El verano que nos separó

12. Nuevo.

Cuando sus miradas se encontraron, la sonrisa en ambos fue naciendo como un precioso amanecer. Los ojitos brillaban, y esa delicada mano de Asher solo consiguió llevar un mechón del rojizo cabello tras la oreja que acarició, pero nuevamente la acunó el rostro para besarla. Catalina se movió un poco más en el asiento, aún con el cinturón puesto, quiso ser más segura en el ritmo que llevaban, pero cuando quiso pegarse a él, el cinturón no le permitió la hazaña, jalándola hacia atrás.

La risa en ella fue encantadora, pero el mismo Asher la liberó del cinturón, dándole un beso en la punta de la nariz, la miró fijamente a los ojos y sin dudarlo apagó la camioneta para bajar e ir por ella. Catalina solo abrió grandes ojos y pasó saliva rozando sus labios cuando estuvo esos segundos a solas. No lo podía creer, no podía estar segura de que vivía lo que estaba pasando.

Pasó saliva cuando él abrió la puerta y le ofreció su mano, que ella tomó para bajar. El joven la jaló un poco hacia el frente para cerrar la puerta, pero luego, contra la misma camioneta, la rodeó de la cintura con una mano y con la otra en su rostro buscó su boca. La jovencita en ese momento comprendió la altura de Asher porque le tocó elevarse en puntillas, pero rodeándolo del cuello fue más sencillo para ella afianzarse a eso que estaba pasando.

Eran besos tiernos, juveniles, que empezaban con un ritmo lento que le permitían a ella, nada experta, y a él, que apenas tiene algo de experiencia, delimitar su propia velocidad. Cuando la otra mano de Asher pasó al rostro de la pelirroja, ella solo sonrió a ese beso en la comisura de sus labios, vino otro a su mejilla y cuando se dio cuenta estaba abrazada a él, quien solo cerró los ojos cuando la tuvo tan pegadita a su pecho.

Separarse y verse a los ojos los hizo sentirse un poco torpes y ciertamente muy ruborizados. Catalina limpió de los labios de Asher un poco de su brillo labial, mientras él rozaba despacito su cintura, sin invadirla demasiado o apretarla a la camioneta.

—¿Quieres ir por un helado, caminamos o nos quedamos besándonos hasta que nos duelan los labios? —preguntó él, rozando apenas ese labio inferior—. Esa última me gusta mucho.

—Podemos comernos un helado, y mientras caminamos podemos, quizás, darnos unos besos más —respondió apenas audible, porque se sentía muy avergonzada, tímida y cargada de una nueva energía.

—Ese plan también me gusta mucho, pero antes de movernos…

Él nuevamente acunó su rostro y se inclinó hacia la boca femenina, sonriendo débilmente cuando miró a esa dulce Catalina cerrando los ojos antes de que el beso se diera. Las manos pequeñas de ella yacían en el pecho del joven que se abrió espacio en su boca, y en esa dulzura que compartían, sus besos se fueron haciendo más seguros en su propio ritmo.

Se separaron ante el silbido de alguien que pasó cerca de ellos en una bicicleta, se vieron ruborizados, pero entonces se pusieron a reír, y tomados de la mano buscaron la heladería cercana a la costa. Asher sonreía cada vez que volteaba a verla y le encantaba encontrarla ruborizada, porque sabe bien que ese tono de sus mejillas no es del sol o del maquillaje.

Cuando Catalina se encontró con sus claros ojos solo negó, pero entonces lo empujó por el costado, sin saber qué más hacer, claro que terminó chillando cuando Asher la cargó desde la cintura y así la llevó hasta la heladería donde en la entrada principal le dio un nuevo beso.

—Van a irle con el chisme a mi mamá —le susurró, aunque en el lugar no había nadie más, ella sabía que no solo los López eran famosos, ella en realidad no se perdía en aquel pequeño pueblo.

—No hay nadie, chispitas.

—Lo sé, pero mi familia es conocida y por desgracia no pasó desapercibida.

—La popular chispitas —ella se puso a reír y solo volteó los ojos cuando Asher la rodeó de la cintura, pero pudo sentir cómo su piel se erizó ante ese beso en su mejilla—. Que le digan, que vayan todos los que quieran de chismosos, porque de igual manera hablaré con ella.

Catalina se separó de esos brazos y lo miró con seriedad, pero una completa confusión. Él no respondió nada de inmediato y la llevó a ordenar. Cono doble de fresa con choco menta, combinación peculiar, pero sabe bien que es el favorito de ella que solo se mordió el labio escuchándolo tan seguro ordenar por ella. Asher pagó y tomados de la mano salieron cada uno disfrutando de su cono.

Cuando la joven volteó a verlo, él puso el mismo en la punta de la nariz de la joven que se quejó y lo empujó tildándolo de asqueroso cuando Asher le pasó la lengua. La risa fue inmediata, pero continuaron andando siempre de la mano, buscando cómo bajar hacia la costa. El sol no era picante y es que tiene unas nubes grandes y pesadas, un poco grises en realidad, como luchando contra él. Hay poco viento lo que es posible limite la aventura de paravelismo que Asher quería hacer con ella, pero en ese momento al joven en realidad no le interesaba demasiado lo mismo, sino compartir con ella.

—¿Por qué dijiste que ibas a hablar con mi madre? —consultó Catalina, buscándole la mirada.

—Para hacerlo bien —la chica frunció el ceño—contigo. —la vio pasar saliva—No quiero que la idea de que los chismes de extraños te limiten cuando salgamos y paseemos juntos, además pretendo darte un beso de buenos días con un aliento de recién levantado todos los días —ella solo arrugó el rostro, pero negó con esa amplia sonrisa para él—¿Nos sentamos?




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