonrieron—. Pero es bueno, Catalina, es un idioma con muchas oportunidades y si bien no es el universal como tal, es posible que te encuentres al menos a una persona que hable en inglés cuando conozcas el mundo —el fruncimiento de ceño en ella fue inmediato—¿Qué? ¿Por qué me ves así?

—Porque a pesar de que se llevan mal Asher y tú tienen ideas similares —confesó viendo hacia el frente, al vasto y enorme océano a su lado. Se quedaron al final en un espacio un poco distanciado de todos, incluyendo la casa—. Él dice que debo conocer el mundo, que merezco salir de aquí y vivir cosas diferentes a la realidad de ser una empleada.

—Estoy de acuerdo con mi hermano —Roscoe le buscó la mirada, aun cuando se encontró con las gafas que ella se quitó en ese momento. El joven la delineó de manera clara, admirándole el rostro juvenil—. Te hiciste más pecosa ¿verdad?




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