El verano que nos separó

14. Detalles.

Mientras ella revisaba una mesa llena de pulseras tejidas, él se acercó a otra mesa donde también había visto anillos. No eran exactamente finos o incluso muy elegantes o de gran valor porque después de todo, la pequeña feria que se mantenía de manera constante en ese gazebo al final del puerto se trataba de pequeños artesanos o bien los mismos extranjeros, o gringos, como los llamaban a todos por igual sin importar si venían realmente de Estados Unidos, queriendo vender algunas de sus creaciones.

Ninguno de los anillos le pareció realmente adecuado para Catalina o para lo que quería hacer, por lo que se movió a otra mesa donde las pequeñas cadenas sí le resultaron más bonitas. Miró una que combinaba pequeñas perlas, que suponía no eran reales, con un dije de letra. Volteó hacia donde Catalina mientras hizo el pedido especial.

—¿Encontraste algo? —preguntó ella acercándose a él, quien le negó al señor que le dio la espalda a los jóvenes.

—No, en realidad, aunque por acá miré unas que me gustaron.

Disimuladamente la movió de esa mesa hacia otra donde la joven empezó a revisar la enorme variedad de pulseras. Ella también andaba buscando algo especial, que pudiera combinar con Asher sin que fuera demasiado notorio. Sabe que los colores favoritos de él son el azul, el verde y el rojo, por lo que empezó a buscar en esos tonos, sonriendo cuando encontró una perfecta que combinaba rojo y púrpura, el color favorito de ella, y como había dos no dudó en comprarlas.

Mientras ella hacía su compra, el pedido especial de Asher también fue concluido, por lo que el joven pagó con los billetes en efectivo que llevaba, e incluso le dejó el cambio al señor por su agilidad haciendo el collar. Cuando los dos jóvenes se vieron, solo se buscaron con esas tibias sonrisas, tomándose de manos y saliendo del área donde en más de uno quedó una sensación agradable, de esa que nacía cuando se miraba el amor juvenil nacer.

Anduvieron de esa manera hacia la camioneta, pero antes de tomar sus lugares, Asher la tomó del brazo para darle la vuelta y plantarle un beso. Ha sido un día perfecto, ha sido especial y cargado de mucho más de lo que él hubiera imaginado para su primera relación. No puede asegurar que la había pensado con Catalina, y no es exactamente su primera novia, tuvo una a los trece años, pero apenas duró una semana con la misma. Es claro que con Catalina se siente diferente porque no lo había tenido, nunca de esa manera.

Le notó la sonrisa dulce cuando se separaron, así que le dejó un beso en la mejilla para abrir la puerta para ella. La ruborizada pelirroja no podía creer lo que había vivido, no era capaz de procesar a detalle todo lo que había sentido, pero su corazón y mente le indican que cuando se encuentre a solas, va a revivir cada segundo del que ha sido sin duda el mejor de sus días.

En momentos así es cuando desearía tener su propia habitación, pero siempre confiando en su madre, decidieron hacer una sola amplia y con su baño privado para las dos. Cuando salieron del pueblo, bañado hermosamente en una luz dorada, ella solo suspiró. San Juan del Sur de pronto se ha vuelto el lugar favorito de los dos, que cuando se voltearon a ver solo se pusieron a reír.

—¿Estás feliz? —consultó él, tomando la mano que ella llevaba en su muslo.

—Sí, lo estoy, en realidad. Ha sido un día especial y muy lindo.

—Estoy de acuerdo —Asher llevó esa mano a su boca, un gesto que los dos solo han visto en las películas, y por lo mismo se rieron con nerviosismo.

Como le había prometido y porque ciertamente quiere complacerla, buscaron el camino hacia el Cristo. Esperaba que estuviera abierto para el público, porque en ese lugar hará la propuesta que si quiere y la quiere con ella, quien se encargó de pagar, por andar dinero en la moneda local, la entrada para los dos.

No era tan fácil llegar al monumento, se dejaba el vehículo en un lugar y luego había que subir muchísimos escalones, pero había una sensación y vistas preciosas desde los mismos. En un espacio cuando se vieron solos en las escaleras, ella lo tomó de la camiseta y se elevó en puntillas para besarlo. Apenas un poco más arriba, Asher no dudó en pegarla a su pecho abriéndose de nuevo espacio en su boca y a unos cuantos escalones de nuevo se buscaron con esa nueva y única necesidad.

La sonrisa en Catalina se amplió estando en la cima, era de sus lugares favoritos en todo el lugar y no es que vaya demasiado seguido, a su madre le duelen las rodillas de solo pensar en subir esa cantidad de escalones, pero para ella era tan especial la manera que se miraba el mundo. Los dos le dieron una vuelta al Cristo y realmente se encontraron con muy pocas personas.

—Quédate ahí, déjame tomarte una foto.

—No, anda desastrosa.

—¿Cómo se te ocurre? Vamos, te ves preciosa, Catalina, mira hacia la derecha.

La joven así lo hizo, siendo la modelo para el lente del celular de Asher, que la captó con ese atardecer que empezaba a bañar de colores preciosos el cielo. El mismo le elevó el mentón como si estuviera mirando al Cristo y con los lentes que sabía manejar de su celular consiguió fotografías casi de carácter profesional.

Sin dudarlo se acercó a ella, a quien invitó a acomodarse a su lado para tomarse una selfie, ampliando la sonrisa cuando en la segunda ella le dio un beso en la mejilla y en la otra salieron dándose un piquito adorable, pero luego la carcajada natural de Catalina con Asher comiéndole la mejilla fue también captada por ese lente.




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