El verano que nos separó

17. Propuestas.

La joven vio bajar a Asher con una mochila y una toalla al hombro. Ella aún llevaba puesto su delantal, pero aunque quisiera irse con ese Asher de mandíbula tensa y expresión seria, no quería dejar a su madre con más trabajo del habitual, y mucho menos con la posibilidad de un regaño por su actitud. Su madre no solo rechazó la invitación de Julianne, también enfrentó la absurda acusación de Neva.

Cuando se acercó a Asher, ambos solo suspiraron. Sabían que las cosas no siempre serían fáciles en la casa de los Slate, pero esa mañana la tensión había surgido de algo completamente ajeno a ellos. Y esa era la parte que molestaba a Asher, porque hubiera deseado que el desayuno transcurriera con normalidad, pero claramente no estaban todos en la misma sintonía.

—Voy a revisar que todo esté bien con la moto, te espero ahí —le señaló a ella, a lo que asintió.

—Voy a pedirle permiso a mamá.

—Está bien.

Se despidió de ella con un beso en la mejilla y cuando salió de la casa apenas miró a su padre ingresar. Catalina notó cómo el señor Warner, quien aún cargaba la taza de café del desayuno incómodo y silencioso que tuvo con los suyos, fue tras su hijo, por lo que la joven buscó el segundo piso donde su madre hacía la limpieza de las habitaciones.

Bajó la mirada cuando se encontró con Roscoe en el pasillo. El joven parecía esperar a sus hermanos menores, con quienes visitaría el pueblo, pero continuó con sus pasos, solo deteniéndose cuando esa mano fuerte tomó la suya.

—¿Estás bien?

—Sí, busco a mi madre —respondió a Roscoe.

—La vi bajar con unas canastas de ropa sucia.

—Oh, está bien, gracias.

Buscó de nuevo las escaleras, pero el joven no la dejó irse de inmediato.

—Lamento lo que dijo Neva —Catalina frunció el ceño—. Sé que no lo dijo con mala intención. Los aretes se los obsequié en nuestro primer mes de aniversario y les tiene mucho aprecio —Catalina asintió—. Los ha estado buscando desde hace unos días, pero estoy seguro de que no los trajo. Ella puede ser un poco… —sonrió con debilidad— intensa a veces, sobre todo con sus cosas personales y…

—¿Y eso le da derecho a insinuar que alguien más los ha tomado? Los dos sabemos que si lo hizo, fue con toda la intención del mundo, Roscoe. No solo lo señaló en la mesa donde los dueños de esta casa, los jefes de mi madre, estaban presentes —Catalina se defendió con seguridad—. También dejó claro que, como no los encuentra, la única sospechosa soy yo por limpiar las habitaciones, pero quizás deberías recordarle a tu novia que apenas ingreso a la de ambos porque siempre están en paños menores o saliendo de la ducha que comparten juntos.

Se dio finalmente la vuelta, pero solo trabó la mandíbula a esa nueva retención. Posó su mirada en la mano fuerte que pasó de su muñeca a su mano, para luego buscarle la mirada grisácea a ese Roscoe que suspiró de manera pesada.

—Tienes razón, y por eso te vuelvo a pedir disculpas. Hablaré con Neva, pero ahora mismo su humor es como tambaleante y, digamos, que no estamos en el mejor momento de nuestra relación para poder…

—Roscoe —lo cortó con suavidad—. No estoy pidiéndote explicaciones, no las quiero. Tu relación con ella me es completamente indiferente —él frunció con profundidad el ceño—. Solo subí para buscar a mi madre, porque voy a salir.

—¿Con Asher?

—Sí, con él. Que tengas un buen día con tus hermanos.

Zafó su mano de ese agarre que de pronto fue más fuerte de lo que imaginaba y buscó el primer piso, encontrándose con Asher hablando con sus padres al lado de la moto que él estaba cargando. Lo miraba cabizbajo, con mandíbula y puño apretado, por lo que solo negó saliendo hacia la parte trasera donde el área de lavado estaba; Concepción, al verla, no dudó en acercarse a su hija.

—¿Qué sucede?

—Asher me ha invitado a salir —Concepción suspiró, pero al final solo le acarició el rostro a su hija—. Creo que mañana no vendré, me quedaré en casa lavando ropa y arreglándola bien. Hay como una presión incómoda en este lugar y no me gusta —señaló, viendo sobre su hombro hacia atrás—. Mamá, ¿por qué no quieres que me acerque a Roscoe? ¿Has notado algo raro con él?

Concepción frunció apenas el ceño, pero negó.

—No, hija, no he notado nada raro con él. Pero creo que ese joven ya está en otra etapa de su vida y, además, que no me gusta la manera en la que su pareja te está tratando. El grito de la mañana, la acusación en el desayuno, y sé que en otros momentos ha hecho o dicho cosas incómodas —Catalina asintió—. Te voy a defender por sobre todas las cosas, incluyendo este puesto de trabajo, y si esa chica se está pasando de los límites, me veré en la obligación de enseñarle que Catalina López no está sola.

—Mamá…

—Es la verdad, mi amor. Si ella tiene conflictos con su novio o siente inseguridad, es algo que debe atender y resolver con él. No hay razón alguna para desquitarse contigo, a quien apenas conoce —la chica frunció el ceño—. Si el problema son los celos, que hable con Roscoe para que le deje clara la situación, pero que deje de meterse con mi hija. Pronto le enseñaré con cuántas papas se hace un guiso.

La sonrisa de Catalina fue amplia, pero sin dudarlo se abrazó a su madre, quien le dio unos besos en la coronilla.




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